San José, Costa Rica, Viernes 23 de mayo de 2008, 16:35:17.


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• Desde Aguirre hasta la península de Nicoya

MAR ARRASTRÓ A MAESTRAS Y A NIÑO POR 165 KILÓMETROS

FABIÁN MEZA
fmeza@diarioextra.com
Fotos: Oldemar Siles y Marvin Contreras, corresponsal

A tierra firme, llevaron el cuerpo del niño Gabriel Jaen, su tía confirmó su identidad.
QUEPOS, AGUIRRE. La trágica muerte de las educadoras Kattia Vanessa Castro, de 34 años y Maureen Lucía Medrano, de 32, así como los niños: Gabriel Jaen Castro, de siete años, y Fabiola Díaz Castro, de 12 años -quien aún no ha sido localizada- se puede resumir en una odisea. Odisea que acabó en el mar, frente a las costas de la península de Nicoya, a 90 millas náuticas (165 kilómetros) de Savegre en Aguirre, lugar donde todo comenzó, la noche del domingo. Ese día, el río Guabo arrastró el carro en el que viajaban las dos mujeres y los dos menores, lanzando sus cuerpos al océano Pacífico.

Una corriente marina llevó los tres cuerpos desde la desembocadura del río Savegre a diferentes sectores frente a esa península donde, ayer, cuatro días después del mortal accidente, fueron apareciendo, flotando en las aguas azules.

PESQUERO HALLÓ A MAUREEN

Lejos, muy lejos del epicentro de la tragedia, donde la angustia y el drama se respiraban cada vez más denso conforme pasaban los días, la tripulación del pesquero Capitán Bonilla observó un cuerpo flotando a cinco millas suroeste de la Isla Tortuga, frente a playa Tambor de Cóbano, Puntarenas, a las 10:30 de la mañana.

El capitán del barco dio aviso al Servicio de Guardacostas, quienes precisaron el punto y llevaron el cadáver al muelle de Coopeimpesa, en el barrio El Carmen.

En tierra firme, José Omar Castro, primo hermano de Maureen Madrano confirmó que se trataba del cuerpo de la educadora. Él logró identificarla por un reloj de pulsera, plateado y un tatuaje con forma de corazón que tenía pintado cerca del tobillo derecho.

PESCADOR Y FERRI DIVISAN AL NIÑO

El ferri que viaja todos los días de Puntarenas a Paquera, así como el pescador artesanal, Lidier López, jugaron un importante papel en la localización de dos de los cuerpos.

Fue López quien, luego de realizar sus faenas de pesca, divisó al niño de siete años, en un “basurero” a mar abierto.

El pescador llamó al sistema 911, utilizando su teléfono celular, pero no logró recuperar el cadáver, pues, además del susto, a su embarcación le quedaba muy poca gasolina por lo que decidió regresar a tierra. Horas más tarde, la tripulación del ferri, cuando viajaban hacia Paquera, encontró al pequeño, frente a la Isla Negritos, a unas cuatro millas náuticas del centro de Puntarenas. La embarcación de Guardacostas viajó enseguida para llevar el cadáver del niño a tierra, donde lo esperaba su tía, Ivannia Segura, quien lo reconoció.

MADRE CERCA DE SU HIJO

El tercer cuerpo recuperado fue el de la madre de Gabriel, la profesora de secundaria, Kattia Vanessa Castro, a eso de las siete de la noche de ayer.

Ella se encontraba muy cerca de su pequeño a unas diez millas náuticas de Puntarenas.

Cuando el ferri regresaba al puerto encontró a la mujer, no quedaba duda, familiares reconocieron a Kattia apenas llegó a tierra.


• Padre de Maureen Medrano

“LO VOY A CREER HASTA QUE VEA A MI MAUREEN”

El padre de Maureen, José Ángel Medrano (de amarillo), llora recostado a su carro, luego de escuchar que su hija había aparecido muerta.
José Ángel Medrano, el padre de Maureen, se negaba a creer que su hija, a la que tanto buscó por los márgenes del río Savegre, hubiera aparecido muerta.

“Yo no lo creo, todavía no lo creo, lo voy a creer hasta que vea a mi Maureen”, indicó don José, horas después de escuchar la noticia de la aparición por su teléfono celular.

La llamada destrozó el corazón del hombre, quien durante cuatro días se le vio jovial, contando chistes y vacilando con sus amigos, mientras buscaba a su hija, aunque suene paradójico.

“No quiero pensar en ella, yo mejor vacilo y pienso en otras cosas, así es la vida”, respondía cuando le preguntaban el porqué de su estado de ánimo, mientras vivía una tragedia.

Pero, ayer ya no aguantó mas. Tomó su celular, habló con la madre de la educadora, quien le dio la trágica verdad.

“¿Pero estás segura que es ella? ¡Ay no, no puede ser! ¿Pero cómo sabés, puede que sea un error?”, gritaba Medrano, recostado en su carro, acompañado de sus amigos y familiares.

El estado en que entró, hizo que abriera la puerta de su vehículo y entrara para quedarse ahí, callado, tratando de digerir la fatalidad.

“Dejame, que quiero derramar una lágrima”, le dijo el padre a un familiar que llegó a consolarlo.


• Abuelo de Gabriel pensó que en vez de accidente se trataba de extorsión

“HUBIERA PREFERIDO MIL VECES QUE ESTO FUERA UN SECUESTRO”

Porfirio Jaen llora en el hombro de un familiar al conocer el hallazgo de Gabriel, su nieto de 7 años.
Tantas cosas pasaron por la cabeza de don Porfirio Jaen, abuelo del Gabriel, que llegó a pensar que todo se trataba de un secuestro.

“Cuando el delegado de Carrillo llegó a contarme lo que había pasado me preguntó ¿No crees que se trate de un secuestro? Yo le dije puede ser, ahora pienso que hubiera preferido mil veces que esto fuera un secuestro y que mi chiquito estuviera vivo”, reconoce el guanacasteco, destrozado al conocer la noticia del hallazgo de su nieto.

Don Pilo, como es conocido en su natal Belén de Carrillo, Guanacaste, contó que al pasar los días la cabeza se le llenaba de “tonteras” sobre el paradero de su nuera y nieto.

“Uno en el viaje y cuando llega aquí piensa que tal vez estén perdidos o aislados por el río, pero cuando pasa el tiempo y no aparece ni uno se llena la cabeza de tonteras”, indicó don Pilo.

El hombre reconoce que el segundo día de búsqueda perdió la esperanza.

“Yo le dije a mi hijo: papi métase en la cabeza que no los vamos a encontrar vivos, ellos ya están muertos. Fue el segundo día que yo comencé a sentir que ya era imposible”, dice el hombre, con la voz entrecortada y respirando hondo, en cada palabra.

Jaen explicó que la certeza de la muerte de su nieto y su nuera, aunque trágica, trae alivio “para darles cristiana sepultura por fin”.


 


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