• Tuvo alumbrado público, telégrafo y hasta hospital
CARRILLO: EL PUEBLO QUE DESAPARECIÓ EN EL RÍO SUCIO
III Parte
Betania Artavia
bartavia@diarioextra.com
Fotos Adolfo Alvarado
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Esta es la confluencia de los ríos Sucio, La Hondura y Patria, el sitio se conoce como los aparejos y en esta zona se ubicó el desaparecido pueblo de Carrillo.
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La carretera de Carrillo se inauguró el 7 de mayo de 1882, fue el secretario de Fomento, Manuel Argüello, quien lo hizo en nombre del presidente Tomás Guardia, quien estaba en cama y murió poco tiempo después, por lo que nunca logró ver su sueño concretarse. Hecha en piedra, con una gran precisión, se convirtió en la carretera más importante del país en esos años, nacía en San José, subiendo por el Río Torres, San Francisco de Guadalupe, Moravia, San Blas, Parasito, San Jerónimo y el Bajo de La Hondura.
Tal era la importancia de la nueva carretera que contó con su propio reglamento de Tránsito, y también permitió que en lo que hoy es un amplio empedrado en la confluencia de los ríos Hondura, Sucio y Patria se formara uno de los pueblos más importantes de la capital. Se trató del pueblo de Carrillo, que pertenecía a San José, según lo demostró la investigación de don Sergio Barquero, era precisamente su límite, ya que después del Río Sucio sigue Limón.
“Todo el mundo conoce de la ciudad desaparecida de la Atlántida, pero en el país ¿quién conoce de la ciudad de Carrillo y sus consecuencias históricas para la actual Costa Rica?, se pregunta don Sergio Barquero, quien con su investigación trae a la luz la historia de un pueblo que pocos saben que existió. Su existencia se comprueba con la misma Gaceta, que publica un decreto el 10 de abril de 1882, en el que se lee: “considerando que ya es necesario dictar las disposiciones conducentes para arreglar la localidad que debe ocupar la población que se establecerá en río Sucio, el lote destinado para la población es el que encierra la faja desde la confluencia del río Sucio y Hondura hasta Quebrada Gata”.
Incluso se realizó un censo en 1883 por la Oficina de Estadística y Censos, según el cual en el pueblo de Carrillo había un total de 222 pobladores, 181 eran hombres y 44 mujeres.
TUVO UNO DE LOS PRIMEROS HOSPITALES
Como cualquier pueblo ubicado en una zona de trasiego de mercadería, Carrillo requería muchos servicios y comercio para los viajeros, de allí que se ubicaran en el pueblo herrerías, tres restaurantes y negocios de abarrotes.
También contó con uno de los primeros y más importantes hospitales de la capital, ya que debía estar listo para atender a los viajeros si sufrían algún percance debido al largo viaje. Don Sergio encontró facturas de algunas de las compras hechas en el centro del país para el hospital de Carrillo, San José; demostrando así una vez más que el pueblo existió y era reconocido como parte de la capital. También Barquero encontró copias de los certificados de propiedad de varias personas que hicieron reclamos de terrenos en Carrillo.
TENÍAN ALUMBRADO PÚBLICO Y TELÉGRAFO
Don Sergio asegura -con base en una carta que encontró enviada desde la Aduana de Carrillo a San José en 1883- que el pueblo contaba con alumbrado público, solicitada por el personal de la aduana y de haber alumbrado en la oficina de aduana también habría en el resto del pueblo.
En la carta se indica que la oscuridad es tanta en Carrillo que en las noches ni las manos se distinguen lo que permitiría a cualquiera intentar robar en la Aduana, de allí que plantean la necesidad de la iluminación. El pueblo de Carrillo también contaba con oficina de telégrafos, el cableado pasaba a lo largo del camino de carretas a Carrillo, hoy convertido una parte en fincas, y otra en el parque Braulio Carrillo.
Incluso, en algunas se encuentran los postes del tendido del telégrafo aún en pie, los que han resistido el paso de los años, otros fueron presa de los ladrones que se los llevaron para fundirlos, y los que más suerte tuvieron se convirtieron en parte de las cercas de las fincas.
TEATRO LA ADUANA ESTUVO EN CARRILLO
En Carrillo precisamente se ubicó el tercer galerón de sesteo, que junto al edificio de la aduana de Carrillo fueron de los más importantes del pueblo. Cuando el pueblo desapareció el edificio de la aduana fue desmontado pieza por pieza y éstas traídas en carretas por el mismo camino de Carrillo hasta San José, donde se volvió a montar, para convertirse en una bodega de pólvora, posteriormente en la casa del Cuño, donde se acuñaban las monedas de la época y luego en un centro para el arte y la cultura: el Teatro de la Aduana.
Esa edificación en cuyas paredes se conserva la historia del primer pueblo en importancia comercial en el siglo XIX se mantienen en pie aún, solo que sin el alero para proteger a los animales, ya que no lo requirió su nuevo uso. Por una casualidad del destino en sus tantas búsquedas en los archivos nacionales don Sergio Barquero dio con un plano que correspondió a ese galerón, y sus dibujos elaborados con base en la información de La Gaceta con las especificaciones de los galerones de sesteo eran exactos, según el plano tiene 12 metros de algo y 91 metros de piso. Fue así como llegó a lo que hoy es el Teatro La Aduana, y con permiso de los directores de ese momento, lo midió centímetro a centímetro, de arriba abajo y de lado a lado, para confirmar que coincidía perfectamente con los planos y las especificaciones de La Gaceta.
PUEBLO DESAPARECIÓ SIN DEJAR RASTRO
Este pueblo próspero que vivía del comercio tan solo duró 8 años, fueron dos las causas que lo borraron del mapa, primero la conclusión del ferrocarril hacia San José, sin utilizar la carretera de Carrillo por el Bajo de La Hondura, sino directamente por lo que hoy es Turrialba.
A partir de ese momento el tren estuvo funcionando desde el Atlántico hasta Alajuela, ya los viajeros no requerían utilizar el camino de Carrillo para llegar a la estación del tren en el Río Sucio, por lo que tampoco era necesario pasar por el pueblo de Carrillo.
Los comerciantes se trasladaron siguiendo la línea del ferrocarril y poco a poco el pueblo se convirtió en un sitio desolado, el paso de los años fue haciendo estragos en las construcciones deshabitadas. Y 70 años después, el terremoto de Patillos de 1957 que afectó la zona de Coronado y Moravia, provocó una enorme cabeza de agua en el Río Blanco que cayó a la Hondura, llevándose a su paso tres kilómetros de calle, varias de las construcciones del pueblo de Carrillo y hasta dos locomotoras de las que habían quedado, terminando así de borrar lo que quedaba en pie, dejando la explanada empedrada a los lados de los ríos y solo el recuerdo en la mente de los más viejos.
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