San José, Costa Rica, Lunes 6 de octubre de 2008, 12:57:48.


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• Se metió a robar en iglesia evangélica, Puntarenas:

HIJO DE PASTOR MATÓ PECADOR

FABIÁN MEZA
fmeza@diarioextra.com
Fotos: Marvin Contreras, corresponsal

Agentes judiciales levantan el cuerpo de “Chespi”.
El hijo de un pastor sentenció, de un escopetazo en la frente, a un pecador que incumplió con el séptimo mandamiento de la ley de Dios: “No robarás”.

El joven de apellido Porras tomó la justicia de los hombres en sus manos al descubrir que una de las ovejas del rebaño de su padre entró al templo Cimiente Santa, en Puntarenas, y salía a bordo de un taxi con la planta del equipo de sonido, con el que se predicaba y pedía el diezmo.

MORTAL PLAN

Entre el pecador, identificado solo como “Chespi”, y otro caco puntarenense planearon meterse a la iglesia evangélica, a primera hora del domingo, cuando no hay nadie.

Como “Chespi” era feligrés de Cimiente Santa conocía bien el lugar. Él asistía con cierta regularidad al culto, limpiaba, barría y el pastor -muy querido en el pueblo por su don de servicio- le regalaba comida para que no pasara hambre.

Pese a que el pastor le llenaba la panza, “Chespi” decidió traicionarlo a lo Judas. Montó un plan para robar la valiosa planta eléctrica y jalar a cambiarla a una conocida casa de empeño porteña donde no piden factura.

Para ejecutar su macabro plan, necesitaban llevarse de la mano a un taxista, que les ayudara a transportar el botín.

Ayer a las 5.30 de la mañana el operador de radio de Coopetico recibió la llamada de un hombre solicitando un servicio en la ciudadela Juanito Mora.

“Dos sujetos pidieron un taxi grande, por lo que mandamos al de Vidal Vargas, taxista que estaba en la parada esperando”, contó el operador.

Don Vidal llegó puntual y cortés por los clientes. Los cacos se montaron en el taxi y le pidieron que los llevara a la iglesia evangélica, ubicada 300 metros al oeste y 75 al sur del Hospital Monseñor Sanabria.

“De camino le dijeron que tenían que ir a la iglesia a recoger un equipo porque ellos eran los hijos del pastor”, contó otro taxista, amigo de don Vidal, quien pidió reservar su identidad.

A las 5.45 de la mañana Vidal detuvo el taxi frente al templo evangélico, “Chespi” se bajó, entró con toda naturalidad y regresó pocos minutos después cargando la planta.

“El taxista no sospechó nada porque lo tenían engañado”, insistió su colega.

LLEGÓ EL PASTOR

Pero cuando Vidal arrancó el vehículo e intentó meter pata para regresar a la Juanito Mora, un pick up Toyota, color rojo, se atravesó en su paso.

Dos hombres bajaron del vehículo. Uno apuntaba una escopeta al parabrisas del carro (el hijo) y el otro (el pastor) abrió la puerta del taxi, lanzó a Vidal al suelo y lo golpeó con todas sus fuerzas.

“Vidal me contó que él pensó que los que llegaron y lo golpearon eran ladrones que querían hacerle un bajonazo”, agregó su amigo, a quien le narró todo el cuento.

Pero no. Lo que el taxista no sabía es que los clientes que estaban a bordo de su taxi eran nada más y nada menos que un par de cacos.

El hijo del pastor se quedó quieto, apuntando la pesada arma al parabrisas. Con un movimiento sorpresivo, “Chespi” se pasó al lado del conductor, intentó tomar el control del carro y huir, pero un estruendo de escopeta se lo impidió.

Por el estado de emoción violenta en que se encontraba el joven armado, su dedo jaló al gatillo al ver que el ladrón intentaba arrollarlos con el carro.

En el asiento del taxi quedó “Chespi” abatido, con la frente despedazada. El propio Vidal llamó al 9-1-1 para pedir ayuda.

Como el que nada debe, nada teme, el pastor y su hijo hicieron frente a las autoridades judiciales, quienes llegaron al lugar. Padre e hijo fueron indagados y puestos en libertad.


 
 
 


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