PRISMA
LOS DEFECTOS DEL OTRO
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
El ser humano por su propia naturaleza anda criticando a los demás y por eso olvida la autocrítica, algunos piensan que son perfectos y por cualquier cosita la emprenden contra su pareja, le recriminan cualquier insignificancia, esos “doña toda” resultan ser unos acomplejados, inseguros de sí mismos, y por eso no aceptan que les digan nada, jamás reconocen sus errores porque “yo no nací para equivocarme”, pero tranquilos, porque tarde o temprano -cuando aterricen- descubrirán el montón de torpezas que cometieron únicamente por su egocentrismo, y por no aceptar el concejo oportuno.
Señores, por favor, hay que aprender de los errores. Si uno se equivoca y lo sabe, debe aceptarlo y tratar de remediarlo. Y como pareja, hay que hablar de los fallos, compartir responsabilidades sobre los mismos y corregirlos, siempre apoyándose mutuamente, pero jamás debemos achacarle toda la responsabilidad a él o a ella, recuerden que debemos estar unidos en las buenas y en las malas. Nadie dijo que el matrimonio es un lechado de rosas.
El matrimonio “soñado” es aquel donde todos son felices, no hay peleas, ni discordias, no hay errores, ni defectos, nada falta. Algunas parejas llegan al matrimonio pensando que todo será así de fácil, sobre algodones, cuesta abajo, pero eso no es verdad, no es posible tanta belleza. El matrimonio es una aventura, donde desde ya tengo que estar preparado para afrontar los disgustos, con esfuerzo y sacrificio. Hay personas que se crean demasiadas expectativas con respecto a su futura pareja. Son demasiado exigentes y cuando se encuentran con la realidad, sienten decepción, eso les ocurre por no poner los pies sobre la tierra, andan montados en “la nube del amor” y aterrizan hasta que les llegan los primeros cobros por servicios eléctricos, telefónicos, o cuando tienen que ir al supermercado a comprar la comedera del mes.
La mayoría de divorcios suceden porque le damos demasiadas vueltas a los defectos del otro, lo que nos puede llevar a plantear situaciones irreales, a no vivir el presente, a lamentarse excesivamente. Alguno puede pasarse horas imaginando: “si me hubiera tocado otro u otra...”. Este tipo de pensamientos no llevan a nada bueno, nos hacen perder el tiempo y por supuesto que nos quitan la paz.
Ya está bueno de tanto desacierto, actuemos como personas adultas, entendamos que en la vida uno toma decisiones en las que no hay marcha atrás. Echar atrás en el matrimonio es señal de inmadurez. ¿Para qué vivir de ensueños? Hay que luchar por mejorar aquello con lo que estamos comprometidos, de todas formas con cambiar la pareja no vamos a solucionar nada, porque en problema está en nuestra forma de ser, no es culpa de nuestra esposa.
Dejen de hacerse “bolas”, borren de su mente la lista de los defectos del otro y verán que con solo eso iniciarán la búsqueda del camino de la felicidad. No es para tanto. Las fallas del otro son llevaderas. No exageremos. Madure y entienda que usted también tiene defectos que los demás pasan por alto. Tiene que aprender a disculpar y comprender a los demás. Ame de verdad, porque su esposo o esposa es parte de usted. Además, con afecto y buen tino se pueden conseguir grandes cambios en la pareja, compórtese como una persona civilizada, y sobre todo deje de pensar que usted es el único perfecto, porque al final del camino se dará cuenta que si ha sido un perfecto... “idiota”.