PACIENCIA FRANCISCANA
Carlos Federico Smith
El tiempo se agota y el Congreso de Costa Rica no aprueba el Tratado de Libre Comercio que el país firmó ya hace mucho, pero mucho, tiempo. Como buenos vecinos, los restantes países de Centro América y los Estados Unidos, con paciencia franciscana, nos han dado plazo, una y otra vez, para que los diputados cumplan con la voluntad expresada por los costarricenses mediante un referendo que ya parece historia antigua, por el tiempo que ha pasado y que los diputados lo han desperdiciado al aún no aprobarlo.
Es cierto que ha habido algunos problemas de último momento, como la decisión de la Sala Constitucional que desaprobó la última ley requerida para que el Congreso aprobara el TLC, pues no se consultó a los indígenas del país. Hay razones de sobra más importantes para el bienestar del ciudadano que el velar por ese incumplimiento, pero como la Sala IV es la última voluntad y con veto en este país y para evitar ser visto como un díscolo que promuevo la desobediencia de la ley, no voy a promover que dicha Sala sea extinguida. Ultimamente noto que tiene tanto poder y que cada vez lo ejercita de manera más extendida, que me hace pensar, como a muchos costarricenses, que el verdadero gobierno en Costa Rica es la Sala IV. Los otros poderes, el Ejecutivo, el Legislativo y no se si poner al Judicial, dado que esa Sala forma parte de él, están pegados en la pared.
Aparte de eso, es muy clara la actitud obstruccionista del Partido Acción Ciudadana (PAC) para que no se apruebe el TLC y, en especial, de Ottón Solís, quien con tal de dar la apariencia de ser un dirigente iluminado, lo que está mostrando es su pretensión de convertirse convertirse, auto-ungido, en el intérprete de una supuesta alma ciudadana que él cree representar. Aquí es donde me duele el alma: al ver a tantas señoras, trabajadoras de las maquiladoras, quienes con dicho empleo han podido ir sacando adelante sus hogares, pues sus hijos suelen depender de ese ingreso, y que ahora, ante la falta de la aprobación del TLC, no están seguras de conservarlo en estos momentos tan difíciles de la economía. Las admiro por no lanzarse a la calle y protestar ante los supuestos líderes populares quienes, por ideología, por no dar el brazo a torcer ante la derrota que el pueblo les propinó por su NO a todo, hoy día impiden politiqueramente que al fin se apruebe el TLC. Tal actitud es casi criminal, pues con ella dañan a los trabajadores más humildes del país, cuya paciencia es tan franciscana, si no más, que la tenida por los otros países firmantes del TLC.
Esos mismos politiquillos, con los dientes bien cerrados y con el ceño fruncido, se atreven a promover el proteccionismo, que cerrará empresas, que nos empobrecerá, pero eso es lo que calza con sus ambiciones políticas ilimitadas. El costarricense castigará políticamente a esos falsos líderes. Allá estos lidercitos de pacotilla con su conciencia, pues ya el país los va conociendo.
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