LOS INTRINGULIS DE RECOPE
Carlos Federico Smith
Posiblemente por su naturaleza monopólica RECOPE se ve constantemente envuelta en dificultades de diversa índole, tal como lo hemos hecho ver en esta columna en distintas ocasiones.
No puede pasar inadvertida (poco han dicho los medios) la importante decisión tomada hace poco por la Contraloría General de la República en torno a la intención del gobierno de la República para que RECOPE compartiera el monopolio, por ley otorgado, con una firma del gobierno chino, con el objetivo de construir y ampliar la actual refinería en Limón. Era muy evidente que esa intención no era posible llevarla a cabo, pues RECOPE no está autorizada por ley para ceder su hasta entonces sacrosanto e intocable monopolio.
Ante esto atinadamente la Contraloría señala que, para que RECOPE disponga de su patrimonio para constituir una sociedad distinta, “requiere expresamente de una norma con rango legal aprobada por la Asamblea Legislativa que así lo autorice“ (Oficio de la Contraloría No. 03431 de 27 de marzo del 2009), entre otras razones que esgrime para objetar la propuesta.
Era de esperar la posición de la Contraloría en que hace cumplir la ley vigente monopolio creado por ley, aunque no me guste- pero lo que ahora ella nos dice abre una oportunidad para que los costarricenses, de una vez por todas, optemos por abrir ese inicuo e infame explotador de los consumidores: abramos el monopolio para que, hasta RECOPE, si así lo quisiera, pueda poner en competencia su negocito con los chinos, pero que no suceda impidiendo la libertad esencial de los ciudadanos de poder importar, refinar y distribuir combustibles, si así lo desean. Así los ciudadanos nos veríamos liberados de las variaciones antojadizas en los precios de los derivados de petróleo e incluso de poder importar combustibles que por ley no da exclusividad a RECOPE, como es el caso del gas licuado de petróleo, y en que, hasta la fecha, RECOPE se ha constituido en el único importador del país.
En competencia, el mercado se encargaría de sancionar a esa empresa que, sin avisar a los consumidores costarricenses, decidió súbitamente mezclar la gasolina con alcohol, con la posibilidad de causar daños a los vehículos cuyos dueños, sin saberlo, la habían adquirido. Lo cierto es que RECOPE, en improvisación típica, tiene llenos hasta la coronilla dos enormes tanques de alcohol en Ochomogo, comprados desde hace buen rato posiblemente a precios muy elevados y los cuales, ante la caída internacional de los precios, deben haber perdido mucho de su valor (ojo Contraloría y ARESEP) y ahora, disimuladamente, se hacen los vivillos deshaciéndose, poquito a poquito, del bejuco adquirido a un precio caro. Tal vez se dieron cuenta de que ahora, menos que antes, sus sueños gasohólicos no tienen salida ante el consumidor, por lo cual deben hacer uso subrepticio del poder monopolista para deshacerse de sus embrollos.
¿Cuánto más tendremos que sufrir los consumidores por el monopolio de los combustibles, cuyo poder no ha podido quedar mejor ejemplificado que con la suma multimillonaria que nos ha cobrado en exceso? Sólo parece quedar un camino e indirectamente nos lo ha recordado la Contraloría: que la Asamblea Legislativa restaure la libertad cercenada a los costarricenses; que abran los combustibles a la competencia.