San José, Costa Rica, Miércoles 15 de octubre de 2008, 09:45:15.


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• En Parrita y Quepos

LAS AGUAS BAJAN, EL TEMOR SE MANTIENE

CARLOS VARGAS SOLANO
cvargas@diarioextra.com
Fotos: Juan Carlos Rubí

Roberto Vargas y Daniela Vásquez seguían sacando agua de la casa de Rosa Regio, una las afectadas en barrio Pueblo Nuevo, Parrita.
Con el río Parrita como vecino cercano, muchos lugareños viven con temor de una nueva crecida.
En la casa de Leticia Pérez, en Parrita, el agua se adueñó de todo.
Destellos de sol que se colaron por las paredes agrietadas de muchas de las casas afectadas en Parrita y Quepos, trajeron tranquilidad en medio de la angustia, la mañana de ayer. Sin embargo, el temor está latente y se incrementa con cada llovizna que de pronto opaca el cielo.

Los ríos Paquita, en Quepos, y Parrita, en la localidad del mismo nombre, bajaron su tono agresivo aunque la huella de su demoledor paso aún está muy fresca.

La emergencia obligó a muchos vecinos a buscar, momentáneamente, otro sitio donde pasar la noche, pues las condiciones actuales les dificulta desarrollar su vida cotidiana, especialmente si hay niños en la familia.

Otros afectados han decidido quedarse dentro de sus viviendas y poco a poco limpiar los estragos que el río dejó para volver cuanto antes a la normalidad.

Cerca del dique del río Parrita, en el camino que conduce hacia la comunidad de El Tigre, tres familias aún se mantienen en el lugar pese a que tienen el peligroso río en el patio trasero. Muchos de sus vecinos emigraron tras la última llena.

“Nos dicen que nos vayamos de aquí, que compremos en otro lado y construyamos, pero cómo si no podemos, con miles costos y el esfuerzo de toda una vida hemos construido aquí”, indicó Ramiro Sánchez, uno de los afectados. A él y su familia el río les arrebató todo lo material, fue tal la furia del agua que a la mañana siguiente de la tragedia encontró la refrigeradora de la casa al otro lado de la calle.

Otra de las afectadas en esa misma zona fue Elizabeth Avilés, quien tiene una hija de 2 años. “Por voluntad de Dios no nos ahogamos, pero la situación fue espantosa, como nunca”, expresó.

En ese mismo sector habita Adolfo Sánchez Vargas, subjefe de la delegación de Fuerza Pública de Parrita, quien apenas pudo rescatar, en medio del lodo, los títulos de la academia policial.

“Yo toda la vida he vivido aquí y sufrido mucho las llenas, pero esta vez fue más brava, porque desde que hicieron el dique toda el agua se devuelve para donde nosotros”, apuntó.

También en Parrita, pero en el sector de Pueblo Nuevo, cierto aire de tranquilidad empieza a rondar el lugar, aunque los vecinos son concientes de que es algo que siempre los va a acompañar.

“Tengo 22 años de vivir estas penurias, ya estamos acostumbrados a esto, ahora yo tengo que ver como arreglo mi casa porque a mi nunca me han ayudado”, manifestó Rosa Regio, una de las perjudicadas.


• Familia afectada:

“HASTA UN COCODRILO SE NOS METIÓ”

Ivannia León y su suegro Álvaro Maycall no solo barro sacaron de la casa, sino también un cocodrilo de 3 metros.
El agua que ingresó de pronto a la vivienda de Álvaro Maycall, en Paquita de Quepos, llegó con un invitado inesperado, un cocodrilo de unos 3 metros de largo que arrastró la corriente y que amenazaba con alojarse en la propia sala.

“Fue una gran sorpresa verlo ahí en medio de la oscuridad, tuvimos que espantarlo, por dicha se portó bien y se fue”, comentó Maycall, quien sufrió fuertemente el desbordamiento del río Paquita.

“Esta vez el río se abusó, la llena fue muy fuerte y como siempre de noche”, comentó el afectado. En la misma vivienda vive su nuera Ivannia León, quien en medio del barro y la destrucción que dejó el río agradece poder contar la historia. “Fue una situación crítica, como nunca, hace unos meses no fue tan fuerte como esta vez, hemos sacado toneladas de barro de la casa”, manifestó.


• Joven que sobrevivió a cabeza de agua, Quepos:

“DIOS ME DIO UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD”

CARLOS VARGAS SOLANO
cvargas@diarioextra.com
Fotos: Juan Carlos Rubí

Socorrista de Cruz Roja, bomberos y guardacostas, así como vecinos de Cerritos, se sumaron a la búsqueda del hombre que lo arrastró la cabeza de agua.

Contemplando los vastos sembradíos de palma africana, Luis Cárdenas recuerda con temor la noche del domingo, cuando una cabeza de agua arrastró el carro en el que viajaba junto con su amigo Alex Fonseca y el padre de éste, Edwin Fonseca. Alex y él pudieron salvarse, pero Edwin, de 52 años, fue arrastrado por la enfurecida agua y aún se encuentra desaparecido.

Ese día, los tres hombres andaban visitando una finca que Fonseca y su hijo iban a comprar en la zona de Cerritos de Quepos. “Ya todo estaba listo, sólo faltaba finiquitar algunos detalles, íbamos saliendo de Cerritos y nos dirigíamos a Quepos cuando ocurrió la tragedia”, relató Cárdenas, quien labora como asesor de bienes raíces.

“Eran como las 7:30 de la noche, llovía fuerte, por un momento pensamos en devolvernos, pero seguimos, en eso se vino una cabeza de agua que nos arrastró hacia el canal (en un sembradío de palma), sentimos un golpe fuerte, no podíamos salir porque el agua dañó el sistema eléctrico del carro y las ventanas no se podían abrir”, contó.

“Tomamos una pala que llevábamos en el carro y rompimos un vidrio, pudimos salir, todo estaba muy oscuro, no veíamos nada, el agua crecía, luego la corriente arrastró a don Edwin y no lo volvimos a ver”, agregó.

“Fue algo espantoso, estoy vivo de milagro, realmente Dios me dio una nueva oportunidad”, indicó Cárdenas.

Ayer la búsqueda del hombre desaparecido se extendió por casi 10 horas, sin embargo, fue imposible hallar algún rastro, pese a que se efectuó un trabajo aéreo y terrestre.

La búsqueda continúa hoy. El desaparecido es vecino de La Luchita de El Guarco, Cartago, y se dedica a la agricultura.


• Paquita de Quepos:

ABUELA SALVÓ A 3 NIETOS

Vilma González se convirtió en heroína al rescatar a sus tres nietos cuando el agua ya les llegaba por el cuello.
QUEPOS. Cuando el agua del río Paquita empezó a adueñarse de su vivienda no hubo tiempo para titubear. Lo primero que hizo Vilma González fue correr en busca de sus tres nietos y ponerlos a salvo.

Como película de terror, el fluido eléctrico se interrumpió y el agua aumentaba su nivel dentro de la casa. La mesa que los protegía ya no era suficiente, así que tomó la decisión de huir en medio de la oscuridad.

“Le pedí ayuda a Dios para que ninguno de mis nietos fuera arrastrado por la corriente, ellos lloraban, yo estaba desesperada, con el agua hasta el cuello uno a uno los fui llevando afuera de la casa, los subí en una tapia, pasé al otro lado, a otra propiedad, y los subí en la canasta de un carro para que el agua no se los llevara, ahí pasamos tamaño rato hasta que nos rescataron”, relató la mujer con lágrimas en los ojos.

González y sus nietos José David, de 2 años, Eliut, de 4, y Luis Ángel, de 9, viven en Paquita de Quepos y tras la inundación perdieron ropa, electrodomésticos y comida. Incluso, varias paredes de la casa fueron destruidas por la furia del agua.

Y para colmos, mientras el río hacía estragos dentro de la vivienda, los ladrones hicieron fiesta y se robaron el cableado interno de la propiedad.


 
 
 


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