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Opinion

Las lecciones que no hemos aprendido del Terremoto de Limón

Opinión

El 22 de abril de 1991, minutos antes de las 4 de la tarde, un terremoto de Mw=7,6 golpea Costa Rica, con un epicentro cerca de Valle La Estrella, en el Caribe Sur. En Costa Rica se contabilizó la muerte de 49 personas y 79 en el territorio panameño.

¿Cómo enfrentó nuestro país este terremoto? Acá la Costa Rica de hace 30 años.

En mayo de 1990, nuestro país cambió de Presidente y con ello toda la estructura política de la entidad encargada de la protección civil costarricense, la Comisión Nacional de Prevención y Atención de Emergencias (CNE).

Poco después, vino la alegría del mundial de Italia 90. A inicios de 1991, el dólar tenía un costo de 115 colones y cuatro años antes la Carretera Braulio Carrillo o ruta 32 había sido inaugurada.

El Valle Central era el sitio donde se daba (hasta el día de hoy) la mayor cantidad de oportunidades para el trabajo y con ello el desplazamiento de pobladores de las zonas rurales a los centros urbanos. 

Desde finales de los años ochenta ya se hablaba de que pronto ocurriría un gran terremoto en la Península de Nicoya, que se daría en el 2012. Según algunos cuentan, muchas personas migraron de ese sitio al otro lado del país, al Caribe, previo al Terremoto de Limón. Las discusiones sobre el calentamiento global, ahora llamado Cambio Climático, comenzaban a sonar por el mundo.

Aquella tarde del lunes 22 de abril de 1991, un mega terremoto de Mw=7,6 se origina en la parte continental de Costa Rica, en el Caribe Sur y su ruptura se propagó hasta el mar Caribe, lo que ocasionó un levantamiento súbito de la costa de casi 2 metros en sitios como Moín, Limón, Cahuita, Puerto Viejo entre otros. Las personas vieron surgir a la superficie en cuestión de segundos los arrecifes coralinos y gran cantidad de peces. El mar se retiró y diez minutos después un tsunami golpearía la costa Caribe, sin embargo, por fortuna, de este levantamiento de los arrecifes coralinos, se creó una barrera natural contra el tsunami. En otros sitios, como en Panamá, el impacto fue mayor, aunque no había centros poblacionales.

Este sismo fue el de mayor magnitud registrado en todo el planeta en 1991.

 

LA ATENCIÓN DE LA EMERGENCIA

 

Los entes encargados de investigar terremotos y volcanes contaban con poca instrumentación y los estudios geológicos de la zona estaban en manos de Recope, con fines de exploración petrolera. Tiempo después se comenzó a estudiar la zona Caribe y se descubrieron cortes de carretera compuestos por estratos o capas roca de antiguos arrecifes coralinos de más de 20 metros de altura cerca de Moín. Esto es una evidencia de que en esta zona se han dado grandes terremotos y cambios del nivel del mar, que han elevado estas plataformas carbonatadas durante el tiempo geológico.

Entre la reparación de carreteras, puentes, líneas férreas, puertos, agricultura, energía, vivienda y demás, la atención de la emergencia tuvo un costo de más de 200 millones de dólares americanos en 1991, poco más del 4,2% del PIB de ese año en nuestro país. 

En la parte técnica se realizaron esfuerzos para actualizar el código sísmico y de cimentaciones y un atlas de amenazas naturales y vulnerabilidad. Ocho años después se aprobaría la Ley Nacional de Emergencias que dotaría de recursos a las instituciones que estudian los terremotos y volcanes.

 

30 AÑOS DESPUÉS… 

 

Con los descubrimientos recientes del Cambio Climático ocasionado en gran medida por el ser humano, nuestro país se ubica en el puesto 12 del Índice Mundial de Riesgo debido a su alta exposición. Si bien es cierto Costa Rica continúa avanzando a partir del Sistema Nacional de gestión de Riesgo, aún prevalece el sistema piramidal donde su base son las comunidades que están más expuestas a las amenazas naturales y donde la información prácticamente no llega.

Nuestro mapa nacional de fuentes sísmicas necesita una urgente actualización, si bien hay instrumentación para el estudio de terremotos y erupciones volcánicas, los mapas y la información científica que determine como debemos prepararnos son prácticamente inexistentes, 30 años después del Terremoto de Limón y más de 50 años de las erupciones volcánicas de gran tamaño que nos afectaron, que si hoy ocurren, el gasto económico será enorme sin contar con la parte social. 

Tuvimos la suerte de que el arrecife coralino nos protegiera de aquel tsunami, sin embargo, estamos lejos de aprender la lección, ya que hoy en día son contadas las playas con rotulación sobre peligro de tsunami. Un ejemplo es Caldera donde los vehículos estacionan viendo al mar. Un terremoto que provoque un tsunami puede ocurrir en cualquier momento y la evacuación de esta playa sería un caos. 

Costa Rica cuenta con recursos económicos y humanos para dejar de ser atencionistas de las emergencias, pero estos recursos se deben poner estos en los lugares correctos, abriendo más espacios para el conocimiento y la discusión científica. La información debe ir acompañada de un entrenamiento constante primaria y que llegue a las comunidades que están más expuestas a estos eventos sobre cómo enfrentar la próxima emergencia natural.

 

*Volcanes sin Fronteras

 

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Miércoles 21 Abril, 2021

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