PRISMA
COMO LLAMAR A LA POLICÍA EN COSTA RICA
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
La inseguridad ciudadana es un tema de nunca acabar, desde que tengo memoria recuerdo a mis papás hablando de la falta de policías para capturar a los sinvergüenzas, sin embargo, la delincuencia continúa aumentando y parece que los recursos nunca serán suficientes para terminar con un flagelo que destruye a personas inocentes y despoja de los bienes a los trabajadores que les ha costado montones ganarse el dinerito para comprar algunas cosas y tener una mejor calidad de vida.
Por supuesto que el Gobierno hace “de tripas chorizo” para destinar más recursos para dotar a los policías del equipo necesario para combatir a los antisociales, pero nunca será suficiente porque con el aumento de la población crecen los problemas sociales y de paso la cantidad de personas a las que les gusta ganar dinero sin necesidad de trabajar, algunos hasta justifican la sinvergüenzada alegando que lo hacen porque “no hay en que trabajar honradamente”, mentira... ¿entonces por qué traen extranjeros a coger café, cortar caña, manejar autobús, o laborar en la construcción? Porque los ticos nos convertimos en un montón de vagabundos que lo único que queremos es trabajar 6 horas en un banco, y si podemos menos.
Lo anterior es una realidad, pero igual de cierto es que en algunos sectores faltan policías o los que existen son haraganes de esos que salen de la delegación únicamente en casos muy delicados, otros prefieren salir cuando hay sol para mostrar su lentes oscuros, por eso es que los ciudadanos se quejan de que cuando hay una emergencia la policía no llega o llega muy tarde.
Pero bueno; como les dije al inicio la inseguridad ciudadana es un tema de nunca acabar porque los ticos quisiéramos un policía para cada uno, por eso hoy compartiré con ustedes un correo que me envió un amigo lector ya que “en rima y en broma la verdad se asoma”. Dice así: Yo tengo un sueño muy liviano, y en una de esas noches noté que había alguien andando sigilosamente por el jardín de mi casa. Me levanté silenciosamente y me quedé oyendo los pasos que venían de afuera, hasta ver una silueta pasando por la ventana del baño, como mi casa es muy segura, con rejas en las ventanas y trancas internas en las puertas, no me preocupé demasiado, pero estaba claro que no iba a dejar al ladrón ahí, contemplándolo tranquilamente, entonces llamé al 911 de la policía e informé la situación y di mi dirección.
Me preguntaron de todo... si el ladrón estaba armado; de que calibre era el arma; si estaba solo, que como era físicamente, que si ya estaba dentro de la casa, etc, etc y etc. Aclaré que no y que de las características del arma no sabía nada. Entonces me dijeron que no había ninguna patrulla cerca para ayudar, pero que iban a mandar a alguien en el momento que fuera posible, que si pasaba algo volviera a llamar.
Un minuto después llamé nuevamente y dije con voz calmada: “Hola, hace un rato llamé porque había alguien en mi jardín, ya no hay necesidad de que se apuren en venir pues yo maté al tipo con un disparo de escopeta calibre 12, que tengo guardada para estas situaciones, el tiro se lo pegue en la cabeza y se la volé con la bala y ahora sus sesos están regados por todo el jardín...”.
Pasados menos de tres minutos, había frente a mi casa y dentro de ella 5 patrullas de la policía Municipal, 8 agentes del OIJ, 10 de la DIS, 4 del comando de asalto y 2 de la Policía Secreta, 6 policletos, un helicóptero de Narcóticos, 5 fiscales, 1 unidad de Bomberos, la Defensora de los Habitantes, un equipo de reporteros de EXTRANOTICIAS 42, 1 Procurador, un personero del Ministerio Público, 2 diputados, 1 alcalde, 10 aspirantes a diputado de diferentes partidos, un grupo de los derechos humanos, 5 corresponsales de agencias extranjeras, y por ultimo 2 delegados de las ONGs ; que no se perderían esto por nada del mundo. Ellos agarraron al ladrón in fraganti, quien estaba mirando todo con cara de atolondrado. Tal vez él pensaba que era la casa de algún ministro o de un político.
En medio de semejante tumulto, un oficial se aproximó y me dijo: “Creí que había dicho que había matado al ladrón”. Yo le conteste: “Creí que me habían dicho que no había nadie disponible...”. No sé, seguramente a muchos les ha ocurrido algo como los descrito en la historia, cualquier parecido con la realidad es simple coincidencia…