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Opinion

La nueva estrofa

Juan Luis Mendoza

Me refiero a la añadida al Cántico del hermano sol a propósito de la querella surgida en Asís entre el obispo Guido y el podestá, messer Opórtolo, que había adquirido en la ciudad proporciones escandalosas y que, al Hermano Crucificado, enfermo en San Damián, le causa gran sufrimiento.
Y lo que más le duele es que nadie haga nada para que se restablezcan la concordia y la paz. Se queja: “Gran vergüenza para nosotros, siervos de Dios, que el obispo y el podestá se odien de esa manera, y que ninguno se preocupe de ayudarlos a hacer las paces”. Se decide a hacerlo él desde su lecho de dolor, y nada mejor que añadir la siguiente estrofa:
“Loado seas, mi Señor, por los que perdonan por tu amor/ y soportan enfermedad y tribulación. / Bienaventurados los que sufren en paz / pues por Ti, Altísimo, serán coronados”.
Llegado a su presencia fray Pacífico, el rey de los versos y músico, le dice: “Vete de mi parte al podestá e invítalo junto a los notables a oír mi Cántico en la plaza del obispo con la nueva estrofa”. “A la hora conveniente, cuenta el Padre Larrañaga, la plaza estaba repleta de ciudadanos. Subieron a un estrado fray Pacífico con su coro de hermanos músicos, y alzando la voz dice: “Ciudadanos de Asís, vais a escuchar el Cántico del hermano sol que el Hermano Francisco acaba de componer en su lecho de enfermo, para gloria de Dios y armonía entre los hombres. Él mismo os ruega de rodillas que lo escuchéis atentamente”. Y añade: “Fray Pacífico cantaba él solo las estrofas y el coro las repetía al unísono. El podestá se puso de pie y con las manos juntas y lágrimas en los ojos escuchaba atentamente y con mucha devoción. Los asistentes le imitaron poniéndose de pie igual que se hace al oír el Evangelios de la misa”.
Querellantes y la multitud entera se sienten conmocionados, especialmente con la última estrofa, la añadida. Por su parte el podestá se arrodilla ante el obispo diciendo: “Aun cuando alguien hubiese asesinado a mi propio hijo, no hay hombre en el mundo a quien yo no perdonara en este momento por amor de Dios y de su siervo Francisco. Con mayor razón estoy dispuesto a daros satisfacción, señor obispo, en la forma que indiquéis”. El obispo Guido, tomándolo del brazo, levantó al podestá y, abrazándole efusivamente, le dijo: “También yo pido perdón. Por mi oficio, debería ser humilde. Sin embargo, soy de natural irascible y obstinado. Perdóname, te ruego, por amor de Dios y de su siervo Francisco”.
El Padre Larrañaga concluye: “Aquel día todo el pueblo ensalzó al Pobre de Asís que por su embajada de paz puso armonía en la ciudad”. Y nosotros también tratándolo de imitar.

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Sábado 29 Mayo, 2021

HORA: 12:00 AM

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