EDITORIAL
URGE CULTURA DE RECHAZO A LA CORRUPCIÓN
Hace algunos días la Contraloría General de la República organizó el Cuarto Congreso Nacional de Gestión y Fiscalización de la Hacienda Pública, durante el cual analizó el agravante de la corrupción en nuestro país y la forma de cómo este tipo de delitos afecta directamente al Estado y en general todos los sectores de nuestra nación.
Coincidimos con ellos que son preocupantes la gravedad de los problemas y las amenazas que lamentablemente plantea la corrupción en nuestra sociedad, tanto en el sector público como en el privado.
Este es un mal que, por lo general, corre por las líneas de mando de las instituciones hacia los de menor jerarquía, de tal forma que es necesario romper con esas cadenas que tanto daño nos hacen.
Este tipo de delitos afecta la estabilidad y seguridad de nuestro país, puesto que mina las instituciones y los valores de la democracia, la ética y la justicia, lo cual compromete seriamente el estado de derecho que vivimos en Costa Rica.
No cabe duda que este tipo de actividades son de suma importancia, pues brindan un espacio necesario para reflexionar sobre como combatir efectivamente los vínculos entre la corrupción y otras formas de delincuencia, en especial la organizada, la que se refiere a delitos económicos, lavado de dinero, delitos de cuello blanco y otros.
Para nadie es un secreto que existen casos de corrupción tan graves que abarcan cantidades de recursos de grandes dimensiones. La situación puede llegar a convertirse en algo tan serio que incluso podría desestabilizar el Estado y o sus instituciones, en detrimento de todos los costarricenses, como ya ha pasado en otros países. Ejemplo muy cercano, Nicaragua.
Porque la corrupción ha dejado de ser un problema local para convertirse en un fenómeno internacional que afecta a todas las sociedades y economías, por lo que se hace indispensable la cooperación internacional para prevenirla y luchar contra ella.
Ya no solo son alentados este tipo de delitos por intereses locales, sino incluso que la corrupción es impulsada desde fuera de nuestras fronteras lo que es mucho más serio, pues el control se hace más complicado.
La iniciativa de la Contraloría General de la República es muy acertada, puesto que en este congreso se analizó el problema desde un enfoque amplio y multidisciplinario, con asesores y expertos internacionales, todo lo cual reiteramos es necesario para prevenir y combatir eficazmente la corrupción.
Al ser la Contraloría General de la República la institución más idónea del Estado costarricense para dar asistencia técnica a los burócratas de nuestro país, debería continuar formando a nuestros servidores públicos, para que éstos hagan su trabajo en las mejores condiciones posibles y se pueda realmente prevenir y combatir eficazmente la corrupción. Solamente con un ejército de funcionarios honestos se puede hacer frente a este flagelo.
Aunado a lo anterior, se debe tener en consideración que la prevención y la erradicación de la corrupción no es sólo responsabilidad de la Contraloría, sino que es un compromiso de todos los costarricenses, tanto en el sector público, como en la sociedad civil, las organizaciones no gubernamentales y las asociaciones de desarrollo comunal, y similares.
Unidos así, sector público y privado, se promoverá una cultura de rechazo de la corrupción que es tan necesaria para cualquier estado que viva los valores de la democracia, la ética y la justicia y el respeto a la ley.
Acción que sin lugar alguno debe implicar las denuncias de situaciones irregulares, pues para los efectos el cómplice también es responsable de la impunidad en este tipo de casos.