• Cumplió pena y le dictaron ocho años más, El Buen Pastor
SE MATÓ PARA NO SEGUIR EN CÁRCEL
SILVIA COTO ROJAS
scoto@diarioextra.com
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NOMBRE: Florisel de los Ángeles Morales Arguedas
EDAD: 31 años
ORIUNDA DE: Heredia
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La desesperación de estar privada de libertad llevó a una mujer a tomar la decisión de quitarse la vida colgándose con una sábana dentro su celda, en la cárcel El Buen Pastor en San Rafael Arriba, Desamparados.
Florisel de los Ángeles Morales Arguedas, de 31 años, fue detenida en 2005, cuando en un operativo policial fue sorprendida vendiendo drogas junto a varios hombres.
Los oficiales se percataron del momento en que ella le entregaba un paquete cargado de droga a un cliente. Desde ese día la mujer perdió su libertad.
La tarde del domingo, según la oficina de prensa del Ministerio de Justicia, Morales decidió quitarse la vida porque terminó de descontar su pena, más de cinco años y seis meses de prisión.
Sin embargo su sueño de libertad se esfumó porque otro tribunal la condenó a ocho años más por el delito de violación a la Ley de Psicotrópicos.
Ella aprovechó que por su mala conducta estaba en una celda sola y esperó que nadie la observara para tomar una sábana, amarrarla del techo de la celda y ahorcarse.
Las custodios encontraron a Morales aún con vida, trataron de darle maniobras básicas, la trasladaron a la Clínica Marcial Fallas, donde falleció 30 minutos después de ingresar, pese a los esfuerzos de los médicos.
“Ella, pese a que fue condenada, era una gran persona. El estar en la cárcel la mantenía torturada por el hecho de que sus hijos tuvieran que crecer sin ella y sin su apoyo. A ella le pasó como a muchas mujeres que están en esa prisión porque tuvieron que vender esa cochinada para sacar a sus familias adelante. Cuando pensó que iba a salir la condenaron de nuevo por otro caso”, dijo un familiar, quien prefirió no identificarse.
Según el allegado, ellos temían que la mujer acabara con su vida porque les clamaba que la ayudaran a salir de prisión.
“A veces la veníamos a ver y con cualquier cosa se rayaba (cortaba) las manos, brazos y piernas.
A veces me decía que se quería morir, ingería algunos medicamentos porque solía cambiar de humor muy fácil. Para nosotros como familiares es una situación muy dolorosa, como lo fueron todos estos años verla detrás de esos barrotes”, agregó.
La mujer era madre de cuatro hijos de 16, 14, 11 y 4 años, además estaba casada con un mecánico.