NECIA LIMITACION AL CIUDADANO
Carlos Federico Smith
Es asombrosa la terquedad del Ministerio de Transportes en cuanto a la prohibición para que los vehículos de los ciudadanos puedan transitar libremente y no como ahora, que sólo lo pueden hacer en ciertos días según sea su número de placa.
La razón esencial por la cual ese Ministerio introdujo dicha restricción hace ya bastante tiempo fue por el elevado precio de los combustibles de ese entonces, por lo cual la burocracia estatal decidió que, para ahorrar combustible (el eufemismo era ahorrar en la factura petrolera) era necesario evitar, por una parte, presas en la ciudad de San José, las cuales implicaban un elevado gasto de combustibles y, por otra, que al quedar guardados los vehículos un día a la semana, supuestamente también se ahorrarían gastos en hidrocarburos. Cualquier otra razón que ahora aleguen para continuar con la limitación al libre movimiento de los ciudadanos, es un nuevo pretexto o, al menos, es secundario con respecto al propósito primordial que se adujo, de ahorrar en diesel y gasolina.
La medida nunca pareció dar los resultados esperados por la burocracia: no se dio un ahorro significativo en el consumo de esos productos por parte de los ciudadanos y, lo que sí ha venido a reducir recientemente dicho gasto ha sido el menor uso del transporte en general ocasionado por la actual crisis económica. Los costarricenses, a pesar de que el precio de los combustibles ha bajado bastante (pero tal vez no lo suficiente) desde que se introdujo la restricción vehicular en momentos en que eran los más altos de muchos años, comparativamente han dejado de movilizarse porque, ante la crisis, sus expectativas de ingresos se ven restringidas y por ello busca ahorrar en lo que sea posible, lo cual incluye el transporte.
Sin embargo la tonta limitación hasta hoy impuesta le sigue significando un enorme costo a la ciudadanía. Para evitar partes y enredos legales, opta por buscar rutas diferentes al acceso directo ingresando a áreas restringidas de San José. Andar por esos recovecos significa un aumento en la distancia recorrida y, por tanto, en el gasto de combustible, lo que reduce lo que le queda de ingresos para sus otros gastos. O, si deja el vehículo en casa, debe tomar un taxi (los buses siguen siendo un medio de transporte lento e ineficiente), lo que le sale muy caro (poco han bajado las tarifas ante la rebaja del precio de los hidrocarburos) y termina gastando más que si usara su propio transporte con combustible incluido. Además, suele perder tiempo muy valioso al tener que usar otros medios o desvíos onerosos. Este es un costo para la sociedad del cual nada hablan los políticos limitadores de nuestra libertad de movimientos.
Muchos conductores han adquirido o usan “cacharpas” relativamente contaminadoras y poco eficientes en el uso de combustibles tan sólo para usarlo como vehículo alternativo en el día en que la placa de su vehículo usual está limitada para movilizarse.
La racionalidad debe regresar y restaurarse nuestros derechos menoscabados. Eso sí, tengan la certeza de que los grandes jerarcas estatales que nos los han limitado nunca tienen problema con su transporte: ellos suelen disponer de varios vehículos costeados por todos nosotros, para que sean trasladados a la hora que quieran y adonde quieran.