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Opinion

Cualquiera puede ser presidente

Gilberto Campos Cruz*

No, no es cierto. No cualquiera puede ser presidente, pero cualquiera puede creer que puede serlo, ahí radica precisamente uno de los pilares de nuestra democracia, el derecho fundamental a ser electo, algo que nos hace iguali-ticos ante la ley, algo de lo que nos vanagloriamos en el mundo; por supuesto esto tiene su contraparte, el derecho que radica en el otro, elegir-nos, elegir-te, elegir-los, elegir-las, o como a usted ideológica y retóricamente le funcione mejor.

Quizá mediante una comparación rápida esto quede más claro, en la Costa Rica hacia atrás del siglo XXI, los líderes políticos tenían un perfil particular, con auras de caudillos, personas de abolengo, altamente preparadas, de retórica impecable, con habilidad para debatir y enseñar, una imagen que se acompañaba de un significado elitista y que hacía de la política un espacio excluyente y exclusivo para aquellos que tenían cualidades para estar ahí.

La población reconocía este simbolismo, sin importar la época la decisión de elegir un presidente en parte se relacionaba con el carisma y la sospecha del elector de la capacidad del candidato para jinetear la cosa pública. Pocos creían que podían ser presidente debido también a varios fenómenos: Lista de espera, autorreconocimiento de incapacidad, criterios de oportunidad, un sistema de partidos reducido y un sistema amarrado para que la oferta fuera poca.

Con la caída del bipartidismo y el florecimiento del multipartidismo, las agendas sectorizadas y la crisis de representación política del país, los ciudadanos políticamente activos, fuera de los partidos políticos principalmente, llegaron a una conclusión: se necesita un presidente que le interese mi interés particular. ¿Cuál es ese interés? El que me importa a mí y a mi agenda por supuesto: salvar a los tiburones, promover la pesca de arrastre, defender la familia tradicional, defender el aborto libre, transformar al Estado en laico, defender la confesionalidad del Estado, por señalar algunos contrastantes y contradictorios entre sí, de la paleta de colores que esto podría ser. Abandonando la visión del Estado como un todo y asumiendo que mientras el presidente se enfoque en una parte, en mi parte, el país avanza.

Los grandes problemas públicos de repente no interesaron más que los pequeños problemas sectoriales y las grandes ideas de liderazgo no importaron más que las visiones de liderazgo sectorial, generando en la cabeza de muchos líderes políticos de todos los colores la orgullosa idea de “yo podría ser presidente”, enraizada en nuestro “sacro” y “santo” derecho a ser electos.

Los dos últimos periodos han fortalecido como nunca esta idea democrática, sin preparación profunda en la cosa pública, sin capacidad de liderazgo evidente, sin atestados académicos relacionados con la dirección del Estado, valiéndose de la matráfula para captar el voto popular, y con grandes dotes en el manejo de las campañas electorales, las últimas figuras presidenciales del país han demostrado que, en efecto, en nuestro país pareciera es cierto, cualquiera puede ser presidente.

En esta ocasión empiezan a aflorar los candidatos y candidatas que lo creen, por un lado quienes con una efímera carrera política caída del cielo o venida de otro lado o por accidente, creen que el paso siguiente en sus vidas es ser cabeza del Poder Ejecutivo, es un paso natural para algunas y algunos, otros que valiéndose de la crisis de liderazgo y representatividad saltan al ruedo con amnesia selectiva incluida,  otros convencidos por vigésima vez que ellos son la solución, pensando en su examen introspectivo “si eligieron a este ¿por qué a mí no?”, otros creerán que esto es solo cuestión de dinero y, como a ellos les sobra, eso los califica para ser presidentes.

A todo esto, el elector común, al que no le interesa ni por asomo ser presidente, se sienta cómodamente a deslizar sus dedos en su celular, haciendo en muchos casos “de tin marín de do pingüé” para decidir el futuro del país, el de sus hijos, el de su trabajo, el de sus bienes, el de sus ingresos, su vejez y de la de sus seres queridos, con base en una simple percepción.

Hoy más que nunca la voluntad electoral debe estar atenta a la discriminación, debe centrarse en el voto racional, debe poner en duda los destellos de la campaña y los brillos de la imagen de los candidatos, como se pone en duda la información que aparece en internet para detectar las “fake news”, ahora más que nunca es cuando se debe pensar que quien quiera ser presidente debe cumplir con las cualidades que exige la crisis por la que atravesamos y la capacidad de acción para salir de ella, no, no cualquiera puede ser presidente, pero es tiempo de hacer con nuestros votos algo que sirva para salir de la crisis económica en la que estamos.

 

*Politólogo y comunicador político

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Jueves 27 Mayo, 2021

HORA: 12:00 AM

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