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Opinion

Sectores empobrecidos y promesas sin cumplir

Editorial

 

 

 

Llegamos a 2021, año que marca el arranque de un periodo preelectoral y en donde quienes aspiran al máximo cargo dentro del Poder Ejecutivo suelen hacer cosas que no efectúan con frecuencia con tal de pedir votos.
Entonces, vemos a los señorones encopetados comiendo en los mercados, haciéndole la masa aguada al pueblo, alzando chiquitos de la plebe, conversando con los adultos mayores, visitando comunidades de las cuales no volverán a saber, si quedan electos, durante sus cuatro años de mandato.
Lo que al final sucede es que, cuando los costarricenses confían en ellos y les dan el favor de administrar (que no significa adueñarse de) los fondos públicos, entonces, como por arte de magia, se produce un fenómeno inaudito: nadie se acuerda de aquellos hombres y mujeres humildes a quienes les prometieron algo y, a la hora de llegada, nuestros políticos sucumben al síndrome del “no me acuerdo”.
De repente, todo aquello tan hermoso que dibujaban en sus presentaciones públicas no era tan sencillo como pensaron y faltaba “voluntad política” de “ciertos sectores”. Pobrecitos, tan ingenuos, ellos solo querían ayudar. Pero bien lo dijo uno de sus mejores y más tristemente célebres representantes: “no es lo mismo verla venir que bailar con ella”.
Aunque claro, no dudemos que siempre salen de sus cargos muy contenticos y más “grandecitos” a lo ancho, a buscar nuevos aires por el mundo…
El último que pasó por el proceso para alcanzar la Presidencia de la República fue Carlos Alvarado Quesada, como candidato por el Partido Acción Ciudadana (PAC). El ahora mandatario recorrió el país de punta a punta, en busca de impulsar la “continuidad del cambio” (?) y hasta el momento percibimos siempre más de lo mismo o incluso peor que la vez pasada.
La gente de los diversos sectores que depositaron su confianza debe estar totalmente arrepentida, porque la situación del país antes estaba estancada, pero ahora comienza a oler muy mal.
Y no, aunque queramos echarle la culpa a la pandemia, la crisis social y económica que enfrenta Costa Rica viene desde hace mucho más que eso.
Carlos Alvarado se dedicó a prometer, prometer y prometer que iba a trabajar, trabajar y trabajar. Este periodo presidencial nos deja con el sabor de boca de que basta con dar bonitos discursos, jugar de preparado y atacar las flaquezas del adversario para ocupar el máximo cargo del Poder Ejecutivo costarricense. Lastimosamente, y lo hemos vivido todos, del dicho al hecho, hay mucho trecho.
Como ejemplo de ello tenemos el pacto que se firmó con los transportistas de servicios especiales: ocho puntos que les cambiarían la vida para favorecerlos y contar con una mejor calidad de vida tanto para ellos como para sus familias.
El problema no es únicamente que no se les cumplió, sino que también el sector hoy por hoy está atado de manos sin poder trabajar porque resulta que al Consejo de Transporte Público (CTP) se le ocurrió la idea de no generar nuevos permisos para el turismo de aquí a 2022, y se lavaron las manos diciendo que había sido disposición del Instituto Costarricense de Turismo (ICT).
Una institución como el CTP, que debería defender a su gremio, el que la está pasando mal, parece que está casado únicamente para intereses de unos cuantos y no para todo el sector. Como se dijo la semana pasada, tenemos un Ministerio que es de Obras Públicas, pero que queda debiendo en el apartado de Transportes.
Prueba de ello es que con la llegada de la pandemia mandaron a guardar todos los vehículos con permisos especiales y no los podían sacar ni siquiera para ir al supermercado.
Eso pasa en instantes cuando muchos incluso llegan a endeudarse para tener su machete de trabajo y que vengan decisiones absurdas a quebrar un sector, el cual está pasando hambre y desolación sin ayuda de nadie.
Acá algunas voces dirán: “Eso no le toca al presidente”, en un afán inocente por defenderlo. Pero precisamente llama la atención cómo parece que el mandatario nunca dice “esta boca es mía” y no se sabe cómo, o si acaso se comunica, con instituciones como el CTP. ¿Cómo es posible que no exista un canal de comunicación oportuno entre ambos? ¿Contradicción o chambonada? ¿Será que don Carlos tiene cosas más importantes que hacer que trabajar, trabajar y trabajar por el pueblo que decidió ponerlo al frente del barco? Aunque a veces parezca, ese cargo no se lo ganó en una rifa…
El CTP quiere quebrar al país mandando a bloquear las plataformas digitales, pero ayer nos llevamos la sorpresa de que Carlos Alvarado no está de acuerdo y más bien giró instrucciones a su ministro Rodolfo Méndez Mata, quien al final resulta ser el salvador de las ineficiencias gubernamentales, para dar la cara por el sector al cual representa. Desde afuera se ve como un circo semejante desorden, allá ellos sabrán lo que tienen.
En año preelectoral vamos a ver quiénes visitarán comunidades y a la hora de la verdad se perderán en el camino, se burlarán de los sentimientos de la gente solamente para conseguir mantenerse pegados a las ubres del poder.
Desgraciadamente, en este país pasa que quienes buscan la máxima silla presidencial no gobiernan para todo el país, sino para unos cuantos, con pelos y señales. Al final de cuentas todos criticarán cada uno de los accionares en torno a la política, pero ¿pasará algo diferente esta vez?
Cada día los ticos de a pie están más empobrecidos y no llenarán sus estómagos con promesas incumplidas. “La voz del pueblo es la voz de Dios”, aunque algunos ya se sientan endiosados.

 

 

 

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

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Miércoles 24 Marzo, 2021

HORA: 12:00 AM

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