San José, Costa Rica, Sábado 31 de mayo de 2008, 12:22:27.


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“MURIÓ LA PERSONA QUE IMPEDÍA SU CRECIMIENTO”

Por Mario Ugalde C.

Subdirector
mugalde@diarioextra.com

La mayoría de los trabajadores se pasan buena parte del día “refunfuñando” y haciendo caritas por todo lo que ocurre dentro de la empresa, critican al jefe... al compañero que se esfuerza por mejorar le dicen “brocha”, “sapo”, en fin, no pasan un segundo en paz. En lugar de cambiar y ver el trabajo como una fuente de dinero que le servirá para hacerle frente a los gastos y darle una mejor calidad de vida a su familia, lo ven como el peor de los castigos.

Olvidan que para ser sobresalientes debemos estar motivados, pero para lograrlo tenemos que poseer interés hacia algo, una ambición o un anhelo. La motivación va a permitir el progreso y la prosperidad, además de un mejor rendimiento de cada persona, pero ¿qué pasa?... que algunos son tan mediocres que por estar criticando o envidiando el esfuerzo de los demás, terminan anclados en el mar de la mediocridad, ahí se quedan viendo pasar la vida y “llorando” sus calamidades.

Por eso hoy... con la única intención de que despeguen en busca de un mejor horizonte, decidí compartir con ustedes una hermosa reflexión que seguramente les ayudará a replantear su forma de ser, a buscar alternativas que lo conduzcan hacia el éxito, pero por supuesto que lo primero que necesitan es abrir su corazón al positivismo, dejen de decir “yo no puedo” y empiecen a luchar por conseguir sus ileales, no esperen que las cosas le “caigan del cielo” porque todos sabemos que eso jamás sucederá.

El mensaje que me envió un amigo lector dice así: “Un día, cuando los empleados llegaron a trabajar, encontraron en la recepción un enorme letrero en el que estaba escrito: “Ayer falleció la persona que impedía el crecimiento de usted en esta empresa, está invitado al velorio, en el área de deportes”.

Al comienzo, todos se entristecieron por la muerte de uno de sus compañeros. Pero después comenzaron a sentir curiosidad por saber quién era el que estaba impidiendo su crecimiento y el de la empresa. La agitación en el área de recreo era tan grande que fue necesario llamar a los guardas de seguridad para organizar la fila en el velorio. Todos querían “viniar” quien había sido “el desgraciado” que le impidió surgir dentro de la compañía.

Conforme las personas iban acercándose al ataúd, la excitación aumentaba: ¿Quién era el que estaba impidiendo mi progreso? ¡Qué bueno que murió ese infeliz!
Uno a uno, los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban al difunto y tragaban saliva. Se quedaban unos minutos en el más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma.

Pues bien, la incógnita estaba a punto de aclararse. En el fondo del ataúd había un espejo, donde cada uno se veía a si mismo, con el siguiente letrero: “Sólo existe una persona capaz de limitar su crecimiento: ¡USTED MISMO!
Así es, usted es la única persona que puede hacer una revolución en su vida. Usted es el único que puede perjudicar su vida, y es la única persona que se puede ayudar a si mismo.

Entienda que su vida no cambia cuando cambia su jefe, cuando sus amigos cambian, cuando sus padres cambian, cuando su pareja cambia. Su vida cambia, cuando usted cambia. Por eso lo importante es que entienda que usted es el único responsable de lo que ocurra, examínese... no se deje vencer, porque el mundo es como un espejo, que devuelve a cada persona, el reflejo de sus propios pensamientos. “La manera como encare la vida es lo que hace la diferencia”.


 
 
 


 

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