ES TAN GORDO QUE NO SE PUEDE LEVANTAR
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Por una depresión y un ataque de ansiedad, el colombiano Carlos Arturo Novoa pasó de tener un peso normal a pesar 210 kilos.
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Bogotá (SEP).- Carlos Arturo Novoa está postrado en el suelo de su casa y de ahí parece no levantarlo nadie. Al menos, él no quiere y pide que no le insistan porque su peso de 210 kilos se lo impide.
Su cuerpo comenzó a desfigurarse hace seis años mientras trabajaba como chef de cocina en un reconocido restaurante de Villavicencio, donde habita desde hace 31 años cuando lo concibió Adelaida Novoa, su madre, quien también padece gordura excesiva, pero en menor proporción: 147 kilos.
El colombiano era de peso normal hasta que una desesperada ansiedad empezó a atacarlo. Sin imaginarlo, comenzó a comerse hasta un balde de huevos en un día y más de ocho litros de jugo de naranja, una de las frutas predilectas en Colombia. Los días pasaban y los médicos le dictaminaron una ‘obesidad mórbida con alto riesgo cardiovascular’ (falla en la glándula tiroides). Desde hace dos años, su vida se encerró en cuatro paredes, no observa la luz del sol y para rematar, evita a las vecinas “porque vienen a curiosear en las condiciones en que me encuentro”, sostiene con una voz de tristeza, mientras observa con detenimiento los excesos de piel que se descuelgan en los lados de su estómago.
“Casi no camino, me canso demasiado y es mejor no hacerlo. Cuando iba a la calle los muchachos se burlaban de mi gordura y ninguna mujer sentía atracción física por mí”, sostiene el hombre al señalar a María del Carmen, su abuela, quien lo cuida porque su madre no puede. “No le produzco nada a la sociedad, no debería existir, estoy frustrado”. Por su obesidad, los amigos no volvieron a consultarlo, se marcharon y jamás regresaron.
La vida de Carlos Arturo es triste. Las manchas oscuras sobre su piel desnudan el calvario que soporta, las consecuencias de la humedad de su casa y la ausencia de los rayos del sol que no penetran siquiera por las rendijas de la ventana de su vivienda. Mientras tanto, en sus piernas aparecen llagas que se abren en medio de la piel cuando intenta caminar.
“Como a toda hora, si sonrío mucho me da hambre, cuando tengo problemas debo comer y antes de ir a la cama debo mantener mi estómago lleno. De lo contrario, no concilio el sueño”.