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Opinion

La vacuna que nos negamos

Opinión

Vemos en el video cómo a don Elías no le inyectan el líquido de la vacuna y, de pronto, toda Costa Rica entra en shock. Nos asalta el miedo, la angustia: “¿y si eso está pasando en todo el país?, ¿y si a mi mamá o a mi abuelita no se la pusieron?, ¿y las están vendiendo en un mercado negro?”, nos preguntamos una y otra vez.

En una crisis tan grave como la que vivimos, no hay peor bofetada que la corrupción de quienes se aprovechan de los demás para llevar agua a sus propios molinos. La vacuna, que representa la esperanza de vivir o morir, era arrebatada frente a nuestros propios ojos en esos segundos eternos, cuando don Elías simbolizó la patria violentada.

No exagero. En momentos en que miles esperamos que nos pinchen por fin el brazo antes de que el aciago virus nos pinche el alma, llega un señor con una puntada de otras dimensiones: la que nos recuerda la maldad del mundo, el egoísmo y la mezquindad. Fue como si escupieran en nuestra inocencia, como si la misma pandemia se desgranara en vertientes más oscuras todavía.

Si no fuera por el video, el hecho pasa inadvertido y la vida de todos continúa. Así acontece en muchas esferas de la cotidianidad pública y privada, donde no necesariamente hay cámaras que delaten verdades tan sentidas.

Pequeños y grandes hechos como este han ocurrido en Costa Rica siempre, sin que quedaran documentados. La corrupción existe en todos los niveles y es la que en mayor medida nos tiene como nos tiene, en un estado donde todos somos responsables, donde todos somos el ATAP que no inyecta el líquido o el espectador que no graba el video.

Y porque algunos omitieron poner la vacuna de nuestra nación, tenemos altos índices de pobreza y desempleo, déficit fiscal astronómico y uno de los niveles de inequidad social más altos del continente. Hemos sido complacientes, pasivos y tolerantes con la corrupción que ahora nos encuentra devastados y postrados.

Lo que ocurrió en Tres Ríos es una fotografía, o más bien un espejo de lo que somos como comunidad. Nos vimos allí reflejados y tuvimos miedo de nosotros mismos, de lo que somos capaces de hacernos un día sí y otro también. El shock entonces fue nuestro monstruo interno, que enseñó su rostro para burlarse de la esperanza colectiva.

Ojalá esta pandemia nos enseñe cosas importantes o que al menos aprendamos que la vacuna de don Elías es, al fin de cuentas, desde un horizonte ético, la vacuna que nos salva a todos.

 

*Comunicador social

 

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

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Miércoles 05 Mayo, 2021

HORA: 12:00 AM

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