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PRISMA

PROHIBIR LOS CELULARES MIENTRAS TRABAJAMOS

Por Mario Ugalde C.

Subdirector
mugalde@diarioextra.com

Cada día más y más personas se vuelven dependientes del teléfono celular, incluso me atrevería a decir que en Costa Rica hay más celulares que habitantes, por supuesto que son un gran invento y muy necesarios para atender emergencias de todo tipo, pero muchas veces el uso es abusivo y se torna molesto, sobre todo en los lugares de trabajo. Resulta que algunos empleados “abandonan” su puesto para atender el celular aunque sea para leer un correo con un mal chiste, o para contestarle a la novia porque amaneció con dolor de cabeza, el colmo es que muchos dejan al jefe “con la palabra en la boca” para atender el celular, en algunas ocasiones con un timbre de esos que desconcentran a medio mundo como “la cucaracha”, “navidad...”, “llantos de bebé” o “risas de loca”. ¡Esto ya es el colmo!
Por supuesto que también los aparatitos celulares se han convertido en el “machete de trabajo” para miles de personas en todo el mundo, pero en la mayoría de los casos su utilización no es oportuna ni necesaria. A quién se le ocurre atender el “telefonito milagroso” en plena misa, o en un funeral, pues aunque nos parezca un disparate más de un despreocupado lo atiende y habla “a grito pelado” como si estuvieran en La Sabana.

“Cada uno puede hacer con su teléfono lo que le de la gana...”, sí, pero en sus espacios, en su casa, en su tiempo libre, esa es una decisión personal, ustedes sabrán si su billetera le aguanta para pagar el recibo, pero lo que debe regularse es la utilización dentro de los centros de trabajo. Ahí los patronos podrían valerse del artículo 72 inciso a) del Código de Trabajo para amonestar a un trabajador por “abandono de trabajo” si detecta que pasa más hablando por teléfono que trabajando. Claro está que la directriz no debe ser “a raja tabla”, la idea es reglamentar el uso del celular para evitar los excesos.

Esta situación no tendría que ser impuesta a la fuerza si los trabajadores utilizáramos el “sentido común”. Que quiero decir con eso, sencillo; si estamos en una reunión importante apagamos el teléfono, o por lo mejor lo ponemos en modo “silencioso” para no alterar el buen desarrollo de lo que estamos haciendo, o si participamos en alguna actividad donde debemos estar muy concentrados, pues apagamos el celular, de por sí nadie se muere por estar desconectado un ratito, recuerden que antes no existían e igual las personas atendían las emergencias oportunamente.

Claro que el celular es de nosotros, lo compramos con nuestro dinero, nadie discute eso, la idea es que su utilización dentro del horario laboral debe ser controlada para evitar que los empleados se desconcentren y realicen su trabajo ineficientemente. Para eso lo más recomendable es que los patronos hablen “por las buenas” con su gente y les expliquen el tema, si aún así la situación no se controla, habrá que reformar el reglamento de trabajo y pasar por escrito una directriz donde se indiquen las “reglas de juego” en cuanto al uso del teléfono celular mientras se encuentran dentro de la empresa. Pero estoy seguro que con solo hablar los trabajadores entenderán y se evitarán muchos inconvenientes que nos podrían conducir hasta a perder “la chamba” que tanto necesitamos para llevar los alimentos a la familia.


 
 
 




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