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HOMBRE, MUJER Y CAPACIDAD

• ¿Quién es más inteligente, el hombre o la mujer? La idea de asociar a la mujer con el desequilibrio emocional ha perdurado en nuestra sociedad hasta hace muy poco. A finales del siglo XIX en el Reino Unido los doctores recomendaban que se extirpasen los ovarios al menor trastorno anímico de las mujeres.

Por: Dr. Hugo Liaño
Jefe del Servicio de Neurología
Hospital Puerta de Hierro Madrid.

MADRID, ESPAÑA.- Cuando se me pregunta ¿quién es más inteligente, el hombre o la mujer?, me gusta responder al estilo de Samuel Jonson, con una frase, más o menos, así: Dígame de qué hombre y de qué mujer me habla. Y es que generalizar sobre las capacidades cognitivas entre hombres y mujeres, y dentro de cada sexo entre personas de cultura diversa, se trata de una ingenuidad fomentada por las divulgaciones ligth, como esas de que “los hombres ven mejor los mapas...”. El asunto tiene mucha mayor complejidad científica y el interés un calado social profundo, agitado por los sexismos, pero que ha brotado, como era natural, de la progresiva incorporación de la mujer a la cultura y a los puestos directivos de las sociedades democráticas avanzadas.

EL HOMBRE SE IMPONE ALEJANDO A LA MUJER DEL “PERNICIOSO VICIO DE PENSAR”

Los humanos han vivido desde hace miles de años en sociedades hechas por hombres y a la medida de los hombres. Quien se proponga rebatir este aserto no tendrá más recurso que soltar la ocurrencia chistosa o, si lo pretende con más seriedad, acudir a curiosidades anecdóticas de rarísimas sociedades de dominancia femenina. En la historia se ha visto la influencia de la mujer casi siempre a través de caminos indirectos: por la seducción sexual del hombre, como en los casos paradigmáticos de Salomé, Cleopatra o Judit; por el ascendiente materno-filial, o asociada a la astucia procedente de manuales sobre “armas de mujer”, como El varón domado de la Vilar (1971).

El hecho de que el dominio masculino se haya perpetuado hasta nuestros días en muchas culturas y hasta hace poco tiempo en la nuestra, se ha basado en el ejercicio de su poder de forma autocrática típica, alejando de la mujer “el pernicioso vicio de pensar”. El varón debía dedicarse al negocio, al estudio, a la calle o a la guerra; la mujer, a bordar, a rezar, a fregar, a preparar la comida y a limpiar a los niños. En tanto la mujer fuera analfabeta no podría “leer la cartilla” al hombre. El hombre que me acuse de parcial por hacer estas afirmaciones sabe que él es quien carece de objetividad o de información. ¿Existe alguna sociedad en la que se lapide o se haya lapidado a los hombres adúlteros?

ASOCIAR A LA MUJER CON DEBILIDAD MENTAL Y DESEQUILIBRIO EMOCIONAL ERA COMÚN

La idea de asociar a la mujer con la debilidad mental y el desequilibrio emocional ha perdurado en nuestra sociedad hasta hace poco. Los médicos neurólogos y psiquiatras describieron en el siglo XIX una enfermedad que sucedía típicamente en mujeres, que se caracterizaba por ataques de movimientos desordenados, con el cuerpo arqueado hacia atrás y un estado crepuscular sin auténtica pérdida de conciencia, y la llamaron histeria, del término hystera, que era como en griego se denominaba al útero o matriz de la mujer. Estos ataques de histeria, que yo presencié hasta la saciedad durante mi formación y mis primeros años de neurólogo, han desaparecido como por encanto desde que la sociedad es más culta. No hay mujeres auténticamente histéricas, desde que van al colegio y a la universidad, desde que tienen profesión extradoméstica y son directoras, alcaldesas, ministras o presidentas. Ciertamente es curioso que Charcot, Freud y otros neuropsiquiatras eminentes, alguno bastante misógino por cierto, dieran un nombre derivado de útero a un trastorno del estado anímico que hoy se llama Trastorno por conversión, porque en realidad quien lo padece convierte en un aparente trastorno orgánico una perturbación emocional que no puede asimilar. En el caso de aquellas histéricas la represión sexual y de todo tipo en la que vivían se convertía en un falso ataque de epilepsia.

Bien adentrado el siglo XIX seguía establecido en las sociedades más avanzadas de la época que el hombre era la fuerza, física y mental, y el dominio de las emociones, y que la mujer era la debilidad, corporal e intelectual, y el descontrol afectivo. Las mujeres de buena familia se desmayaban y languidecían a la menor emoción como La dama de las camelias y debían de aspirar las sales. Los hombres nunca lloran o Lloras como una mujerzuela son frases que yo he oído más de una vez en mi infancia, a mediados del siglo XX.

LES QUITABAN LOS OVARIOS PARA “CURARLES LA HISTERIA”

Con este panorama, no ha de sorprender que a finales del XIX en el Reino Unido los doctores recomendasen inyectarse extractos de testículo a los hombres a los que flaqueaba su virilidad y que se extirpasen los ovarios al menor trastorno anímico de las mujeres. En este mismo país, sí, en la Gran Bretaña de la segunda mitad de ese siglo, los médicos rebanaban el clítoris a la vez que quitaban los ovarios a la mujer para “curarla” de sus alteraciones de conducta o humor. En 1889, en los Estados Unidos de Norteamérica, la oficina de la máxima autoridad sanitaria (el U.S. Surgeon General) informaba de que el 51% de las intervenciones consistentes en extirpar los ovarios se habían tenido que realizar para “reparar” trastornos mentales. En las instituciones para enfermos mentales de la época figuraba en plantilla un ginecólogo para operar a las histéricas.

En 1886, un doctor escribía una carta en la prestigiosa revista médica British Medical Journal en la que decía que “...pronto va a ser raro encontrar una mujer con sus órganos sexuales enteros”. Así lo cita, en 1995, Brant Wenegrat en un libro editado en Nueva York con el sugerente título, que traduzco literalmente: “Enfermedad y Poder: Trastornos Mentales de las Mujeres y la Batalla entre los Sexos”.

ANDRÓGENOS (QUE GENERA MASCULINIDAD) Y ESTRÓGENOS (QUE GENERA ARDOR O FRENESÍ)

Otro detalle y no el menor. Hablamos en un sinfín de ocasiones de hormonas que son andrógenos o estrógenos y querría uno suponer que las primeras hacen referencia etimológica al hombre y las segundas a la mujer. Pues eso sólo es verdad a medias, es decir, lo es con una de las palabras, pero no con la otra. Fíjese el lector qué curioso es el análisis de estas dos palabras que conciernen a las principales hormonas sexuales, masculinas y femeninas, respectivamente. Empezamos por saber que la terminación común geno de las dos palabras quiere decir que genera, que origina. El prefijo andros indica hombre varón. O sea que andrógeno quiere decir que genera masculinidad. Hasta aquí lógico. Pero el prefijo estros no quiere decir mujer, sino tábano, aguijón, ardor. Por tanto estrógeno se refiere a algo que genera ardor o frenesí. Sin comentarios. Si nuestra historia no ha sido despiadadamente machista, como invocan algunas gentes, que venga Dios y lo vea.

Hoy día, la mujer ha irrumpido por sus propios méritos en la escena decisoria de la sociedad, con la dificultad añadida de la maternidad coincidente y en pocos años ha conseguido acallar las estrategias que el machismo tradicional le asignaba, en forma de la dictadura vaginal, el chercher la femme, y la ruda mención a la equipotencia de las tetas y las carretas.

LOS CEREBROS SON IGUALES EN PERSONAS DE MISMA CULTURA Y EDAD

Los distintos métodos científicos modernos permiten estudiar las características de los cerebros humanos y valorar las diferencias que hay en la capacitación, funcionamiento y forma entre los de los hombres y las mujeres. Al final, son iguales los logros del cerebro femenino y del cerebro masculino en personas equiparables en cultura y edad. Pero las investigaciones no han sido estériles y permiten comprender mejor ciertas habilidades y estrategias de un sexo y de otro, así como plantear si hay dedicaciones más adecuadas que otras para cada sexo o si la educación en la infancia y la adolescencia es mejor que la hagan los niños y las niñas juntos o separados.


 
 
 


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