San José, Costa Rica, Sábado 24 de octubre de 2009, 22:40:53.


NOTICIAS DE
ÚLTIMA HORA
$ Tipo de Cambio
Venta: 586,44
Compra: 576,66
BÚSQUEDA


VER PORTADA IMPRESA

>OPINION


PRISMA

EL HELECHO Y EL BAMBÚ

Por Mario Ugalde C.

Subdirector
mugalde@diarioextra.com

Los seres humanos seguramente tenemos un “gen” que nos hace ser débiles. Ante cualquier obstáculo empezamos a renegar y a buscar culpables sin ni siquiera luchar para volver a tener lo que momentáneamente perdimos. Algunos hasta buscan la piedra más grande para caerse y tener una buena excusa para dejar de trabajar y de intentar surgir en la vida.

Por qué en lugar de ver los defectos y quejarnos, no hacemos lo de las hormiguitas. ¿No han visto a las “zompopas” cuando llevan comida para su “cueva”?, las aplastas, las rocían con veneno, les quitan la carga, y aún así siguen intentándolo, mientras que los humanos solo sirven para quejarse y para criticar a los demás.

Pues bien; para ayudarles a salir de ese hoyo oscuro en el que muchos se encuentran “hundidos”, hoy les contaré la historia del helecho y el bambú, seguramente los motivará para salir adelante para lograr ese éxito que tanto añoran. Dice así: Un día decidí darme por vencido. Renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi espiritualidad, quería renunciar a mi vida. Fui al bosque para tener una última charla con Dios. Le dije... ¿Podrías darme una buena razón para no darme por vencido? Su respuesta me sorprendió. Mira a tu alrededor, ves al helecho y el bambú? Sí, respondí. Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. Les di luz y agua.

El helecho rápidamente creció, su verde brillante cubría el suelo, pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo, no renuncié al bambú. En el segundo año el helecho creció más brillante y abundante. Y nuevamente, nada germinó de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú, dijo Él.

En el tercer año, aún nada brotó de la semilla de bambú, pero no renuncié, me dijo. En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú, no renuncié, dijo.

Luego en el quinto año un pequeño brote salió de la tierra. En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño e insignificante, pero sólo 6 meses después el bambú creció a más de 100 pies de altura. ¡Oh sorpresa...! Se la había pasado cinco años echando raíces. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.

No le daría a ninguna de mis creaciones un reto que no pudiera sobrellevar. Me dijo él. ¿Sabías que todo ese tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces? No renunciaría al bambú. Nunca renunciaría a ti. No te compares con otros. Me dijo.

El bambú tenía un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos eran necesarios y hacían del bosque un lugar hermoso. Tu tiempo llegará, me dijo. ¡Crecerás muy alto, pero debes perseverar!
¿Qué tan alto debo crecer? Pregunté. ¿Qué tan alto crecerá el bambú? Me preguntó en respuesta. ¿Tan alto como pueda? Indagué, luche por crecer. Espero que estas palabras puedan ayudarles a entender que Dios nunca renunciará a nosotros. Nunca se arrepienta de un día en su vida. Los buenos días le dan felicidad. Los malos días le dan experiencia. Ambos son esenciales para la vida.

Recuerde siempre que la felicidad lo mantiene dulce, los intentos lo mantienen fuerte, las penas lo mantienen humano, las caídas lo mantienen humilde, el éxito lo mantiene brillante, pero sólo Dios lo mantendrá caminando.


 
 
 


Parte de la Sociedad Periodística Extra Limitada.
DIARIO EXTRALA PRENSA LIBRECANAL 42RADIO AMERICA