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Opinión

Peligro de alimentos cancerígenos

Jaime E. García G.*

¿Se ha preguntado si usted comería o alimentaría a sus hijos con productos que contengan residuos de sustancias “probablemente cancerígenas”?, porque eso es lo que estamos haciendo sin ser advertidos de esta situación.

Alrededor del 85% del área cultivada con maíz, soya, canola (colza) y algodón transgénicos son resistentes a aplicaciones de herbicidas, especialmente al cuestionado glifosato, cuya marca comercial más conocida es Roundup®.

Probablemente cancerígeno para humanos: el glifosato está clasificado por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como “probablemente cancerígeno para humanos” (categoría más próxima a “cancerígena para humanos”), por haber encontrado “pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio”, así como “pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)”. Además, porque causa daño en el material genético de las células humanas.

¿Casualidad o causalidad?: coincidiendo con las más de dos décadas de liberación de cultivos transgénicos, un estudio estadounidense reciente registró un aumento significativo en 22 padecimientos crónicos en humanos: hipertensión, enfermedades cerebro-vasculares, prevalencia de diabetes, incidencia de diabetes, obesidad, desórdenes en el metabolismo lipoproteico, Alzheimer, demencia senil, Parkinson, esclerosis múltiple, autismo, inflamación intestinal, infecciones intestinales, enfermedad renal en etapa terminal, insuficiencia renal, leucemia mieloide, y cánceres de tiroides, hígado, vejiga, páncreas y riñones (ver aquí: goo.gl/OtRhV1). 

Sobre el glifosato existen más de 600 trabajos científicos que evidencian -sin lugar a dudas- la relación de ese producto con los padecimientos precitados, así como otros efectos tóxicos en seres humanos, animales y en el ambiente (ver aquí: goo.gl/y3m6WV, goo.gl/ZX3gQd, goo.gl/WVXERJ).

¿Cómo llega el glifosato a la comida y a nuestros cuerpos? Los cultivos transgénicos resistentes al glifosato son bañados con este herbicida, para intoxicar y eliminar a cualquier otra planta que no sea el cultivo mismo, quedando sus residuos tóxicos “probablemente cancerígenos para humanos” en sus tejidos, y por ende, en las cosechas. 

Otras vías de llegada del glifosato a nuestros cuerpos es por medio de su dinámica en el ambiente, ya que una vez aplicado sobre los cultivos, o en los jardines, parques públicos, aceras, caños y orillas de carreteras, sus residuos pasan al aire que respiramos, así como a contaminar las aguas superficiales y subterráneas, de las cuales provienen el agua “potable” que consumimos. 

Es así como los residuos del glifosato llegan a los platos de nuestras familias, y cuerpos, como lo demuestran numerosos estudios científicos (ver aquí: goo.gl/qZTE6z, goo.gl/y23JfS).

Complicidad gubernamental por omisión: a pesar del conocimiento de esta información por parte de las autoridades del Ministerio de Salud (Minsa) y del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), estas han preferido “hacerse los chanchos” y ver para otro lado, quizás por temor a que las corporaciones de agrotóxicos les lleguen a reclamar y golpear sus pulcras mesas ministeriales. ¿Qué es lo que están esperando para actuar? ¿Por qué no toman cartas en un asunto de esta envergadura prohibiendo la utilización de este herbicida como lo han empezado a hacer algunos países? ¿Tendremos que esperar 10, 20 o más años para hacerlo, cuando la mayor parte de los países ya lo hayan hecho, como sucedió con la prohibición de otros plaguicidas en el pasado (ej. 2,4,5-T, DDT, Nemagón (DBCP), captafol, arseniato de plomo, etc.).

Mientras tanto, ¿quién se hace responsable de las personas afectadas por los efectos tóxicos del glifosato?

Sin controles: ni las autoridades del Minsa, ni las del MAG realizan análisis de residuos de glifosato, ni de ningún otro plaguicida, en los alimentos procesados, por lo que estamos consumiendo alimentos con residuos de glifosato y otros agrovenenos sin ser advertidos de ello, lo cual es una situación altamente preocupante y ante la cual debería hacerse algo.

Oposición a la prohibición del glifosato: quienes se contraponen a esta medida, por considerarla “radical”, son principalmente los que viven de sus ventas o tienen algún conflicto de interés, quienes niegan sin sonrojo la validez de las evidencias científicas que confirman claramente la peligrosidad del glifosato y los daños inherentes a su utilización, incluso en comunidades enteras, como lo han venido demostrando los médicos de estos pueblos fumigados con glifosato en Argentina (ver aquí: goo.gl/oyHLtV, goo.gl/znba4I, goo.gl/RWVFCZ).

También aducen que la culpa la tienen quienes usan el glifosato, por no seguir las recomendaciones dadas por los fabricantes en cuanto a normas de “manejo seguro”, o de utilización de “las buenas prácticas agrícolas” al aplicar este agrotóxico.

Al respecto, se ha comprobado que en la mayoría de los casos estas instrucciones son mayormente imposibles de cumplir, como se evidencia en el artículo “El mito del manejo seguro de los plaguicidas en los países en desarrollo (de la A a la Z)” (ver aquí: goo.gl/wQiPNi).

Obligación del Estado: por lo anterior, es necesario y urgente prohibir el uso del glifosato en Costa Rica, y en este sentido, los tres poderes de la República están en la obligación de tomar medidas concretas al respecto.

Solo así se podrá hacer valer nuestro derecho constitucional a tener “un ambiente sano y ecológicamente equilibrado”, que según el artículo 50 de la Constitución, le corresponde al Estado garantizar, defender y preservar. De no hacerlo, los representantes del Estado continuarán siendo cómplices por omisión de esta lamentable situación, en perjuicio de la salud de las generaciones actuales y futuras costarricenses.

Aprovecho el marco del Día Internacional Contra los Transgénicos (8 de abril), para instar a la población costarricense a informarse y tomar conciencia de esta grave situación, así como exigir, por todos los medios a nuestro alcance, que se prohíba el uso de este peligroso herbicida lo antes posible.

 

 

 

*Catedrático UNED-UCR. Red de Coordinación en Biodiversidad, [email protected]

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Martes 11 Abril, 2017

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