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Opinion

Daniel Ortega: La copia despótica de Lukashenko en Centroamérica

Freddy Mauricio Montero M.

El abominable despotismo del régimen de Nicaragua, de transformar la protesta social en un acto de terrorismo, no es un invento perverso de Daniel Ortega, sino que es una copia de lo que sus aliados se encuentran ejecutando también contra sus pueblos.
En particular, llama la atención lo parecidos que resultan los regímenes de Bielorrusia y Nicaragua; Bielorrusia lleva ya más de veinte años siendo gobernada por una durísima dictadura izquierdista, la cual cada cinco años realiza la pantomima de elecciones democráticas, con el fin de disfrazar el galopante y obvio fraude electoral que ejecuta cada quinquenio. El dictador de Bielorrusia Aleksandr Lukashenko ha demostrado durante todos sus años de gobierno un odio profundo por los valores democráticos, ha transformado a los disidentes y a la prensa que le critica en terroristas, y les persigue como tales con todas las fuerzas del aparato represivo del Estado.
Recientemente, Lukashenko tuvo la osadía de obligar a aterrizar a un avión comercial que surcaba el aire de Bielorrusia, a punta de mentiras hizo que los pilotos aterrizaran en Minsk con el fin de bajar de la aeronave al joven periodista Roman Protosevich y encarcelarlo, quien se encontraba exiliado en Lituania, y es acusado por Lukashenko de terrorista por el hecho de dar a conocer al mundo las atrocidades del régimen del dictador, declarado terrorista por incitar supuestamente al “odio social”. Este acto despótico de Lukashenko demuestra su irrespeto completo por el derecho internacional, y nos muestra un ejemplo de lo que su régimen es capaz de hacer sumido en las profundidades de su despotismo.
Daniel Ortega, al igual que Lukashenko, ha perseguido a su pueblo y a la prensa, y ha transformado a la crítica en terrorismo, con el fin de desaparecerlos de la faz de la tierra; a los disidentes no solo los persigue en su propio país, sino que los busca en el exterior, y les elimina todos sus derechos civiles y humanos con tal de borrarlos del planeta. La dictadura de Ortega iguala a los disidentes con insectos (cucarachas para ser exactos), los deshumaniza, y promueve su eliminación intelectual y física. El régimen de Ortega se ha demostrado al mundo como un gobierno genocida, que asesina a su propio pueblo, a la juventud universitaria, con tal de mantenerse en el poder. El régimen de Ortega, al igual que el de Lukashenko, cada cinco años juega perversamente a la democracia, aunque odia profundamente los valores democráticos y ejecuta el fraude electoral una y otra vez.
Lukashenko y Ortega han transformado sus Estados en botines de la corrupción galopante, movilizando millones de dólares para uso particular, a costa de la destrucción del Estado de derecho, de la paz social y de las instituciones republicanas.
Siendo Lukashenko el parangón que sigue Ortega para gobernar, está claro para nosotros, los costarricenses, que del régimen de Ortega no hay nada bueno que esperar, y que su megalomanía es capaz de llevarlo a realizar los actos más despóticos posibles que jamás nosotros nos podríamos imaginar.
Debido a lo anterior, considero un grave error del gobierno del presidente Carlos Alvarado haber enviado una embajadora de Costa Rica a ese país, y considero también un gravísimo error que el gobierno costarricense esté promoviendo reuniones bilaterales de ministros entre ambos países, como sucedió recientemente con los ministros de turismo que se reunieron en la frontera de ambos países, y hasta tuvieron chance de tomarse fotos juntos para la prensa.
El gobierno actual del PAC, en virtud de las protestas ciudadanas del 2018 en Nicaragua, inició en su momento un proceso de crítica internacional en contra del régimen de Ortega, para posteriormente diluirse y prácticamente desaparecer, volviéndose ahora permisivo y ciego, facilitando incluso que los ministros de ambos países se reúnan entre sí, como si fueran de igual a igual, cuando no lo son.
Dejemos en claro lo siguiente, el régimen de Ortega es una dictadura despótica, montada en el poder de forma fraudulenta, y actualmente fragua su próximo fraude electoral, es un gobierno genocida, y ninguna persona que represente a ese gobierno puede sentarse de igual a igual con un representante costarricense, dado que todo acuerdo que se logre estará manchado de sangre y corrupción.
Costa Rica, siendo un país democrático y respetuoso del orden civil, debe seguir denunciando a nivel internacional las atrocidades del régimen de Ortega, presionando incansablemente a los organismos internacionales para que actúen, y no debe dar ninguna señal de claudicar en esta labor, y menos de normalizar las relaciones bilaterales con esta dictadura, la cual al igual que Lukashenko ya ha demostrado en miles de ocasiones que es capaz de hacer cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder subyugando a su pueblo.

*Antropólogo Social, politólogo, ex Viceministro de Gobernación y Policía

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Lunes 31 Mayo, 2021

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