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CORRO EL RIESGO

Carlos Federico Smith

Si uno expresa alguna opinión, suele ser frecuente que alguien que no las comparte lance epítetos al aire tratando de descalificar a quien la aventuró. Nuestro Presidente, humano al fin y al cabo, no suele ser muy diferente al descalificador que tengo en mente. Una vez que rindió su informe presidencial el pasado primero de mayo, cuando, como es también usual entre esos diputados humanos, quienes de inmediato se lanzaron en su contra demeritando el susodicho informe, se refirió a ellos como “mezquinos”. Me imagino que les mandó ese calificativo porque no le reconocieron los “enormes” méritos que el Presidente asume poseer, lo cual bien puede ser cierto, pero no parece ser característico del Presidente Arias reconocer con tolerancia que se pueden tener divergencias legítimas acerca de la evaluación de su gestión.

Corro el riesgo de que el Presidente me endilgue ser mezquino, aunque no creo que tenga el tiempo de bajar a leer esta columna (esa tarea se la podría dejar a otros humanos menores). Por lo que pueda pasar, deseo tan sólo expresar una seria divergencia con algo que él ha venido expresando en tiempos recientes y, en concreto, relacionado con su última rendición de cuentas. Para no aburrirlos, no es algo que trate de politiquería electoral, sino sobre un tema económico de vital actualidad.

El Presidente dijo que, ante la insuficiencia de inversión privada en el marco de la actual crisis económica, aumentará el gasto estatal en inversión para compensar ese faltante. Esto suena muy bien, no porque haya muchos espíritus Keynesianos de moda rondando estas economías, lo cual más bien podría ser motivo para que algunos hipnotizadores logren retraer del pasado aquellas ideas, para que vean lo nefastas que fueron en la conducción de las economías, sino porque se ve como algo bueno el que haya un gobierno que “toma acciones decididas” para compensar la recesión.

Lamentablemente, el Presidente –pobre humano- también podría estar equivocado. Para darse cuenta de ello, tal vez sea suficiente con hacer una pregunta sencilla: ¿Cuál podría ser la razón por la que los empresarios no están dispuestos a invertir en las actuales circunstancias? Me atrevo a pensar que ven poco futuro en los negocios y que, por el momento, deben dedicar sus recursos a mantenerse en operación (sin despedir gente en lo posible), sin dedicar recursos limitados a nuevas inversiones. Se trata de asegurar el mantenimiento de sus empresas. Todo porque hay una enorme incertidumbre en cuanto a las decisiones que deben tomar.

Don Oscar puede pensar que el estado tiene la capacidad de saber mejor que esos empresarios lo que les depara el futuro y así apuesta a que el estado sea el que invierta. Tal vez crea que es así, pero más lo hace porque la plata que invierte no es suya propia, sino del erario público recibido de la ciudadanía por la vía de impuestos. Si fueran sus propios fondos, posiblemente actuaría con mayor cautela. Para que el sector privado invierta más, debería más bien dedicarse a facilitar las inversiones, lo que justifica reducir los impuestos que se pagan por invertir. Lo hecho hasta el momento bajo el Plan Escudo es irrisorio y lo puede comprobar preguntando a los empresarios si están dispuestos a invertir más por los incentivos tributarios que brinda el Plan Escudo.


 
 
 




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