El hermano dolor
Opinión
El Padre Larrañaga sintetiza así el desenlace de la vida de Francisco, sellada por el dolor, la sed insaciable de apostolado y el deseo de alcanzar la felicidad y paz del cielo: “Sufría mucho. Los trastornos gástricos, la hemorragia y la consiguiente fiebre de los estigmas y la enfermedad de los ojos habían hecho del Pobre de Dios una llaga viva. La eternidad, entre otras cosas, era descanso y fin de sus dolores”. Francisco, por su parte, piensa: “Soy un muro en ruinas. Faltan pocas horas antes de que amanezca el Día. Las cumbres eternas ya están a la vista. Voy a despedirme de la hermana Clara y de las Damas Pobres. Probablemente será el adiós final”. Con este fin y en compañía de fray León, se encamina a San Damián.
El encuentro con las hermanas le da sosiego y paz. “Pero, advierte el Padre Larrañaga, el bienestar duró poco. Por la noche todos los achaques, puestos en pie de guerra, se abatieron sobre el Pobre de Dios como una jauría hambrienta de lobos”. Francisco se le queja al hermano León: “¿Sabes lo que es el fuego? Así es el dolor: es como el fuego que entra hasta los huesos, hasta la médula del hueso, muerde, despedaza, quema, despelleja. No se puede respirar. El cuerpo se convierte en una llama viva, mejor, una pira. Con la diferencia de que devora, pero no consume. Hermano León, no puedo más. Pide al Altísimo que retire por un momento su mano”.
Por su parte, el Padre Larrañaga advierte que “posiblemente nunca en su vida fray León se sintió tan desesperado como esa noche. El Hermano Crucificado hacía contorsiones, gemía. Sus ojos eran dos llamas de sangre y pus. El hígado parecía que se le reventaba. Las llagas eran incendios. Fray León no sabía qué hacer. Se le ocurrió llamar al convento de las Damas Pobres”.
Amaneció. “¡Qué alivio! Hermano León, escribe: La alborada del día es el beso de Dios. Loado seas, mi Señor, por el amanecer: es el fin de los dolores y tiene cara de esperanza. Si no hubiera aurora, sucumbiríamos sin duda a la desesperación. La noche es terrible”.
“Sin embargo, advierte el Padre Larrañaga, los dolores de Francisco no se aliviaron. Al salir el sol, vino la hermana Clara trayendo caldo de gallina con ingredientes que, según ella, reanimarían al enfermo. El Hermano no sentía deseos de tomar nada. Por sentido de cortesía, no obstante, se incorporó, y comenzó a sorberlo lentamente. No pudo acabar. Vomitó todo entre espasmos de dolor. Fray León se fue a un rincón para llorar. Clara, con lágrimas en los ojos, acomodó al Hermano, lo acostó y lo arropó”.
Aquí dejamos a los tres enfrentados al dolor, al hermano dolor.
PERIODISTA: Redacción Diario Extra
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Sábado 24 Abril, 2021
HORA: 12:00 AM