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• Santo Domingo: sicarios los liquidaron dentro de bar

COLOMBIANOS “ATRAPA2” EN UNA LLUVIA DE BALAS

Manuel Estrada
mestrada@diarioextra.com
Fotos: Adolfo Alvarado

Los socorristas trasladaron a Armando Emilio Herrera Saa, quien murió minutos después de ingresar al Hospital Calderón Guardia.
Dos colombianos murieron acribillados ayer en la tarde, cuando estaban dentro del Bar y Restaurante Atrapa2, en San Miguel de Santo Domingo, Heredia. Los sicarios no les dieron tiempo de defenderse y los extranjeros Juvencio Mosquera Murillo y Armando Emilio Herrera Saa quedaron atrapados en una lluvia de balas.

Los extranjeros llegaron a la 1 de la tarde junto con otro hombre en un vehículo blanco, que estacionó en la parte trasera del negocio. La tercera persona se tomó un refresco y se marchó, dejando a los dos hombres en el bar.

Poco después al lugar llegó un carro negro, del que se bajaron dos hombres fuertemente armados, uno de ellos disparó a quemarropa contra los sudamericanos.

Mosquera murió en el lugar porque cinco proyectiles se alojaron en su cabeza y cuello. Herrera falleció diez minutos después de ingresar al Hospital Calderón Guardia a causa de tres balazos, dos en los brazos y uno en la cabeza.

Las víctimas llegaron a la jaula de la muerte en el Toyota Hilux placas CL227154. Reinaldo González, oficial de la Fuerza Pública, descartó el asalto como móvil del asesinato.

“Tres hombres de raza negra ingresaron al bar, uno de ellos se paró en una silla porque lo tapaba una macetera y disparó sin contemplación. Al menos cinco casquillos de un arma calibre 9 milímetros quedaron regados en el suelo en medio de un charco de sangre”, declaró.

AL ESTILO GÁNSTER

La salonera del local lo que hizo fue tirarse al suelo, aquello olía a pólvora, sangre y muerte.

El restaurante, de un ambiente tranquilo, se convirtió en la tumba de dos colombianos que quedaron como coladores, llenos de huecos.

No se habían comido las bocas cuando les recetaron plomo, el arma escupió fuego al mejor estilo de los gánsteres de la ciudad estadounidense de Chicago.

El trailero Carlos Ulloa almorzaba cuando escuchó los disparos. “Escuchamos una balacera mientras estábamos comiendo a la par del negocio, de inmediato se nos quitó el hambre. Fue impresionante ver la forma en que quedaron los dos cuerpos llenos de agujeros en la cabeza, mientras su sangre aún recorría su cuerpo”, narró.

Los dos hombres quedaron tirados en el suelo, boca abajo, en medio de un charco de sangre, a un lado de la mesa donde se habían tomado unas birras. Al parecer los extranjeros eran nativos de Buenaventura, principal puerto del Pacífico colombiano, por donde sale la cocaína que viaja a Norteamérica. Tenían siete años de vivir en suelo nacional.


 
 
 




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