Falta de transparencia… ¿hasta cuándo?
Editorial
“Entonces, nos dimos cuenta que de repente teníamos un Gobierno de pandemia, puesto que solo de eso parecía ocuparse la Administración. Los jerarcas, más que de costumbre, se esfumaron”.
El reciente informe de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) revela que del estancamiento pasamos al deterioro de la transparencia y la rendición de cuentas del Gobierno de la República, tanto para con los medios de comunicación como también para la sociedad civil a la cual estos informan y se demanda acciones concretas.
Dicho documento evidenció a nivel de América Latina las severas lesiones en materia de libertad de prensa y derechos humanos que sostiene la actual Administración con respecto al manejo de los principales temas de la agenda noticiosa. Irónicamente, el mandatario se hace llamar periodista y su partido dice preocuparse por algunos de esos derechos, especialmente de grupos polarizadores de la sociedad y con mayor énfasis conforme se aproximan las campañas políticas, pero quizá estamos hilando muy delgado.
Una de las constantes es el aprovechamiento de la pandemia por Covid-19 para limpiar la imagen del presidente Carlos Alvarado, que la supieron hacer en los primeros tres o cuatro meses de la pandemia, manteniendo a la sociedad costarricense en un permanente estado de alerta, pero posteriormente se les cayó el jueguito de manipular a su antojo a la población.
Es importante recordar, más porque los ticos somos cortísimos de memoria, que una semana antes de que el país reportara su primer caso de Covid-19 la máxima sede del Poder Ejecutivo estaba siendo allanada por el polémico caso de la creación de la Unidad Presidencial de Análisis de Datos (UPAD), la unidad espía para acceder a los datos más sensibles de la población nacional.
Una gran parte de los sectores sociales y empresariales salieron a cuestionar enormemente la falta de transparencia para que el mandatario de la República se dignara a rendir cuentas ante la ciudadanía sobre los hechos denunciados.
Pero el primer caso de Covid hizo que la sociedad entrara en pánico, se quedara en ese momento con la memoria atrofiada y se dejara influenciar muy fácilmente con cada información y sermón que pegaba Daniel Salas, ministro de Salud, por medio del cual los costarricenses consideraron una obligación quedarse en casa y todo lo demás, si bien siguió urgiendo y siendo importante, pasó a segundo o tercer plano.
Entonces, nos dimos cuenta que de repente teníamos un Gobierno de pandemia, puesto que solo de eso parecía ocuparse la Administración. Los jerarcas, más que de costumbre, se esfumaron, amparados por sus muchas ocupaciones y cortinas de humo de todos los colores y densidades.
Pero el teatro se fue cayendo poco a poco, cuando la población empezó a hartarse de la campaña política disfrazada de conferencias de prensa y comenzó a salir del terror inducido por los que detentan el poder, se dio cuenta de cómo le afectaban los excesos en las restricciones en el tránsito de vehículos y comercios, puesto que ni siquiera le daban razones para semejante nivel de encierro… y justo entonces surgieron las críticas por las compras irregulares de mascarillas.
Una de las actitudes más deplorables de las conferencias de prensa se reflejó en un principio, cuando los moderadores, especialmente uno en particular, atravesaban el caballo para que a los periodistas que acudían a consultar se les impidiera repreguntar, principio básico de la comunicación, lo cual dificulta el ejercicio de una libertad de prensa y una sana democracia como la costarricense.
Muchos se aprovecharon de la pandemia para escudarse y esconderse, principalmente el presidente Alvarado, que en un año solo el 2 de junio de 2020 citó a conferencia de prensa posterior al Consejo de Gobierno. Desde entonces, nadie sabe qué temas se ventilan ahí.
Otro de los inconvenientes de esta Administración, que parece de nunca acabar, consiste en sus problemas de comunicación, lo cual extraña más cuando se tiene un gobernante “periodista”, simplemente inexplicable.
La pregunta resuena entre el gremio de comunicadores: ¿tenemos ministro de Comunicación? Porque quien maneja al dedillo la pésima estrategia que hoy se aplica solo aparece para volverse blanco de críticas.
Para que las personas puedan identificarlo, el ministro de la Comunicación es el señor que sale recordando cada dos meses que se debe renovar la carta de excepciones para circular con la restricción vehicular sanitaria y también es el que sale a desmentir las alertas que se emiten por WhatsApp, aunque generalmente sale a relucir luego que todo lo que se dijo era cierto.
Con la pandemia, también se restringió el acceso a las conferencias de prensa y distintas actividades donde se podía abordar a los jerarcas, dificultando la labor de reporteo de los medios de comunicación en general, lo que hace que muchas ocasiones las notas deban salir sin la versión oficial de las instituciones públicas, pues en muchas ocasiones no contestan y eso queda evidenciado en los recuadros rojos que DIARIO EXTRA coloca en sus ediciones para visibilizar la situación. ¿Hasta cuándo seguirá todo como está?
PERIODISTA: Redacción Diario Extra
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Viernes 23 Abril, 2021
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