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Opinión

Austria: una vez más

Sandra Piszk Feinzilber*

A pesar de la lejanía geográfica que nos separa de la hermosa y aristocrática Austria, el resultado de las elecciones del domingo pasado no puede pasar desapercibido, por cuanto constituye una clara amenaza del retorno de las más nefastas corrientes políticas relacionadas con el ascenso del régimen nazi y los horrores de la Segunda Guerra Mundial. 

Y si bien la expansión de la ultraderecha nacionalista en otros países europeos es motivo de alarma, el caso de Austria es particularmente digno de atención. 

En primer lugar porque aun en la derrota, la ultraderecha conserva el margen de apoyo manifestado en las elecciones anuladas de abril pasado, en las cuales ninguno de los partidos alcanzó la mayoría requerida y porque además, el domingo 4 de diciembre pasado, el margen de diferencia en relación con el candidato electo Alexander Van Der Bellen es significativamente pequeño. 

Es también alarmante porque no es la primera vez que Austria abre sus puertas a las corrientes nazis-fascistas. Un refrescamiento de la memoria nos lleva a marzo de 1938 cuando Hitler anexiona Austria y la convierte en provincia del Tercer Reich, con el agrado de una parte importante de la población. 

Un hecho adicional no debería tampoco pasar desapercibido. Me refiero a la elección de Kurt Waldheim en 1986, aun cuando ya para ese entonces se especulaba acerca de su afiliación al Partido Nazi antes de la guerra y a su misión como oficial coordinador de las fuerzas nazis en Grecia entre 1942 y 1943. Si bien no se logró encontrar evidencia que lo involucrara en crímenes de guerra, un comité de historiadores demostró que Waldheim sabía más acerca de los crímenes cometidos en Salónica de lo que estaba dispuesto a aceptar. 

El Partido de la Libertad de Austria, al cual pertenece el candidato derrotado Norbert Hofer, no se aleja del panorama descrito. Sus antecedentes se ubican en la Asociación de Independientes, un conglomerado integrado por antiguos nazis que no tenían derecho al voto en las primeras elecciones generales tras la guerra y por antiguos nacionalistas partidarios de la gran Alemania que soñaba Hitler. 

Después de varias derrotas, y conflictos internos, la Asociación de Independientes se disolvió en 1956 y se fundó el hoy conocido Partido de la Libertad, con una clara orientación nacionalsocialista. Su primer president, Antón Reinthaller, había sido miembro de las SS nazis y había ocupado el cargo de Ministro de Agricultura en 1938 como parte del gabinete integrado después de la anexión de Austria a las fuerzas hitlerianas en marzo de ese mismo año. 

Norbert Hofer un ingeniero de 45 años ha sido miembro de grupos universitarios ultraderechistas y pangermanistas. Su discurso igualmente xenófobo, extremista y antieuropeo, considera que el papel de la mujer es la maternidad y al igual que los nazis, sostiene que la nación se fundamenta en el origen étnico de su población. Inmediatamente después de su derrota ha anunciado que participará en las elecciones parlamentarias de 2018 y ha expresado su decisión de presentarse en los comicios presidenciales del 2022. 

El Partido de la Libertad es el más notable ejemplo del populismo austriaco que hoy comparte tribuna con Marine Le Pen en Francia o Forza Nova en Italia. Un populismo que independientemente de su tendencia ultraderechista evidente en Europa, comparte los mismos mecanismos y doctrina del populismo de izquierda latinoamericano. 

Exaltación del líder salvador de la patria, llámese Hitler, Mussolini, Pinochet, Castro, Chávez o Kirchner, desprecio por la institucionalidad o cualquier cosa que se asemeje al establishment, menosprecio de cualquier acontecimiento histórico pasado, utilización vacía y permanente del vocablo “cambio”, una concepción divisionista de la sociedad entre buenos y malos, proteccionismo económico a ultranza, búsqueda de culpas más que de soluciones y una alta dosis emotiva antes que racional. 

Pero no nos engañemos. El populismo y los extremismos no ocurren en el vacío. Son el resultado de debilidades estructurales, de mecanismos de representación obsoletos, del desprestigio de la clase política y de los medios de comunicación, de la pobreza, la inequidad y la corrupción. 

Son consecuencia del cansancio, de la ineficiencia y sobre todo de la indiferencia. 

Volvamos los ojos a lo que sucedió esta semana en Austria, al apoyo recibido de la derecha francesa y al referéndum que puso a Forza Italia en el mapa político italiano y si no queremos ir muy lejos, miremos hacia el norte, escuchemos a Trump y saquemos conclusiones.

 

*Diputada

Partido Liberación Nacional

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Viernes 09 Diciembre, 2016

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