PRISMA
AYER NO EXISTE, VIVAMOS HOY
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Para algunos el pasado es más importante que el presente y el futuro. Sus vidas parecen gobernadas por esa convicción, eso les impide ver lo bonito, bueno y verdadero que tiene la realidad actual. Hay una obsesión ciega a mirar el pasado, mientras se descalifica lo bonito que tiene la vida hoy. ¿Por qué vivir siempre llenos de rencor o recuerdos, si ya no existen?
Esta actitud lleva a adoptar una postura equivocada de la vida, porque nosotros debemos vivir en el presente pero mirando al futuro, ya que eso es lo único que tenemos. Quien no vive con su tiempo de una forma ilusionada se comporta equivocadamente, ha errado el camino a la felicidad.
Es fácil tener la mirada atrás, porque el paso del tiempo idealiza los hechos que vivimos cuando nosotros éramos más jóvenes, y entonces se llega a soluciones parciales, subjetivas y, en definitiva, erróneas. La vida en convivencia, sobre todo con los más jóvenes, se hace difícil y aburrida, porque a nadie le gusta que comparen su vida con otra ya transcurrida. Es que oír con frecuencia: “en mi época, cuando yo tenía sus años”, etc., etc., etc., no es agradable. No hay que dejarse engañar por los espejismos del pasado, y sí enamorarse de lo bonito que tiene el presente. “Vivamos hoy como si fuera el último día”.
El hombre inteligente es un hombre entusiasmado con el tiempo que le ha tocado vivir, porque sabe valorar todos los aspectos positivos que la actualidad le da. Efectivamente, la cultura ayuda a enjuiciar positivamente el presente. El hombre culto es conocedor de lo que el pasado tiene de malo, por muy enmascarado que esté por el proceso del tiempo, y es capaz de adaptarse con facilidad a los nuevos cambios que la vida moderna trae consigo. También es capaz de perdonar a sus semejantes, de abrazar a los que lo rodean, de estrechar la mano afectuosamente, y de pensar en que siempre habrá un mañana mejor.
Entendamos que errores, triunfos y alegrías los hemos tenido todos, pero ya no existen, lo único que nos queda mientras estemos conviviendo en familia y sociedad es la amistad verdadera, la gente que siempre está ahí, esperando una oportunidad para demostrar que vale la pena. Por eso a partir de hoy hagamos un esfuerzo y perdonemos, abracemos de verdad, sin prisa, que la persona que está a nuestro lado sienta que verdaderamente la queremos. No hagamos las cosas simplemente por compromiso, regalémosle una sonrisa a nuestro “vecino amargado”, démosle una palmadita en la espalda al desmotivado, un bollo de pan al hambriento, una moneda al limosnero, y un viva Costa Rica al país.
Tengamos un temperamento bien dispuesto para vivir la vida en el presente, riámonos a carcajadas de las tonterías que hacemos, aplaudamos nuestros propios éxitos, de todas menares la felicidad está en las cosas más insignificantes que se nos puedan ocurrir, pero decida dejar de sufrir por lo que pasó ayer, porque eso ya no existe…