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Opinion

Costa Rica necesita plataformas de financiamiento participativo

Melizandro Quirós

El Financiamiento Participativo Financiero es la actividad en la cual a través de una plataforma digital se pone en contacto a personas naturales o personas jurídicas, que solicitan fondos para diversos proyectos a nombre propio o de terceros, denominados receptores, con una pluralidad de personas naturales, jurídicas o entes colectivos, denominados inversionistas, que buscan obtener un retorno financiero por su dinero. El fenómeno de la economía colaborativa de financiamiento ha tenido su detonante en la prestación de servicios financieros en línea, denominado FinTech; y dentro de esta gama de servicios, una capa especial de sus operaciones es el crowdfunding; entendido como la cooperación colectiva para conseguir dinero para financiar proyectos o empresas.
La empresa que participa de este sistema anuncia su proyecto en la plataforma, estableciendo la cantidad de dinero que necesita para poder llevarlo a cabo, y establece una serie de compensaciones (pago de intereses, acciones, utilidades, entrega de unidades producidas, etc.) que recibirán quienes inviertan; y la plataforma se encarga de gestionar los recursos obtenidos. Algunas versiones de este modelo de financiamiento comprenden el levantamiento de fondos para proyectos inmobiliarios (real estate crowdfunding), el financiamiento para descuento de facturas (crowdfactoring) y crowdlending (fondeo para préstamos a empresas).
Bajo las actuales condiciones que está experimentando el país, una de las más grandes limitaciones que tenemos es la falta de fondos, lo que está afectando a una gran cantidad de empresas, quienes han visto detenerse sus negocios, mientras otras no han podido arrancar los proyectos programados. En la actualidad, no se le puede pedir al sistema financiero tradicional (bancos, cooperativas, mutuales, etc.) que asuma muchos de estos refinanciamientos, ni mucho menos comprometerlos en nuevas inversiones, debido a que por su naturaleza regulatoria le son vedados, o porque no calzan con el apetito de riesgo de estas entidades. Lo anterior no significa que los proyectos de estas empresas sean poco rentables o inviables para el país; sino que no se pueden realizar utilizando los mecanismos convencionales de financiamiento. Por esto, se hace necesario y urgente que las empresas dispongan de formas alternativas para financiarse, sea consiguiendo recursos de capital o de deuda.
Bajo la actual y severa crisis que estamos viviendo, el crowdfunding puede jugar un papel muy importante en nuestro país para generar el financiamiento que de otra forma no podrían alcanzar nuestras empresas, principalmente en aquellas actividades en donde hoy los bancos no tienen una disposición de inversión, como pueden ser los casos del desarrollo inmobiliario, turismo, pymes, etc. Esto no significa que el crowdfunding sea un mecanismo alternativo o de competencia al bancario o bursátil; al contrario, es complementario, en el tanto que por esta vía se mitigan parcialmente los riesgos de muchos proyectos empresariales; y se vuelven más rápidamente bancarizables o fondeables en la Bolsa de Valores. Vale decir que, si querer queriendo, ya operan -de alguna forma- en nuestro país negocios muy semejantes a los ya indicados.
¿Entonces, de qué depende que en nuestro país podamos aplicar un modelo de financiamiento de este tipo? Principalmente, de disponer de una regulación que proteja la operativa de los participantes y asegure el traslado de los fondos a los fines propuestos en un corto plazo. Como ha sucedido en la experiencia internacional, es a partir de reglas simples que se elijan para el crowdfunding como se puede incentivar y potencializar este mercado. Un lamentable ejemplo nacional de cómo la obsesiva regulatoria acaba siendo perversa, son los fondos de inversión de capital de riesgo, productos que están permitidos en nuestra legislación financiera desde hace más de 10 años; pero que, sin embargo, hoy, ni un solo fondo, ha podido ser implementado. Ojalá que el nuevo reglamento en esta materia lleve a que veamos- por fin- un producto de esta naturaleza.
Sin pretender ser un negocio tan estructurado y regulado como los fondos de capital de riesgo, el crowdfunding, basado en movilizar montos pequeños de inversión y más masivo en participantes, merece tener una oportunidad, como ya se la brindaron España, México, Perú y Chile. Las plataformas de financiamiento colectivo no son la solución total a todos los problemas financieros que estamos viviendo; pero, gozando de una pronta y adecuada regulación, no dudamos que vendrían a empujar varios de esos proyectos empantanados que Costa Rica necesita en su fase post Covid-19.

*Socio Director República Inmobiliaria Consulting

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Martes 23 Marzo, 2021

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