PRISMA
LA ALEGRÍA Y EL CENTRO DE ATENCIÓN DE LA FIESTA
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
En casi todas las reuniones grupales hay una personalidad más notable que las demás, alrededor de la cual generalmente se centra la mayoría de la gente, convirtiéndose en el centro de atención. Esta persona que irradia muchísimo positivismo y suele acaparar la atención de todos no es el más sabio, ni el más inteligente, sino la personalidad que más alegría trasmite, pero no es cualquier tipo de alegría sino más bien una felicidad genuina que se caracteriza por tres rasgos: proviene del interior, ilumina, y es sencilla.
Entendamos que en el interior del ser humano es donde se enfrenta la vida y se eligen las actitudes. Una vida llena de sentido es la que contesta cada mañana a la pregunta ¿Vale la pena el día de hoy?, con un sí entusiasta, porque responde pensando en alguien. El sentido de la vida se descubre cuando se ve el rostro feliz de aquel a quien se ama.
Es por eso que la alegría proviene del interior, es una decisión personal de donarse a alguien. Y todos los que alguna vez han hecho la prueba, tienen que aceptar que el resultado es positivo, porque hay más alegría en dar que en recibir. Hace algunos años leí la carta de una adolescente de 14 años a quien detectaron leucemia. En la carta escrita en Estados Unidos donde fue internada, decía: El hospital es un lugar muy bonito, todas las paredes son blancas. Todo está muy limpio y es moderno. La habitación es preciosa, llena de luz y desde la cama veo las nubes. Las enfermeras son todas buenas y amables conmigo. He tenido mucha suerte con los médicos porque me la paso muy bien con ellos. En la planta donde estoy hay muchos niños, y a veces podemos hablar, y es muy entretenido.
El resto del tono de la carta era semejante, pero... ¿desde cuándo un hospital es un lugar muy bonito? ¿Cómo es posible que le hiciera ilusión solamente ver pasar las nubes? ¿Por qué todo el mundo era maravilloso para ella?
Recientemente volví a leer aquellas líneas, cuando Alejandra, que así se llamaba, ya había fallecido, y aprendí entonces que quien era maravillosa era ella, porque aunque murió pronto, nos dejó una lección fundamental de la vida: vivió hacia fuera, olvidada de sí, e irradió por donde pasaba la alegría que la envolvía.
Y es que debemos comprender que la tristeza, el negativismo y el egoísmo crean ambientes oscuros. Mientras tanto la alegría agranda el espacio e invita a aventurarse en la esperanza. La alegría como la luz, no hace ruido, pero en su silencio transforma la realidad.
Por último, la alegría viene siempre de la mano de la sencillez. Nada de montajes artificiales, ni hipócritas, dejen de simular posturas para aparecer más de lo que uno es, ni de complicar las situaciones con novedades excéntricas, que lo único que logran es dejarlo en ridículo. El espíritu alegre se muestra tal cual es, se acepta y no se compara con los demás. Su felicidad no proviene del tener mas o menos, sino de una decisión de querer ser, y valorarse a sí mismo por las decisiones que puede tomar, como la de amar más y mejor. Quien vive desde la perspectiva del amor descubre que la vida es muy sencilla. El anhelo por alcanzar la alegría sigue escrito en el corazón del hombre con signos imborrables, pero se nos invita a buscarla donde el corazón no la puede encontrar: en el ambiente exterior, en la acumulación de riqueza, en licores, en placeres de un momento. La alegría es posible, y está al alcance de todos, pero recordemos, la alegría genuina viene del interior, ilumina serenamente y se acompaña de la sencillez.