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¡COLEGIALES SE EMBORRACHAN POR LO MENOS DOS VECES AL MES!

Por Mario Ugalde C
Subdirector
mugalde@diarioextra.com

El título de este comentario es alarmante, pero es una realidad, y aunque usted o yo -como padres de familia- no lo queramos aceptar, 20 de cada 100 colegiales y colegialas costarricenses se embriagan por lo menos dos veces al mes. A nosotros nos meten el cuento de que tienen náuseas porque les cayó mal el almuerzo o el pollo frío que se comieron en la casa de un compañero de clase, pero la verdad es que están ebrios o de “goma”. Por eso lo mejor es quitarse la venda de los ojos, y buscar ayuda antes de que el alcohol se adueñe de los actos de nuestros hijos.

Los datos fueron confirmados por el Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), durante la Semana de Prevención del Alcoholismo, gracias a una encuesta aplicada a jóvenes de sétimo, noveno y undécimo años, la cual determinó que el consumo de bebidas “espirituosas” se inicia a los 13 años. En consecuencia, se pone en serio peligro la salud y el desarrollo del joven, pues su cuerpo y mente no están preparados para ingerir alcohol. El problema se agranda con el aumento en el consumo de las mujeres, al punto de que las adolescentes ya toman en la misma medida que los varones, sin embargo, las consecuencias son mayores para ellas, debido a que con el alcoholismo se presentan casos de niños en abandono, pues pocas veces los varones se hacen responsables del cuido.

Lamentablemente, muchos no quieren entender que entre a más temprana edad se inicie el contacto con las bebidas, mayor será el riesgo de convertirse en alcohólico. ¡Que pena!, porque de todos esos jóvenes que dicen “yo tomo socialmente”, y por eso no son considerados alcohólicos, el 10% llega a convertirse en un vicioso permanente, sí, sí; uno de esos “chicherillos de caño”, podría ser su hijo.

Este desmedido aumento en el consumo de alcohol en la juventud costarricense es algo que nos debe llenar de vergüenza y preocupación, y buena parte de la culpa la tienen las autoridades por entregar patentes “a diestra y siniestra” para que se instalen bares y “cantinuchas” en todas las esquinas del país.

Es cierto que la nueva Ley de Tránsito ha variado los patrones de consumo de licor, eso se ha reflejado en la disminución de boletas por conducción en estado de ebriedad. Desde su entrada en vigencia, en diciembre, han pasado 300 personas a los tribunales por conducción bajo los efectos del alcohol. Ahora las personas toman menos por lo que se ha dado una baja en el consumo de cerveza pero, de qué nos vale que los adultos beban menos, si los menores de edad duplican la cuota, y las empresas productoras enfilan sus baterías para sacar al mercado “cervezas y licores más livianos” con el único fin de “embarcar en el vicio” a la juventud.

Ojalá cambiemos como padres para que los chiquillos aprendan a decir “no al licor”. Comencemos por enseñarles los motivos por los cuales no debemos tener vicios. Digámosles que nadie es más o menos importante por tomar licor, hagámosles entender que seremos mejores si practicamos un deporte, o invertimos el tiempo libre haciendo obras comunales en nuestro barrio, con solo eso tendrán un futuro más esperanzador.


 
 
 




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