POLITICA ABUSIVA
Carlos Federico Smith
Una decisión, aparentemente ya tomada por el Banco Central, constituye una muestra clara del abuso y prepotencia de esa entidad. Decidió que las asociaciones solidaristas y las cooperativas de ahorro y crédito depositen sus reservas en dicho Banco. Actualmente aquellas entidades están obligadas a mantener un 15% de las captaciones y aportes que hacen de sus asociados como una reserva de liquidez, pero pueden depositarlas libremente en bancos, entidades financieras o en el mercado de valores en general.
El fin que alega el Banco para obligar a que esas entidades adquieran únicamente títulos o documentos emitidos por el Banco Central es controlar la liquidez en la economía. Esta razón no tiene ni pies ni cabeza pues no es función del Banco controlar dicha liquidez sino los agregados monetarios: la oferta de dinero. El crédito total que hay en una economía va mucho más allá del crédito originado en bancos regulados del sistema financiero. Por ejemplo, muchas empresas dan crédito a quienes les venden sus productos. Según ese argumento, el próximo paso en el control de crédito en la economía será regular el plazo o los montos de crédito de dichas empresas. También, muchos proveedores de insumos a las empresas les brindan crédito a estas firmas. Bajo esa política, se debería aplicar una regulación similar. Y, si se quiere llevar el argumento al absurdo, en las pulperías se brinda crédito a sus clientes para que hagan sus compras, crédito que suele pagarse con el sueldo al fin de mes. Ese sistema, que algunos llaman de libretas, debería, en principio, ser objeto de la voracidad política del Banco Central.
Ese ente tiene instrumentos monetarios generales para “regular” el crédito en la economía. Eso lo hace aumentando o disminuyendo la cantidad de dinero en circulación, lo cual lo hace mediante variaciones en su tasa de reserva legal, o con colocaciones de documentos en el mercado financiero. Lo que pretende lograr es otra cosa: forzar que a sus arcas les lleguen recursos baratos o sin costo alguno sin que haya un impuesto debidamente aprobado. Los lectores conocen lo que significa un monopolio: un único vendedor que impone un precio mayor de lo que vende. También los economistas hablamos del monopsonio, que es un único comprador, el cual, gracias a su poder, reduce el precio por debajo del que existiría en un mercado. Eso es lo que busca el Banco Central, convertirse en un monopsonista que ni siquiera le pagaría un cinco a las asociaciones solidaristas y a las cooperativas de ahorro y crédito por los montos que estarían obligadas a depositar en el Banco. Además, al tener que liquidar sus actuales inversiones para cumplir con el abuso, esas entidades tendrían grandes pérdidas pues, en mucho por las políticas proseguidas por ese mismo Banco, sus documentos han perdido valor por el enorme incremento en las tasas de interés, después de que ese mismo banco las había reducido a valores casi ridículos un par de años atrás, con el pretexto de impedir la entrada de dólares al país.
La pretensión del Banco debe frenarse. Este es un impuesto que quiere poner sin que haya ley al respecto. Si el Banco, dado su autismo, se niega a retroceder, el asunto deberá impugnarse ante la Sala Constitucional, pues es un abuso de poder que podría fácilmente extender a toda la economía.