EDITORIAL
MÁS POLICÍAS NO ES SUFICIENTE PARA VENCER LA DELINCUENCIA
Hace unos días ocurrió un hecho que nos puede ayudar a entender que el incremento de la delincuencia y la violencia en la sociedad costarricense no solo tiene que ver con el presupuesto para la policía preventiva o la cantidad de efectivos con que cuente la Fuerza Pública.
Resulta que un joven de 18 años quería cumplir su “sueño americano” y la forma más fácil que encontró de financiar su viaje a Estados Unidos fue asaltando la Joyería Karina, ubicada en la ciudad de Pérez Zeledón.
Tras cometer el delito junto con un compinche, se fue para su casa, donde le informó a su padre lo que había hecho. El papá tomó la decisión de llamar a las autoridades, notificar el delito y entregar a su hijo.
Esta acción, que hemos resumido en dos párrafos, tiene una gran connotación porque no solo es el ejemplo de un hombre que le está dando una gran lección a su hijo sino a la sociedad costarricense en general y nos muestra claramente una de las principales razones por las que hemos entrado en esta ola de violencia, que estamos seguros podría amortiguarse con padres más firmes y con la fortaleza necesaria para aplicar las correcciones necesarias a sus hijos.
La actitud de este padre ejemplarizante choca con aquellos que, por el contrario, son un pésimo modelo para sus hijos porque no solo son adictos o pasan cometiendo delitos sino que incluso se llevan a su prole a cometer fechorías.
Un ejemplo contrario al del muchacho que asaltó la joyería fue el del grupo de estudiantes del Liceo Vargas Calvo aquí, en la capital, que empezaron a lanzar piedras y bombas caseras contra la prensa y la policía porque no se les permitía utilizar pantalones tubo y enaguas cortas a las chiquillas.
En estos casos es cuando se cuestiona la educación que están dando estos padres a los jóvenes, que no respetan ninguna autoridad. No cabe duda que los progenitores de estos estudiantes y el padre de Pérez Zeledón son claramente diferentes.
Otro caso donde se muestra cómo la descomposición de la familia es parte fundamental de la problemática señalada son las narcobandas. Por lo general las organizaciones que trafican drogas, a todo nivel, están compuestas por familias.
Los padres utilizan a sus hijos en tales negocios ilícitos o si no son las madres o las abuelas quienes encabezan estos grupos. Una muestra es que cuando son detenidos los padres o las madres, es su descendencia la que continúa el ilícito negocio.
Estos casos dejan claro que la prevención, que la lucha contra la delincuencia o la violencia, no es solo un asunto de más o menos policías, es un tema que va mucho más allá, es un problema en el que todos tenemos nuestra parte de la solución o cuota de responsabilidad, dependiendo de nuestra conducta.
Claro que se necesitan más policías, mejor preparación y mayor presupuesto, pero al lado de esto es necesario que la base de la sociedad, es decir, la familia, se comprometa a no alcahuetear a sus hijos, no convertirse en cómplices de asaltos, de venta de drogas o de violencia en general y educarlos adecuadamente.
No cabe duda que la delincuencia es un monstruo que debe ser atacado por muchos flancos, no solo con el fortalecimiento de la policía, la educación o el reforzamiento de la familia para una mejor educación; es importante tomar en cuenta otras necesidades que no están siendo atendidas y originan que un grupo importante de los sectores marginados esté inclinándose por la delincuencia o la violencia para lograr sus propósitos.
Por eso el compromiso del gobierno Chinchilla por mejorar la seguridad del país no puede limitarse a la unión de una serie de intenciones a corto plazo sino a una verdadera política de Estado que trascienda su administración.
Será un principio hacer una sumatoria de factores que alimentan del deterioro social en que estamos, en el que desde luego se encuentran los valores familiares y el factor económico, entre otros, para empezar a atacarlo.
Sin duda alguna necesitamos más representantes de la ley en nuestras calles, pero no será suficiente, se ocupa además un compromiso de las instituciones que cubren las áreas social, educación y salud para recomponer nuestra sociedad.