¿Por qué la agresividad de la asamblea contra las U públicas?
Pablo Chaverri
La actual conformación de la Asamblea Legislativa tiene varios antecedentes de ataques a las universidades públicas. Por ejemplo, en el 2020, en un informe lleno de serias deficiencias técnicas se “concluía” con base en las declaraciones que favorecían los puntos de vista de los diputados autores que: “el Plan Nacional de Educación Superior está desconectado de las necesidades del país” (p. 124), sin que esto haya sido demostrado, sin hacer un balance de fortalezas y debilidades y sin que mediara un análisis de datos apropiado y suficiente. Lo que este informe demostraba eran, más bien, las gruesas falencias en la educación superior de sus autores.
Pese a que las universidades públicas hacen la mayoría de la investigación científica en Costa Rica, tendrían solamente uno de nueve asientos en la junta directiva de la nueva Promotora de Innovación e Investigación, según propone el proyecto de ley 21.660.
Sin que mediara discusión de fondo, en 2018 se recortaron diez mil millones de colones al presupuesto universitario, con una moción del diputado ultraconservador Jonathan Prendas, quien al mismo tiempo declaraba públicamente su reconocimiento al informe del Estado de la Nación, realizado, paradójicamente, con la misma fuente que estaba cercenando.
Estos golpes no son casualidad. Es importante considerar que el actual parlamento 2018-2022 estuvo fuertemente influido electoralmente por la confrontación entre dos visiones de mundo con fuertes conflictos entre sí: la visión religiosa-conservadora representada por el predicador neopentecostal Fabricio Alvarado y la visión neoliberal, pro-derechos individuales, representada por el exempleado de la transnacional Procter & Gamble, Carlos Alvarado. Esta confrontación de visiones de mundo nunca se ha detenido, porque estas dos posturas siguen compitiendo en esta asamblea; pero, interesantemente, manteniendo coincidencias en algunos puntos, uno de ellos el ataque a la visión humanista, integral y autónoma de universidad pública. Para los neoconservadores, las universidades públicas son un obstáculo a su visión teocrática, patriarcal y anti-Derechos Humanos. Para los neoliberales, las universidades públicas son un obstáculo a su visión tecnocrática y capitalista salvaje.
Como lo señaló en 2013 una comisión universitaria que analizó el sistema salarial, se requiere un régimen que privilegie el reconocimiento de la producción académica frente a los años de servicio. Paradójicamente, si las universidades son sometidas al arbitrio de una autoridad del gobierno de turno que no sabe nada sobre carrera académica (pues esta no es su naturaleza), este objetivo se verá imposibilitado. Es crucial entender que esta recomendación surgió de las propias universidades, no del ejecutivo, lo cual refleja el reconocimiento de este problema dentro de las propias universidades públicas.
En mi opinión, nadie que quiera dedicarse al servicio público debe recibir salarios de lujo y estos deben tener un techo cuyos criterios deben discutirse, pero el proyecto de ley de empleo público pretende poner a las universidades bajo el dominio de una autoridad rectora del empleo público y de un sistema salarial que le impediría poder gobernarse a sí misma en sus reglas de reclutamiento, selección, contratación, carrera académica, evaluación y terminación de contratos, imposibilitando así el fortalecimiento de la excelencia académica.
Uno de los argumentos para someter a las universidades públicas al control del gobierno central es el déficit fiscal y los excesos de algunos salarios, pero esto no toma en cuenta que la amplia mayoría de los empleados públicos y de los funcionarios universitarios no ganan salarios de lujo. Enfoquémonos en limitar y poner techo a los salarios excesivos, no en lesionar a toda la clase trabajadora, algo que además va en contra de la reactivación económica.
Vivimos en una época en la que se nos quiere altamente competentes en lo técnico, pero ignorantes humanística, filosófica, política, histórica y culturalmente. Así seremos eficientes, obedientes y no cuestionaremos nada. Conozco mucha gente así, a la que le irrita el pensamiento crítico, pues les saca de su zona de confort. El pensamiento crítico independiente y maduro requiere formación de calidad, disciplina y excelencia académica, pero además, autonomía universitaria.
Somos parte de una cultura en la que la narrativa hegemónica se centra en la competición y no en la cooperación, en la técnica y no en el conocimiento, en la utilidad instrumental y no en el disfrute ecológico, en la libertad material y no en la libertad mental. La visión de ser humano dominante es la de alguien orientado al egoísmo, el dinero y la derrota del otro, no a la solidaridad, el amor ni la estética. Las universidades representan un bastión del proyecto humanista integral.
El proyecto político hegemónico nos quiere despiertos económicamente, pero dormidos intelectualmente. Quieren universidades capacitadoras de técnicos para el empleo, pero no una formación holística que contemple las diversas áreas del saber.
Como decía Carl Sagan, vivimos en un mundo basado en la ciencia y la tecnología, donde la amplia mayoría de la población no sabe casi nada de ciencia, pues son solo operadores de instrumentos, no creadores ni exploradores ni conocedores, y la educación en ciencia se visualiza como instrumental, no como orientada a su raíz, una herramienta para pensar críticamente no solo sobre lo inmediato, sino también sobre nuestros orígenes, nuestro universo, nuestra naturaleza y nuestro propósito.
Los niños pequeños exploran su mundo continuamente y poco después de adquirir el lenguaje continuamente preguntan el por qué de cada cosa, pero llegan a una sociedad donde esto no suele ser bien visto por sus adultos, a quienes esto les incomoda, porque: ¿de qué me sirve preguntarme sobre el origen de cada cosa si eso no me va a dar dinero? Esta visión cuestionadora, que perjudica tanto a la agenda neoconservadora como a la agenda neoliberal es lo que está más profundamente bajo ataque y lo que algunos diputados luchan por destruir. Nos quieren flojitos y cooperando con el statu quo, y la autonomía e integralidad universitaria son vistas como obstáculos para conseguirlo.
*Académico INEINA-CIDE-UNA