Reactivación económica: una tarea impostergable
Ana Lucía Delgado Orozco
Para los siguientes doce meses, este país tiene varios retos que atender y que deberán enfrentarse en conjunto entre las instituciones. Inseguridad ciudadana, déficit fiscal, endeudamiento público y el desempleo son solo una parte de ese listado de cosas que acaparan la atención de todos quienes ostentamos cargos públicos y sobre las cuales tenemos la enorme responsabilidad de tomar decisiones con sentido de urgencia, pero con efectos permanentes en el tiempo.
A lo largo de los últimos meses, incluso años, se ha evidenciado la necesidad de contar con un plan integral de reactivación económica. Tanto ciudadanos como empresarios y hasta diputadas y diputados de esta Asamblea Legislativa hemos hecho constantes llamados para que se fije claramente un camino que nos permita alcanzar dinamismo económico, que aumente los ingresos del Estado, que mejore la confianza de las personas consumidoras, que incentive la inversión, que permita incrementar los porcentajes de empleo y que, en definitiva, genere algo de alivio en medio de esta situación de emergencia nacional e impacte positivamente en la calidad de vida de los ciudadanos.
Según un estudio publicado a finales de 2020 por el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), la proyección de crecimiento de la economía costarricense, que se calcula como porcentaje del PIB real, es de un 2,3%. Esta cifra es menor incluso al crecimiento proyectado para Centroamérica, que ronda el 3,6%. Lo anterior significa que Costa Rica tiene el cuarto peor panorama de crecimiento en toda la región latinoamericana para 2021.
Lo más preocupante de tales cifras es que ese 2,3% de crecimiento se mantendrá invariable desde ahora y hasta el año 2025, siendo que dicho porcentaje, además, no obedece ni es parte de alguna estrategia de reactivación económica, sino básicamente a un efecto inercial en la economía. Así lo han reconocido economistas y representantes del Colegio de Ciencias Económicas, recientemente en medios de comunicación nacional. En otras palabras, el escaso crecimiento económico no responde a metas, acciones y plazos de mediano y largo plazo para dinamizar la actividad económica.
Aunado a ello, la tasa de desempleo nacional alcanza el 19,1%, lo que se traduce no solo en 468.000 personas sin empleo, sin ingresos y sin posibilidades de crecimiento personal o laboral, sino que también en hogares con limitaciones de consumo y forzados a buscar la informalidad. Las mujeres presentan una mayor tasa de desempleo que los hombres; 24,6%, lo que subraya una vez más la imperiosa necesidad de políticas públicas que eviten la discriminación, que faciliten el acceso a puestos de trabajo y que les brinde más y mejores oportunidades de bienestar.
Mientras no tengamos un plan de reactivación económica, las empresas de este país seguirán sufriendo el impacto de la pandemia e inacción. Según el INEC, el 94 % ha tenido afectación por el Covid-19, en donde las principales consecuencias han sido y sigue siendo la reducción de los ingresos, reducción de las ventas, disminución de la jornada laboral, disminución de planilla, cierre temporal y el aumento de gastos de operación.
Como país, creo que no podemos seguir apostando solo por el endeudamiento interno o el financiamiento a través de organismos internacionales. Esos son paliativos que deben necesariamente ir acompañados de medidas estructurales que nos garanticen crecimiento, pero principalmente sostenibilidad económica en el tiempo. Y eso solo lo podremos lograr en el tanto tengamos una economía fuerte, pujante, que potencie el empleo, que genere más más posibilidades de inversión social.
*Diputada Fracción PLN