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Opinion

Con fray León y sor Clara

Juan Luis Mendoza

Dejamos al Hermano Francisco enfermo con fray León y la hermana Clara, después de una noche de muchísimo dolor en la que le ha sido muy difícil no quejarse. De ahí su reacción: “Tienes razón, hermana Clara. ¿De qué quejarse? ¿Cómo pude olvidarme de mi Señor Pobre y Crucificado? Hermano León, si alguna lamentación salió esta noche de mi boca y la has anotado, bórrala inmediatamente. No he sido verdadero caballero de mi Señor. Loado seas, mi Dios, por el hermano dolor, compañero inseparable de mi Señor Crucificado. Bendito seas, mi Dios, por esa criatura de quien todo viviente huye. El hermano dolor nos purifica, nos desata de las ataduras terrestres y nos arroja en los brazos de Dios. Hermano León escribe: Bienaventurado el hombre a quien el dolor sorprendió armado con la fe y el amor. Será purificado como el oro y se convertirá en un surtidor de mérito y de vida. Desdichado del hombre que a la hora del dolor se encuentra desarmado y sin fe. Sin duda será aniquilado. ¡Oh mi Señor Jesucristo, valiente compañero del dolor, tiéndeme una mano y haz de mi lo que quieras!” El Padre Larrañaga concluye: “Diciendo esto, se relajó y durmió. Clara y León salieron fuera”.

No me resisto al deseo de transcribir el diálogo que se tienen fray León y Clara. “¿Qué te parece, hermano León”, preguntó Clara, “tendremos por mucho tiempo entre nosotros al Padre Francisco?”. “Hermana Clara, yo creía que en la crucifixión terminaban los dolores. Misteriosamente el Altísimo sigue oprimiendo con su mano a nuestro Hermano. ¿Qué podemos hacer nosotros? ¿Qué se consigue con resistir o con hacer preguntas que no recibirán respuestas? El Hermano Francisco me enseñó siempre que debemos cerrar la boca, abrir el corazón e inclinar la cabeza ante los misterios de Dios. Por lo demás, ¿qué sabemos nosotros?”.

“Hermano León”, dijo Clara, “ahora que estamos solos, cuéntame cómo fue la crucifixión de Francisco. ¿Vino Cristo en forma de relámpago? ¿Quizá de centella? ¿Se le quemó la carne? ¿O se la hendieron? Cuéntame”.

“Hermana Clara, si ese firmamento de arriba está, según dicen, repleto de misterios, con más motivo te diré que la noche de la estigmatización quedará eternamente clausurada a la curiosidad humana. ¿Hendiduras? En el costado sí, hermana Clara. En las manos y los pies, te diría que son como quemaduras profundas que recuerdan la forma y el color de los clavos que atravesaron los miembros de Jesús”.

“¿Te parece que el Padre Francisco me permitirá lavar, curar y vendar las llagas? Sería para mí el privilegio más grande de mi vida”.

“Despídete de ese privilegio, hermana Clara. Francisco es terriblemente celoso de sus secretos divinos aún respecto de personas muy queridas. Muchas veces me ha dicho: Escribe, hermano León: ¡Pobre del hombre que no tenga secretos con su Dios!”.

Aquí los dejamos, hasta otro día, Dios mediante.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

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Sábado 01 Mayo, 2021

HORA: 12:00 AM

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