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Opinion

Golpe letal a los créditos educativos

Editorial

 

 

 

Hace tan solo un mes, en la lista de proyectos prometidos al Fondo Monetario Internacional (FMI) para optar por un nuevo crédito millonario, el Ejecutivo puso sin asco alguno la venta de la cartera de crédito de Comisión Nacional de Préstamos para la Educación (Conape), que se estima en unos $400 millones, es decir ¢246 mil millones de colones.
Claro, el Gobierno quiere darle una estocada final a la entidad, no hay que tener tres dedos de frente para darse cuenta de ello, y al vendérsela al Banco Popular pondrá en aprietos a miles de estudiantes que están endeudados.
De efectuarse esta descarada venta, Conape perdería para este 2021 cerca de ¢17 mil millones, es decir enfrentaría problemas de liquidez y eso a mediano plazo podría sepultarla, así como a la única opción de financiamiento de planes educativos y generar profesionales.
Para este año, cerca del 50% eran recursos destinados a personas pobres que no podrían costearse los estudios de su propio bolsillo.
Pero qué curioso que el Ejecutivo empuje con fuerza esta venta, justamente cuando quienes fondean a Conape, es decir la banca pública y privada, llevan años pegando el grito al cielo y pidiendo que se les rebaje la transferencia del 5% de las utilidades que entregan.
Ahora para nadie es un secreto que el mercado de los créditos estudiantiles es demasiado apetitoso, por eso bancos, cooperativas y otros entes financieros andan merodeando.
La pregunta del millón es a qué costo para los estudiantes y sus familias se daría esa venta, ¿será que se mantienen las tasas de interés tan favorables y los tiempos para pagar serán más que generosos pues ahí está la ganancia?
Algo similar -cuentan los expertos- pasó en Estados Unidos y en Chile, y la desgracia cayó sobre los estudiantes, pues sus préstamos se hicieron impagables. Hay que recordar que hasta el mandatario Barack Obama intervino para que se revisaran las condiciones de pago, esto sucedió en 2011, de hecho, un reportaje de BBC Mundo lo reseña y advertía en aquel año de una posible burbuja por los créditos estudiantiles.
Las familias debían más por cuotas de préstamos educativos que por tarjetas de crédito y eso lo dijo el Banco de la Reserva Federal de Nueva York y el Departamento de Educación de EE.UU.
En Costa Rica esta historia se podría repetir y con sobrada razón hay que analizar con lupa la brutal idea del Gobierno, no es de extrañar que se quiera gestar un descalabro de Conape.
Ante este panorama, los diputados deben poner atención a las intenciones del Ejecutivo y analizar con detalle qué sería de miles de estudiantes cuya única opción es endeudarse, pero además las implicaciones económicas, sociales y políticas que aprobar esta venta traería para el país.
Muchas personas en Costa Rica han tenido que recurrir a la Comisión Nacional de Préstamos para la Educación, pues es la única forma de costear estudios universitarios, equipos tecnológicos, trabajos finales de graduación y hasta gastos de sostenimiento como alimentos, transporte, copias, compra de libros mientras se está en esta importante etapa.
No hay duda de que actualmente es la única opción para miles de familias cuyos hijos e hijas no pueden ingresar a las universidades del Estado, ya sabemos que hay una gran disparidad cuando de los exámenes de admisión se trata, pues las poblaciones vulnerables deben competir taco a taco con estudiantes de los colegios más pudientes.
Las casas de enseñanza públicas, las rurales, comunidades indígenas, poblaciones con discapacidad y las que se ubican en barriadas populosas tienen una lucha cada año para lograr colocar a sus estudiantes en las listas de los ingresos, los cupos son limitados y hay una selección rigurosa y hasta discriminatoria si se quiere.
Quienes no logran un campo buscan opciones privadas, hay universidades, institutos para universitarios, por ejemplo, que forman profesionales en todas las áreas desde las ciencias sociales, de la salud, económicas e ingenierías y que luchan por captar la atención.
Muchos padres y madres se quiebran la cabeza para ver cómo mandan a sus hijos a estudiar, quieren profesionalizarlos y por ende piensan en que así tendrán una mejor calidad de vida, pero se topan con matrículas y mensualidades costosísimas.
Es en este momento cuando piensan en la forma de asumir estos costos y en una buena parte de los casos optan por ir a Conape. Es la tabla de salvación y su creación en 1977 por ley establece que es “la institución estatal costarricense especializada en préstamos para educación superior y técnica que facilita condiciones accesibles a estudiantes que requieren apoyo económico, dentro del país”, reza su página oficial.
Presta a tasas de interés blandas, los estudiantes gozan de un periodo de gracia para cancelar el crédito, financia al 100% las carreras y respalda con una póliza a los estudiantes por muerte o incapacidad.
Pero hoy este logro quiere ser lapidado, sepultado por el gobierno.

 

 

 

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

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Miércoles 10 Marzo, 2021

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