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Vida

¡Cuida tu cerebro siendo bondadoso!

Vida

¿Raro verdad?, pues sí… pero resulta que según un conocido especialista en la llamada “psicología de la bondad”, Jerome Kagan, la humanidad está genéticamente programada para hacer el bien. Todos, por decirlo de algún modo, llegamos al mundo con un “programa” instalado para ser buenos, pero en el día a día tienen más peso otras tendencias biológicas, como pueden ser la envidia o el rencor. ¿Por qué ocurre esto?

Bueno es que la bondad nos permite sobrevivir como especie, los actos bondadosos hacen entender que las personas poseen más opciones de sobrevivir si cuentan con un grupo de apoyo que estando en soledad.

Las personas se unen porque con ello logran identificar necesidades y facilitar ayuda para garantizar la supervivencia grupal.

Pero entonces por qué los actos bondadosos no abundan tanto como deberían…, pues tal parece que la forma en que están construidas las sociedades inclina más al individualismo que a la conciencia de grupo.

Cuando se piensa en términos de intereses propios, la balanza biológica suele inclinarse entonces por la envidia, la rabia, la violencia y la competición. Nunca hacia la bondad, algo que junto con el deseo de propiciar el bien, se tiende a creer que no son útiles si lo que se busca es hacerse con más poder, riquezas y reconocimiento social.

Ser bueno es saludable

Pero resulta que practicar la bondad cuida el cerebro, debido a que las dimensiones psicológicas como el rencor, la envidia o el estrés de la competición continua afectan la salud física y emocional.

Todos, en algún momento, se ha dejado llevar por estas derivas personales, hasta que poco a poco toma conciencia de que actuar o sentir de ese modo no es lo adecuado, porque aleja de esas esencias, de las raíces.

Podría decirse que el cerebro sabe muy bien que esas tendencias biológicas hacia los actos negativos impiden conectarse con los demás y conducen a una desesperante soledad poco agradable.

Practicar la bondad revierte de forma positiva el equilibrio interior, aporta paz y bienestar.

No importa que los demás no sean conscientes de esos pequeños actos de bondad que cultivados cada día. Cada quien lo sabe y eso basta porque permite estar en armonía, sabiendo lo que está bien, y esa sintonía interior ofrece una música que gusta, que complace.

La bondad y la compasión encienden estructuras cerebrales tan poderosas como el sistema límbico. Una persona compasiva es más intuitiva, más receptiva y más consciente de todo lo que le envuelve.

Aunque alrededor no vea acciones cargadas de respeto y de bondad auténtica, ello no debe hacerle claudicar y aún menos imitar esa misma dejadez general.

Lo creas o no, la bondad es contagiosa. Así que no olvide, sea el mejor ejemplo para sus hijos, el mejor modelo para amigos y familiares.

PERIODISTA: Redacción Diario Extra

EMAIL: [email protected]

Miércoles 07 Septiembre, 2016

HORA: 12:00 AM

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