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Editorial
EL PLEITO DE SIEMPRE CON LOS AUTOS DISCRECIONALES
El uso de autos discrecionales ha sido una bronca eterna, no se acaban los jerarcas que aprovechan el recurso asignado por el Gobierno para hacer desde mandados personales hasta pegarse las fiestas.
Cada quien interpreta las normas legales a su antojo y de acuerdo a sus intereses. Pese a que existe una Ley que regula este tema, muchos se la bailan para darse el lujo de andar montaditos en carros del año o los más próximos con precios que podrían llegar hasta los 25 y 30 millones.
Los carros asignados a jerarcas de instituciones de Gobierno han sido cachados fuera de moteles, bares y hasta fiestas familiares, que nada tienen que ver con el trabajo, y aún así la fiesta continúa.
No hay que ir muy lejos, ¿quién no recuerda a un ex presidente del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA) que fue agarrado por las autoridades un poco pasadito de tragos? y nada más y nada menos que manejando el carro que le fue asignado por la entidad. El señor se dio el lujo de dar declaraciones a los medios que cubrieron la noticia y, pese a que el olorsito era insoportable, adujo que no actuó de forma incorrecta y que llevaría el asunto a las últimas instancias con tal de salir librado. El alboroto no pasó de un par de días, para su suerte.
O bien el alcalde de Garabito, quien en el año 2008 salía rapante y campante de un motel herediano con una bella dama, luego de haber estado por espacio de cuatro horas deleitando sus pasiones, mientras en el cantón andaban a pie. Cuando fue acusado por DIARIO EXTRA con fotos y todo, se limitó a declarar su inocencia ante las dependencias correspondientes. El caso tampoco pasó a más.
Ahora el turno les tocó al presidente ejecutivo el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), Eduardo Doryan y al gerente general, Alejandro Soto, que de acuerdo a la denuncia de la Asociación Nacional de Técnicos y Trabajadores de la Energía y Telecomunicaciones (Antec) tienen asignados a su nombre más de un vehículo de uso discrecional, lo que amparado a la ley es irregular.
La Asociación está haciendo un llamado de atención ante la Contraloría General de la República, la Procuraduría y la Asamblea Legislativa para que investiguen a fondo, no solo esta aparente anomalía, sino la compra de otro auto valorado en más de 24 millones, cuando el discurso de la administración Chinchilla ha sido de austeridad y ahorro institucional.
Estamos seguros que estas situaciones no son ni serán exclusivas de ciertas entidades. Hay ministros, presidentes ejecutivos, gerentes generales institucionales y otros con cierto grado de jerarquía que únicamente suenan los dedos y carro con chofer y todo los espera en la puerta de la oficina para llevarlos a donde les plasca.
Las interrogantes que nos surgen son, ¿quién regula el uso de los autos discrecionales? ¿Qué sanciones tienen estas irregularidades, pareciera que pese a las denuncias estos asuntos son de poca monta?
Los carros que usen los jerarcas deben ser comunes y corrientes, ¿qué diferencia hay entre uno del año 2008 y uno del 2011?, pues solo el precio pareciera.
Es bonito andar en el último modelo y lucirse, pero cuando es con la plata propia que se compra, no cuando se trata de recursos de los ciudadanos, hay que ser cuidadoso en esto.
Los autos de uso oficial deben quedarse para las giras y otros movimientos propios de las labores encomendadas, no para jalar a la suegra, la esposa, los carajillos, el perro y la lora. No son bienes de uso personal y eso tienen que entenderlo los funcionarios que por su rango tienen el privilegio.
Recuerden que ningún recurso del Estado puede ser usado para beneficios personales o de terceros. A ustedes se les encomendó una misión y todos los esfuerzos deben estar dirigidos a cumplirlo no a tomar decisiones arbitrarias, contrarias a la Ley y antojadizas.
En cuatro años se acabó el banquete y vendrán otros jerarcas que igualmente querrán autos nuevos, oficinas remodeladas, empleados de confianza y mucho más, que no es obligatoriedad darles.
Señores sean cuidadosos con los bienes asignados, son de todos, no de ustedes.