BERLÍN POR LA VIDA
Allan López Saborío *
Disfrutando una soleada y fresca tarde otoñal el pasado sábado 17 de setiembre en la berlinesa Avenida Under den Linden, último día de una visita científica a varios centros de investigación alemanes, al pasar junto al monumento al Soldado Desconocido fui atacado por gritos y un ruido grotesco. Me imaginé un concierto de rock de mala calidad, pero al llegar a la Universidad Humboldt veo en la acera de enfrente una treintena de jóvenes manifestantes superados en número por policías visiblemente preocupados. Me informa otra observadora local que protestan contra los “cristianos” de varias religiones que acaban de realizar una marcha internacional contra el aborto y la eutanasia y ahora están reunidos en la iglesia de San Hedwig, al fondo de la histórica Plaza Bebel (www.marsch-fuer-das-leben.de).
Pasan por mi mente la primera visita a este mismo sitio en 1973 y otras posteriores. Me alegra por un lado que todas las opciones de pensamiento puedan expresarse en esta ciudad donde los “istmos” ideológicos del siglo pasado lo impidieron, pretendiendo castrar a la humanidad. Por otro decido unirme inmediatamente al grupo provida por ser creyente y poner de cuando en vez algún granito de roca en la lucha contra el aborto y el negocio de las transnacionales de dicho crimen de lesa humanidad, socios minoritarios y negociantes politiqueros cazavotos.
Cruzo la barrera policial esperando no infringir ninguna ley en mi condición de visitante, pero hay valores morales superiores. Paro brevemente en media Plaza Bebel y recuerdo las explicaciones de un viejo luchador antifacista y un profesor sobre lo ocurrido en ese lugar en mayo de 1933, cuando las hordas hitlerianas llevaron a cabo la tristemente célebre quema de 40 mil libros, pretendiendo que muriera la inteligencia. Me detengo en el Monumento Piso de Cristal que recuerda dicha aberración y leo a Heine alertándonos sobre que “eso solo fue un preludio, ahí en donde se queman libros, se terminan quemando también personas”. Se me eriza la piel al constatar cómo la historia vuelve a repetirse trágicamente. En efecto, en ese lado de la plaza coinciden física, política e ideológicamente, ayer y hoy, quienes desprecian teóricamente la vida y la destruyen cada vez que se los permitimos, tanto durante la Segunda Guerra Mundial como en la actualidad. La demagogia y falta de sinceridad los caracteriza, se parecen como dos gotas de sangre y me pregunto en qué se diferencian, concluyendo que casi en nada. Llego a la puerta de la iglesia cuando termina la celebración y disfruto un ambiente totalmente diferente, lleno de amabilidad entre la gran cantidad de participantes de todas las edades que no me dejan entrar. Sobra la fraternidad, confianza, alegría y otros dones y sobre todo la luz, a diferencia del otro bando donde reina la oscuridad que es la ausencia de esa, como bien apuntó Einstein. Los organizadores se alegran de que en Costa Rica amemos también la vida y la defendamos y nos mandan a decir que no estamos solos, que sigamos adelante a pesar de todo. Faltaba todavía lo más edificante, pues al volver a la calle fuimos recibidos con gestos obscenos, cualquier cantidad de insultos, odio en sus caras y amenazas de agresión, mientras se les replicaba con bendiciones y sonrisas. Todo era muy claro, el amor contra el odio, la luz contra la oscuridad, la verdad contra la mentira, la vida contra la muerte. Ya la humanidad sabe, desde hace mucho, de quién es la victoria final a pesar de los costos y sacrificios que esta requiere.
Esto es tan solo un pequeño testimonio y no es de un hecho aislado, para demostrar que esas informaciones en las cuales se pretende hacernos creer que en Europa la gran mayoría de la gente está a favor del aborto por ser lo “moderno” y por la eutanasia como forma de muerte “digna”, son tan solo manipulaciones que no debemos comprar, similar a aquella farsa de que “científicamente” la vida no comienza en el momento en que el óvulo queda fecundado. Igualmente la necesidad vital de que esta lucha sea enfrentada en forma común y ecuménica, pues hasta la fecha las denominaciones no católicas han demostrado muy poca actividad pública y deben convertirse en otra piedra en el zapato de los enemigos de la vida, junto a los no creyentes honestos, ya que esta lucha no es solo religiosa y sobre todo responde a los más sinceros valores morales y democráticos de esta patria. Cualquier similitud con la reciente tragicomedia frente a la Catedral de San José, tan mal recibida por este noble e inteligente pueblo, no es casualidad. Por eso Brecht nos advierte: “La criatura que esto parió está de nuevo en celo”.
* Geólogo