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Constitución: retorno a las bases

Juan José Sobrado Ch.

Los Estados Unidos afrontaron recientemente una de las más graves crisis económicas y financieras de su historia, pero en cuestión de semanas su Congreso conoció, discutió y aprobó la legislación necesaria. En Costa Rica en cambio leyes necesarias tardan años, salen hechas un adefesio o nunca salen, y el trabajo y la presa son aplastantes. Igualmente en cuestión de poco tiempo, en Estados Unidos conocieron, debatieron a fondo y nombraron a una nueva jueza en la Corte Suprema. Aquí el nombramiento de un nuevo juez constitucional está atrasado más de un año, y , tanto en este nombramiento como en el de Defensor de los Habitantes, se recurre al ridículo procedimiento de sacarlo a concurso, como si fueran un “brete” más del gobierno..

Si se toma en cuenta que nuestro sistema republicano fue inspirado por el norteamericano, ¿por qué en su modelo original funciona la representación popular en el órgano legislativo, y aquí no funciona, pese a que el país es mucho más pequeño y menos complicado?
División y control de poderes. Recordemos que un sistema republicano es el basado en una división y control de poderes entre el legislativo, que establece las leyes para la actuación en un Estado de Derecho, el ejecutivo que las ejecuta y gobierna, y el judicial que declara el derecho en el caso concreto. La calidad, oportunidad y relación armónica de las leyes es fundamental para un buen gobierno, y aquí todo eso está fallando, fundamentalmente por falta de calidad en los representantes, el control de los mismos por el ejecutivo, y la acción desordenada de muchos de los diputados que actúan con miras locales y de los capos del partido, como si fueran una junta progresista de barrio.

A su vez los integrantes de la mayoría simple, controlada por el ejecutivo, actúan como muñecos ventrílocuos del Presidente., en vez de responder a los intereses de sus electores, que los controlan y eligen, como sucede en los Estados Unidos.

Para esto último se ha recurrido al pretexto de que así es el gobierno, “los partidos”, pese a que el sistema nuestro no es parlamentario y carece, por consiguiente, de los mecanismos necesarios para que aquello pueda operar con el debido control.

Asimismo, con la eliminación de las elecciones de medio período para los diputados no hay control popular sobre los diputados electos, con lo que se pretende que el electorado les dio un cheque en blanco por esos cuatro años, lo que no es cierto, y se aduce para legitimar todos los desafueros de la mayoría. Afortunadamente, un inadecuado reglamento legislativo le permite a los partidos de oposición frenar los abusos, pero todo eso junto, en abigarrado desorden, conduce la ingobernabilidad, producto del actuar irregular descrito de los mismos políticos que se quejan de ella.

Maquinarias partidarias. Por otra parte, el sistema de elección actual, basado en la maquinaria cantonal, es dominado por los dirigentes locales y éstos a su vez por la maquinaria partidaria, porque de ésta depende a su vez el futuro ascenso, de aquella, de regidores a diputados, luego a embajadores o viceministros, por lo que su calidad como legisladores nacionales es nula. De ahí que urge dividir en dos Cámaras al órgano legislativo, una para el acceso al presupuesto y a la representación cantonal, y otra de base electiva diferente, que podría ser como la alemana de los “lander”, para que sean los legisladores nacionales. Éstos le deberán su elección directamente a los electores y estarán pendientes en todo momento de lo que éstos piensan, así como de la calidad de lo que hagan . Al mismo tiempo, el cuerpo técnico de la Asamblea debe ser de alta calidad, para que se encargue de la redacción del detalle de las leyes, a partir de un acuerdo general de los partidos sobre la esencia de lo que se debe hacer. El espectáculo actual de que cualquier diputado echa a perder la organicidad de un proyecto, o su armonía con el resto del ordenamiento, con sus ocurrencias, debe terminar. Tal es el procedimiento que, unidos a que se deben a sus electores, le permite al Congreso de los Estados Unidos ser tan eficiente. Todo lo anterior se logra con reformas parciales. Lo de la Constituyente no es cierto, aparte de que solo pretende consagrar el autoritarismo del presidente y tiene un insoportable tufo a Hugo Chávez del signo opuesto.


 
 
 




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