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EL CONSUMIDOR EXTIRPADO

Carlos Federico Smith

Así fue: en la gran reunión recientemente organizada en la Casa Presidencial entre taxistas y porteadores al consumidor no se le vio ni siquiera en un “póster”. No llegó como invitado de piedra, sino que su soberanía fue el objeto que se negoció, distribuida a manos llenas entre dos grupos de transportistas en disputa.

El meollo del pleito es sencillo: ver cuál le da el servicio de transporte a los consumidores. Es un mercado muy rico que se quiere dejar tan sólo para que se sirvan unos privilegiados. Unos alegan tener un derecho primigenio; los otros, uno establecido en el Código de Comercio. Ambos deberían tener el derecho de dar el servicio, si no fuera porque, como siempre, el estado se mete en medio camino, creando obstáculos para que los consumidores no puedan escoger libremente quién les dará el servicio que desean. El problema está en que el estado tiene que repartir ese privilegio. Si se lo da a los taxistas, los porteadores alegarán tener uno similar; si el estado se lo otorga a los porteadores, los taxistas dirán que se trata de una práctica ilegal. Así el gobierno, tratando de lograr votos repartiendo lo que no es dueño, buscará cómo complacer a ambos grupos, aunque sea la causa de que Usted, amigo consumidor, sufra grandes daños.

Al otorgar el monopolio a estos dos grupos, impide la entrada de otras personas que podrían darle un servicio posiblemente más barato. Los porteadores (o algunos líderes) al aceptar el “arreglado”, olvidan que ellos empezaron como piratas ilegales. Pero, bueno, tal vez de eso se trataba: de tener ahora la bendición de la legalidad en el marco del monopolio.

Pero, no se podrá eliminar a los piratas, gracias a Dios y para bien de nosotros, los consumidores. Al venir tiempos difíciles de empleo y tirar el gobierno por la borda el plan Escudo, en cuanto a generar trabajo para quienes lo pierdan por la crisis, ante su infortunio lo primero que harán es usar el tal vez único activo que poseen: a piratear con su carrito para llevar algo a casa.

El estado estimula la presencia de piratas cuando, para proteger a los taxistas, fijó un elevado precio mínimo del servicio cuando la gasolina estaba cara y fue mucho después de que bajó, cuando ARESEP decide reducirlo. Ojalá esto no sea un alegrón de burro, porque desde ya los taxistas han anunciado que solicitarán un nuevo aumento en las tarifas, porque saben que se ha reducido la competencia que les impedía hacerlo, gracias a la decisión estatal de protegerlos con un monopolio
La solución al problema del transporte en taxis es sencilla y sólo se requiere de una voluntad política casi siempre ausente: en libertad cualquiera podría dar ese servicio en tanto cumpla con requisitos no discriminatorios, universales y aplicables a todos. Por ejemplo, que el vehículo tenga un color rojo, que pase RITEVE, que tenga un seguro contra accidentes, que en su interior se muestre un permiso con la foto del conductor. En general, regulaciones básicas y que benefician al consumidor. Eso sucedería si tuviéramos un buen estado interesado en el bienestar de sus ciudadanos y no en otorgar privilegios a grupos específicos. Pero ya sabemos que eso no sucede en nuestro país, en donde a quienes sirven a 4.5 millones de consumidores, como los piratas, más bien se les termina por colgar el sambenito de delincuentes.


 
 
 




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