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Opinion

Bicentenario en medio de crisis

Editorial

 

 

 

Las declaraciones del viceministro de Cultura Dennis Portuguez sobre la búsqueda de 12 subpartidas presupuestarias por al menos ¢2.400 millones para financiar el fiestón del bicentenario nacional resuenan entre la población como el extracto de la apatía y el desinterés por los de a pie.
Costa Rica cumple 200 años de ser independiente y soberana este año en setiembre y claro que hay motivos para estar felices, pero jamás se podría justificar un gasto exuberante como el que insiste en hacer el presidente de la República, Carlos Alvarado, con el aplauso de su esposa Claudia Dobles.
Si bien se trata de un hito histórico y dos siglos de ser libres ensanchan el corazón y llenan de orgullo, la situación paupérrima por la que atravesamos debiera ser el freno de mano para siquiera destinar dinero en eventos presenciales ni virtuales.
Por supuesto que también se trata de una buena oportunidad para traer a colación el urgente proyecto de transformación del Estado, para reformar el aparato y el sistema colapsado por las prebendas políticas, para ponerle fin a los abusos de la burocracia y a las alcahueterías de algunos que han succionado el dinero público como sanguijuelas, han violado la ley y, peor, han pisoteado la dignidad del pueblo.
A 200 años de independencia poco podemos celebrar, jamás aplaudir sobre el recuerdo de los grandes próceres, aquellos que dieron luchas y hasta su vida, si hoy estamos en la lista de los países más desiguales del mundo, la pobreza crece y el poder político no siente piedad ni es capaz de bajarse de su torre de marfil para darse cuenta cómo la pasa el pueblo.
¡¿Cómo vamos a hacer un fiestón de tantos miles de millones de colones si la economía hasta que asusta y el Gobierno no ha movido un dedo para buscar una ruta de escape a la crisis?!
No hay una hoja de ruta para saber hacia dónde debería transitar Costa Rica para su bicentenario. Las efemérides patrias carecen de significado por sí mismas, especialmente si las personas que debieran regocijarse con ellas no tienen recursos ni para comer. La Administración cacarea sobre la austeridad que todos deben adaptar, pero no baila como canta… si el mandatario está tan emocionado con esta fecha, el regalo tuvo que haberlo hecho él a sus representados. No era mucho, era un plan de ejecución hacia el progreso, pero en vez de eso nos ha metido junto a su partido y su exjefe Luis Guillermo Solís, además del séquito de funcionarios reciclados que lo acompañan, en unas profundas arenas movedizas.
No debería sorprender que este Gobierno se ocupe tanto de una fecha, si siempre vive de las poses… Acá, desde que mandan los que todo lo hacen por vos, por Costa Rica, siempre vale más tomarse la foto para salir en medios fuera de las fronteras que hacer patria, para luego exiliarse con los logros de papel hacia organismos internacionales. La forma sobre la sustancia. El Gobierno parece decirle a su pueblo: “Allá ellos, que acá estamos bien nosotros y luego vamos de salida”.
A 200 años de independencia da vergüenza ver cómo una de las naciones más pujantes de América Latina, reconocida en el orbe por su educación y su sistema de salud, hoy navegue a la deriva, endeudada hasta el copete, cargada de corrupción, con programas educativos obsoletos y alcahuetes, con puertos de tercer mundo, calles llenas de huecos, inversión ínfima en infraestructura y un continuo viacrucis de etcéteras.
Ni qué decir del desempleo. Más de 1 millón de ticos no tienen cómo procurarse alimentos ni vivienda digna, los empresarios están agarrados del cuello y con ello los despidos no se detiene. Pero valga subrayarlo: no es un asunto de la pandemia, la caída libre viene propiciándose desde hace varias décadas.
El agro está desangrado, nuestros productores de la tierra han sido marginados, arrinconados y extinguidos, el Estado no les ofrece opciones, ni respaldos ni subsidios, en cambio los pone a competir en desigualdad con las importaciones.
El crimen organizado se nos metió por la puerta del patio, el narcotráfico arrodilla comunidades completas y cobra cientos de vidas por año. La policía poco puede hacer, no tiene dinero para fortalecerse y hasta la gasolina les limitan.
Estos son apenas unos de los problemas que nos aquejan, la lista resulta larguísima y en medio de esto gastarse semejante cantidad de recursos públicos sería una irresponsabilidad absoluta.
Alvarado quiere cumplir sus caprichos a como dé lugar y eso es inadmisible, debe ubicarse en tiempo y espacio y entender que el dinero no es suyo, que no son tiempos de despilfarro.
La independencia que hoy deberíamos estar festejando es una que nos aleje de las opresiones de los organismos internacionales, la independencia económica, pero en vez de eso estamos cada vez más atados a las deudas, a un pesado yugo que nos condiciona.

 

 

 

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

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Lunes 01 Marzo, 2021

HORA: 12:00 AM

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