Poder Judicial debió prevenir escándalo
Editorial
El Poder Judicial históricamente se ha visto como una institución sólida y usualmente es de las mejor calificadas en el sector público, sin embargo, no se escapa de los escándalos que carcomen en ocasiones su credibilidad y en ciertos momentos se le caen todas las medallas.
La semana anterior DIARIO EXTRA dio a conocer en exclusiva que un agente de la oficina del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de Pococí podría tener vínculos con “Diablo”, un hombre al que se le atribuyen en esa zona múltiples homicidios, trasiego de droga, asaltos violentos y hasta lavado de dinero, a quien por cierto las autoridades no logran detener.
El investigador con 12 años dentro de la institución pidió un permiso sin goce salarial por seis meses, pero nadie se esperaba es que estuviera burlándose de esta forma de sus compañeros y jefes, quienes han dado sudor y hasta sangre para cazar al despreciable líder narco.
La burla sale a la luz cuando el entonces funcionario, pero fuera de servicio, llegó a los Tribunales de Pococí a la audiencia de medidas cautelares contra la banda que mató a dos personas en un asalto a un camión remesero días antes.
Su presencia se debía a que tenía a cargo la correpresentación de la mayoría de los señalados por el mortal atraco, quienes obedecerían órdenes del mencionado capo.
Luego de tener el descaro de llegar como abogado, sacando pecho por la banda, y de mirar a los ojos a sus compañeros, asumió el caso sin importar todo el trabajo que las personas con las que compartía oficina hicieron para capturar a los mafiosos en cuestión.
Lo peor del caso es que el Poder Judicial capacitó hace algunos años a este sujeto en análisis de escenas del crimen y otros cursos que ahora utiliza como parte de su bagaje para defender cacos que matan sin importar quién esté al frente.
De hecho, una de sus funciones era estar presente en escenas donde Diablo había dejado estela de muerte, por lo que maneja todos los detalles al dedillo y ello puede ser una de sus armas para laborar defiendo a esta mafia que ahoga a balazos y sangre tanto Pococí como sus alrededores.
Al verse cuestionado por este medio, al policía no le quedó más que renunciar dos días después de que el caso salió a la luz en las páginas de El Periódico de más Venta en Costa la semana pasada.
Con esa acción, se adelantó a cualquier proceso administrativo que sus superiores apenas abrirían.
¿Por qué esperarse a que un medio de comunicación dé a conocer esto para actuar? ¿Realmente desconocían el caso o no lo habían tomado con la seriedad que ameritaba? ¿Pudieron actuar o no desde que lo vieron como abogado en la Corte tres días antes?
En vista de que había pedido un permiso especial, en ese momento evidentemente no pudieron suspenderlo del cargo, sin embargo, antes de todo esto hubo elementos suficientes para sacarlo de este importante cuerpo policial y evitar que delincuentes compraran sus servicios, sin importar que aún tuviera ligamen con el Poder Judicial.
Lo peor del caso es que este exagente ya tenía una lista de antecedentes por los cuales no había sufrido sanción alguna, empezando porque el año pasado, con su arma de reglamento y según lugareños bajo efectos del licor, empezó a disparar al aire al estilo vaquero, sin importar la integridad de quienes vivían en las cercanías.
El Poder Judicial le quitó la pistola, pero no lo despidió ni suspendió, alegando que padecía de una enfermedad, usando el alcoholismo como escudo para blindar al expolicía y ahora abogado defensor de asesinos, para que no se hiciera una bulla que opacara las labores de la institución.
¿Acaso ahora cualquier agente puede hacer lo que le dé la gana en la calle mientras ande ebrio y no recibirá más castigo que no portar su arma? Al menos ese es el mensaje que dejan las autoridades tras este hecho.
En Turrialba, hace ya casi dos décadas, un judicial que estaba en un bar en su tiempo libre tuvo que detener a balazos a un hampón que robó un vehículo, cumpliendo así su deber como oficial, sin embargo, el ladrón murió y por eso hoy cumple una condena en prisión.
Es entonces como se evidencia que no a todos se les mide con la misma vara y se deja en tela de duda sobre si este cuestionado agente tenía de su lado y dentro de la institución alguna persona que buscaba la forma de tapar todas sus tortas.
Los casos son distintos, pero, para ponerlos sobre la balanza, el agente que disparó a un hampón para detenerlo está tras las rejas, mientras el que estando borracho hizo una balacera por placer desde su casa se fue de la institución dejando mil dudas, para integrarse a la defensa de organizaciones criminales. ¿O será que la aplicación de las leyes ha cambiado tanto en ese lapso?
Si se hubiera tomado en serio desde el inicio el accionar de este exjudicial, quizá la crítica sería distinta, pues estuvieron a tiempo de prevenir el escándalo, pero dejaron pasar hechos graves y hoy pagan caro por eso.
PERIODISTA: Redacción Diario Extra
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Lunes 24 Mayo, 2021
HORA: 12:00 AM