Asegura que Federación de Fútbol lo abandonó
ÁRBITRO EN SILLA DE RUEDAS POR LESIÓN
• Alejandro Orozco tiene dos meses sin caminar, perdió el trabajo y no tiene cómo sostener a su familia.
• Sin seguro debe pagar más de ¢2 millones tras ser atendido en el Hospital Max Peralta de Cartago.
KENNETH HERNÁNDEZ CERDAS
khernandez@diarioextra.com
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El apoyo familiar sostiene al árbitro Alejandro Orozco, su esposa Wendy Meneses y sus hijos Kevin y Allyson lo acompañan. Él no camina desde hace dos meses. (Foto: K. Hernández)
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Aguacaliente, Cartago.- Sumergido en un drama, en una silla de ruedas, desempleado y sin dinero para sostener a su familia, así se encuentra Alejandro Orozco, árbitro asistente de Primera y Segunda División del fútbol nacional.
Lo que empezó como un esguince grado 2 en el tobillo izquierdo terminó en un grave padecimiento en la sangre que hoy lo tiene en una encrucijada.
No tiene póliza de seguro que cubra los gastos médicos ni un ingreso económico para solventar las necesidades de su hogar, ubicado en la urbanización Cocorí, en Aguacaliente de Cartago.
Casado con Wendy Meneses, tiene dos hijos, Kevin, de 13 años, y Allyson, de 7. Ambos empezarán pronto el curso lectivo y no hay certeza de si habrá plata para los útiles escolares.
Orozco, de 35 años, atendió a DIARIO EXTRA en su vivienda; ahí narró la eterna pesadilla que atraviesa y la incertidumbre de no saber cómo ni cuándo despertará.
DRAMA
El 15 de noviembre pasado el árbitro sufrió una torcedura en el pie izquierdo que lo sacó al minuto 40 del partido Grecia-Coto Brus, en el estadio Allen Riggioni.
Lo que parecía una simple lesión se convirtió en un serio quebranto de salud.
“Los médicos de los dos equipos me vieron y me mandaron al hospital de Grecia, me enyesaron, a los cuatro días empecé con un fuerte dolor, cuando me quitaron el yeso no aguantaba ni los testículos, al punto de que me trasladaron en ambulancia al hospital.
Ahí me dijeron que no tenía nada que ver el dolor del pie y los testículos; a los dos días me hicieron un examen de sangre y me dio una trombosis. La sangre ya no me pasaba, me quiso dar un infarto y un coágulo se me fue al pulmón”, contó.
SIN TRABAJO
La situación se agravó, no puede caminar y perdió su trabajo. Él prestaba un servicio privado a la empresa Gollo en el traslado de electrodomésticos y artículos para ser reparados.
Vivía de esa actividad, más lo que ganaba como guardalínea, de ¢67 mil a ¢89 mil por partido de Primera, siempre y cuando lo nombraran.
“Mi vida cambió completamente al punto de que no puedo caminar, ando en silla de ruedas, salgo solo para asolearme, no me puedo golpear, rasurar y menos recibir una inyección.
Ahorita estoy descoagulado, tengo la sangre pura agua, no me puedo cortar, golpear ni inyectar porque si no se me hace una hemorragia interna y eso no lo para nadie. Soy una carga para mi familia, mi esposa me ayuda al bañarme, lo perdí todo”, dijo con voz pausada.
En diciembre estuvo hospitalizado nueve días, le dieron la salida el 23 para que pasara la Navidad en familia.
Sin embargo, apenas dejó el centro médico le llegó una factura de ¢2.000.067 por los gastos que implicó su tratamiento. Como no está asegurado ni tiene póliza tendrá que pagarlo de su bolsillo.
El problema es que no sabe de dónde obtener el dinero para pagar tal cuenta.
AYUDA PERO...
En medio del dilema, hubo quienes le extendieron la mano y otros que volvieron la mirada para otro lado. Particularmente agradeció a los árbitros y fustigó la actitud de la Federación Costarricense de Fútbol (Fedefútbol). “Los árbitros me han ayudado, recogieron dinero y hasta comestible me trajeron. Siempre pasan pendientes de mí. Hubo un compañero que hasta me canceló la mensualidad de la casa, es propia pero se la estoy pagando al banco. Tienen una enorme voluntad y estoy muy agradecido con ellos”, comentó.
La otra cara de la moneda recae en la Fedefútbol, organización que asegura no le colaboró.
“Desgraciadamente la Federación no me ayudó, una vez me mandaron a una clínica pero fue para una placa, de ahí en fuera nada.
Debe hacerse responsable, no estoy pidiéndole dinero sino tener un respaldo para sostener a mi familia”, aseguró.
Orozco cerró la charla con una solicitud: “Lo único que pido es tener un seguro. A mí me pasó esto arbitrando, es un trabajo, solo quiero que me cubra una incapacidad”.
LO DIJO
“Mi vida cambió completamente al punto de que no puedo caminar, ando en silla de ruedas, salgo solo para asolearme, para mi familia soy una carga”.
“Lo que más me preocupa es si me internan otra vez no tengo cómo pagar el hospital”.