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Opinion

Muchos mueren por falta de acceso

Editorial

“¿cuánta ganancia obtienen quienes cobran de más por los remedios que las personas no pueden dejar de comprar?”.

 

Como si fuese una sentencia de muerte, así toma el paciente cuando su médico le dice que padece de diabetes o azúcar en la sangre, o cuando le dice que es hipertenso. Con cara de angustia y sudando frío, pregunta: “¿y el tratamiento por cuánto tiempo lo tengo que tomar?”. Es entonces cuando una sensación de pena a cadena perpetua le embarga, al escuchar a su médico tratante responderle: “Diay, mientras tanto, ¡para toda la vida!”, o sea que no hay quite, le corresponde tomarlo desde ya y continuamente. Para siempre.

El punto en cuestión es toda la duda que genera en el paciente que recibe la noticia de su padecimiento y de su tratamiento por toda la vida. Algunos piensan en la dificultad de estar tomando pastillas. Otros se atormentan por los efectos secundarios, o sea, en si será peor el remedio que la enfermedad. Finalmente están los que se preocupan por el costo económico que implica tener que adquirir los remedios fuera del régimen de seguridad social.

En definitiva, cuando una persona o un grupo inicia una empresa lo hace con el fin de ganar dinero, ya sea para vivir cómodamente o generar más recursos, expandir el negocio o abrir otros que estén relacionados.

Se entiende que quienes fabrican las medicinas y quienes las venden deben obtener un porcentaje de ganancia, lo que no está bien es que traten de desangrar con precios elevadísimos a quienes se ven obligados a comprarlas, lo cual resulta injusto a todas luces.

Si las diferencias fueran de ¢20 o ¢100 no habría tanto problema, pero en muchos casos hablamos de miles de colones. Parece mentira, pero en especial esto sucede con los medicamentos para niños y adultos mayores, las poblaciones más vulnerables.

De hecho, los ticos están pagando unas 10 veces más que en los países desarrollados, o sea, nos vieron cara de ricos o de otra cosa para venir a sacarnos la plata de la bolsa con semejante descaro.

Porque seamos realistas, cuando usted se siente mal pocas veces se va tomar el tiempo de buscar cuál farmacia tiene el precio más cómodo, es por eso que, con proyectos de ley propuestos por diputados en la Asamblea Legislativa, se pretende abrir el mercado de los medicamentos. 

Tal vez de esta manera se podría variar los precios, pues al haber competencia a las casas farmacéuticas no les va a quedar más que dar costos más bajos pues tendrán que competir con otras.

Es inconcebible que de una farmacia a otra las diferencias resulten tan abismales. Cuando vemos esto, nos ponemos a pensar por qué unos negocios tienen precios más accesibles si se trata del mismo producto.

Entonces no queda más que llegar a una conclusión: muchos vieron cómo hacerse millonarios a costa de la salud y el sufrimiento del pueblo. Y sucede lo mismo con los doctores que tienen costos de consulta exorbitantes, cuando en realidad hacen lo mismo que aquellos que cobran menos.

Basta con comprar una caja de acetaminofén en un supermercado para darse cuenta de que en algunas farmacias tiene un sobreprecio de hasta ¢2 mil, y no porque traiga más, se trata de la misma presentación, con la misma cantidad de tabletas, al final ¿cuánta ganancia obtienen quienes cobran de más por los remedios que las personas no pueden dejar de comprar?

Es injusto que se ensañen así con el consumidor, porque quienes acuden a una farmacia lo hacen para no saturar los servicios de salud por un simple resfrío o por un dolor tratable con medicamentos, no para que al descaro se aprovechen para “garrotearlos”.

Al consumidor no le sobra el dinero, si acude a una farmacia en algunos casos es porque ciertas medicinas no las da la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y en otros porque los medicamentos que les dieron en los hospitales no sirvieron, provocaron una reacción adversa o inclusive no alcanzaron porque les dieron menos de la cuenta.

Cuando uno siente que le roban poco a poco, se va cansando hasta que posiblemente llegue el día cuando decida no volver a comprar allí y ya sabemos qué pasa cuando un negocio no tiene ventas: no genera ganancias. 

Estas empresas deben entender que, como está la situación económica del país, ya la gente no se deja llevar por nombres, mucho menos por la tradición familiar, ahora se trata de un asunto de acceder a calidad y buenos precios.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Martes 20 Abril, 2021

HORA: 12:00 AM

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