PRISMA
ZELAYA ES EL PRESIDENTE
Por Mario Ugalde C
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Lo ocurrido en Honduras es un retroceso para la democracia, y requiere el repudio inmediato de todos los países del mundo. Lejos de terminar, la crisis política que afecta a los hermanos centroamericanos desde enero se trasladó al campo diplomático, tras el arresto y la expulsión del derrocado presidente Manuel Zelaya y su sustitución por Roberto Micheletti.
Completamente aislado en el frente interno, en el que se enajenó el apoyo de la gran mayoría de las fuerzas políticas, los órganos de poder como el Congreso Nacional, la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía, así como las iglesias, cámaras empresariales y otras organizaciones, Zelaya cuenta con el apoyo unánime de la comunidad internacional.
Desde Washington hasta Caracas, pasando por los bloques regionales y las organizaciones internacionales, el desplazado Zelaya es reconocido como el presidente legítimo de Honduras y las capitales adelantaron que no reconocerán a Micheletti como el nuevo mandatario. Así debe ser, no se puede alcahuetear que a estas alturas del siglo XXI los militares quiten a un presidente que fue electo por el pueblo de manera democrática.
Los gobiernos de la región, de la Unión Europea y los organismos internacionales consideran que hubo golpe de Estado y apoyan a Zelaya al tomar cuenta que fue detenido y expulsado del país primero por los militares y sólo después fue convocado el Parlamento para conocer su “renuncia” y proceder a su posterior destitución del cargo.
Los adversarios de Zelaya habían preparado la destitución desde el jueves, cuando nombraron una comisión parlamentaria para investigar las actuaciones del mandatario, pero supuestamente la suspendieron tras negociaciones entre el presidente ahora destituido, Micheletti y el jefe militar Romeo Vásquez Velásquez. Conocedor de esta situación, Micheletti, declarado ya nuevo mandatario hondureño, trató de destacar en su primera rueda de prensa que en Honduras “no ha habido un golpe de Estado, sino una sucesión presidencial constitucional”, mentira... este señor articuló todo para convertirse en presidente “por las malas”.
A partir de ahora comienza la lucha entre los países que apoyan a Zelaya para intentar ponerlo de nuevo en la silla presidencial, como debe ser; y los que quieren convertirse en presidentes de ese o cualquier otro país tienen que respetar el orden constitucional y someter sus nombres a un proceso democrático para que sea el pueblo el que decida quien los debe gobernar. Por supuesto que el ejército debería dejar de meterse en lo que no le importa, para que los países no retrocedan a los tiempos donde los militares quitaban y ponían presidentes cuando les daba la gana.
No sabemos cómo va a hacer Roberto Micheletti para “gobernar” sin apoyo de la comunidad internacional, la cual considera que la salida de Zelaya rompe el esquema institucional y la democracia hondureña, por eso a Honduras le esperan todavía varios meses de inestabilidad y tensión política, con dos personas reclamando la Presidencia de la República y para lo cual cuentan con poderosos apoyos. Lo mejor sería que dejen a Zelaya cumplir su periodo de gobierno ya que de lo contrario Honduras quedará aislada del mundo con lo que la pobreza se multiplicará.