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Opinion

A la guerra no se va sin armas

Editorial

“A algunos no les gustará escuchar lo mal que estamos, pero no podemos pretender que aquí no ha pasado nada. El año anterior los alumnos de secundaria se salvaron porque quitaron el bachillerato”.

 

Los estudiantes de Costa Rica representan la fuerza de trabajo del futuro, sobre sus hombros descansan las esperanzas y sueños de todas las generaciones que los preceden, pues representan al país mejor que cualquier soldado, esto porque se decidió invertir en educación en lugar de hacerlo en temas bélicos. 

Sin embargo, debido a la gran responsabilidad que afrontarán, les corresponde demostrar qué tan bien estamos en temas educativos, de modo que resulta bastante ilógico que la enseñanza que se les está dando cada vez vaya a menos, lo cual quiere decir que los estamos mandando a la guerra sin armas. 

Nadie puede tapar el sol con un dedo, estos últimos años no han sido los mejores en educación costarricense, primero los estudiantes tuvieron que sobrellevar dos huelgas, un año de pandemia en la virtualidad, y para 2021 todo mundo pensó que la cosa iba a mejorar, pero ahorita estamos con el curso lectivo suspendido. En lugar de ir para adelante, parece que hacemos las del cangrejo. 

A algunos no les gustará escuchar lo mal que estamos, pero no podemos pretender que aquí no ha pasado nada. El año anterior los alumnos de secundaria se salvaron porque quitaron el bachillerato, si no fijo hubiera sido un coladero y más de uno se hubiera quedado botado.

Para este año estaban las benditas pruebas FARO, sobre las cuales desde 2020 y todo lo que llevamos de 2021 los estudiantes y los padres de familia hicieron ver que aplicarlas era una equivocación y finalmente, ante la presión de diversos sectores y factores, a regañadientes el Ministerio de Educación Pública (MEP) les dio algo de razón.

Desgraciadamente estas generaciones no están listas para esos desafíos, el Ministerio no debería andar experimentando con “novedades” en momentos cuando los niños, niñas y adolescentes arrancan de cero con la educación.

No es conveniente tirarlos al agua a ver si sobreviven, no están preparados y la responsabilidad no es de ellos. Tampoco se puede culpar a los formadores, pues muchos de ellos simplemente defendieron sus derechos en las calles en su momento y hasta hace poco permanecían en las escuelas expuestos a una enfermedad que ataca sin compasión.

Desde el año pasado, varios sectores se han mostrado en desacuerdo por la falta de preparación que tienen los estudiantes, la incertidumbre sobre los contenidos a evaluar y las fechas en que se quiso imponer estas pruebas, de hecho, la última convocatoria en las calles mostró ese descontento en la población que estaba en el limbo, esperando lo que podía pasar en estas semanas, cuando las autoridades condicionan todo a la pandemia.

Por fin las autoridades decidieron no aplicar estas pruebas a los niños de sexto año de primaria, ni de undécimo y duodécimo de secundaria. 

Estos niños y jóvenes harán una prueba escrita de aprendizajes esperados por cada docente en el marco de evaluación de lo estudiado con el fin de saber a ciencia cierta qué tanto lograron aprender. 

A los que a fuerza sí se los aplicarán es a los niños de quinto grado, los jóvenes de décimo de colegios académicos y los undécimos de los colegios técnicos. Sinceramente, y por todo lo que han pasado en todos estos meses, no sabemos a ciencia cierta si los resultados que se obtengan sean los esperados.

Para nadie es un secreto que muchos el año anterior, como quien dice, muchos alumnos pasaron sancochados porque no aprendieron a leer, no tuvieron la guía de una maestra que les enseñara, algunos medio entregaron las prácticas que mandaron desde los centros educativos. 

Y en otros casos sus padres intentaron enseñarles, quizá con la mala fortuna de que no entendían muy bien, entonces fue peor el remedio que la enfermedad. 

El desorden que imperaba en el MEP durante el proceso para llevar a cabo la aplicación de estos cuestionados exámenes era suficiente para cancelar todo, y a eso se suma la situación actual del país, tanto económica como sanitaria, de la que muchos educadores y sus familias son o han sido víctimas.

Esperemos que el año entrante no salgan con que se debe pagar más por las pruebas FARO que no se están haciendo este año, porque como en este país todo mundo inventa con tal de gastar como si la plata saliera de sus bolsillos y no de los de todos los costarricenses, casi siempre los inventos de las autoridades nos salen muy caros a los de a pie.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

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Miércoles 26 Mayo, 2021

HORA: 12:00 AM

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