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Vida

“No me apena decir que fui a la marcha gay”

Sentimientos en Conflicto

Encuentre la respuesta a este caso en nuestra edición impresa de hoy (Foto archivo con fines ilustrativos)

CONSULTA: Estimado Profesor Corazón, como usted es una persona de mente abierta me animé a escribirle esta carta, donde deseo plasmar algunas inquietudes respecto a la estrechez mental de muchos que dicen estar abiertos a nuevas ideas y tendencias.

Soy un hombre de 32 años, alto, delgado, varonil y 100% heterosexual, aunque algunos digan que no lo parezco. Más joven trabajé en una soda y después en una tienda de ropa americana, por dicha ya terminé mi carrera, pero sigo estudiando porque la preparación académica mejora cualquier currículum.

Actualmente trabajo, tengo casa propia, estoy soltero, vivo solo, tengo un perro y no me apena decir que fui a la marcha gay. Además me gusta salir a correr y practicar fútbol, así como ir a los ríos cercanos a mi casa, esos son mis pasatiempos.

Soy aficionado a la poesía, principalmente erótica, así como el esoterismo, culturas ancestrales, mitos y creencias latinoamericanas relacionadas con la muerte.

Me encanta el café, lo prefiero negro, me tomo al menos tres tazas al día, tal vez tanta cafeína en mi sangre interfiere con mis horas de sueño, que me cuesta conciliar, por eso me quedo hasta altas horas de la noche viendo películas.

Soy un poco temperamental, lo que algunos confunden con un carácter violento, incluso un compa me llama “Violentazo”. Profesor si le contara la serie de chistes, bromas, chotas y comentarios cuestionando mi virilidad que me gané cuando subí a mi Face una foto que me tomé cuando regresaba de mejenguear en La Sabana, con un grupo de compas del colegio que participaban en la Marcha de la Diversidad.

La verdad tengo bien definida mi inclinación sexual y no me interesa lo que piensen los demás. Me encantan las mujeres, no debería especificar, pero me gustan de pechos y trasero grandes, que tengan carne para satisfacer todas las necesidades de un varón.

Cuando estoy con una dama siempre le leo poesía para entrar en calor, además de tomar el infaltable vino tinto, ese elixir de los dioses que nos da vitalidad, energía y hace más placentero los momentos de amor.

Además he frecuentado a muchas meretrices con las que he bebido esos vinos fuertes que liban los bravos del placer. Sin embargo esa vida promiscua queda muy en secreto, hasta ahora que le cuento a usted, Profesor, algo de esas noches oscuras.

Ha habido momentos buenos, así como sórdidos, pues la calle reserva cosas para todos los gustos. Lo resumiría así: deambulo por calles fragmentadas, lluviosas, sucias y oscuras; entre pasillos iluminados por lúgubres luces de sala de hospital; me pasa por la cara el humo del cigarrillo; baja por mi garganta el negro café o el licor.

Escapo de asaltos con puñal o en ocasiones soy una víctima que pierde unos cuantos billetes y llega con el rabo entre las patas a su cubil. Veo mujeres que se venden en el mercado de la carne y la lascivia, yo acudo a esa subasta del placer de 15 minutos…

Quizá en otra ocasión podría entrar en detalles sobre tan sórdido tema, si usted me lo permite, claro está. Pero regresando a lo de la Marcha de la Diversidad, asistí a ella porque uno no necesita ser la causa para defender la causa, además porque me parece que no podemos tapar el sol con un dedo y debemos reconocer y tener contacto, ver a los ojos a nuestros semejantes, que en ocasiones son tan diferentes a nosotros que nos dan miedo.

Fui por una cuestión de respeto, de caminar al lado de muchas personas que sienten que no tienen los mismos derechos que otros, y la realidad comprueba que así es, o como dicen, todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros.

Tras haber ido a esa actividad y regresar a mi trabajo me topé con la sorpresa de haber sido la comidilla de mis compañeros, con las bromas de si ya me había salido del clóset, que nadie me conocía esa faceta, que ya me comprendían bien y qué bueno que ya podía andar tranquilo sin fingir lo que no soy.

A fin de cuentas, eso a mí ni me molestaba, por el contrario, me apropié de los insultos, diciéndoles a los que me jodían que cuidado más bien se enamoraban de mí.

Me convencí de que es bueno marchar y de no tomarse ciertas bromas tan en serio, principalmente aquellas que delatan el temor que se disfraza de chota.

Profesor, si para usted no es una molestia me gustaría saber qué opina de esta experiencia tan singular. En espera de su respuesta me despido. Atte., A.R.

Encuentre la respuesta del Profesor Corazón en nuestra edición impresa de hoy

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Viernes 14 Julio, 2017

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